𝐙𝐮𝐡𝐚𝐢𝐫 𝐉𝐮𝐫𝐲: 𝐄𝐥 𝐎𝐫á𝐜𝐮𝐥𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐌𝐚𝐭𝐞 𝐂𝐨𝐜𝐢𝐝𝐨
- layaparadiotv
- hace 12 horas
- 4 Min. de lectura

Por Silvia Majul
Nota introductoria a este artículo
Calcular el tiempo en el que Silvia Majul tejió su historia hasta hoy, es una tarea que no me propongo como tal. Me entrego al placer de leer a los saltos, notas, entrevistas, reflexiones, opiniones, propuestas de esta mujer que desde Unquillo, Córdoba indaga el mundo. Curiosa, talentosa y jugada, Silvia arremete con su estilo frente a todo aquello que lastima (o lo intenta) el cuerpo del alma de la gente, porque en ella, el alma tiene cuerpo.
Está formada en la escuela de la vida con las características de los maestros que pululan por la tierra derramando saberes y en claustros del sistema de la Educación pública que le otorga la certificación de que es una estudiosa en serio.
Ha registrado a los personajes más representativos del arte en el planeta, y, sobre todo, de ese planeta al cual pertenecen los que entregan sin dudar lo mejor de sí para embellecer la vida. Silvia nos hace partícipe de momentos preciosos de poetas, cantores, actores, músicos y cuanto ser exprese generosamente su sensible humanidad.
Desde Susana Baca a Tejada Gomez, desde el Negro Aguirre a Mercedes, todo (o casi todo) lo que está en el medio y que habita el suelo de América, ha pasado por su pluma y por su abrazo.
Tiene la revista virtual que ha dado en llamar :”El Jume ,revista cultural y política”, hace muchos años, y en ella se inscriben momentos y datos importantes de la vida cultural de aquí y de allá.
Precisamente y con motivo de recordar su existencia maravillosa en el dia de su cumpleños, Silvia saluda al escritor, poeta y más: Zuhair Jury, hermano de Leonardo Favio y padre de Luciana Jury. Entre sus palabras no hace falta agregar mucho más y por la admiración que siento por Zuhair, me sumo al mismo, repicando sus palabras.
Silvia es colega y amiga, gracias por esto.
"Las esencias y de dónde emergemos mi hermano y yo, eso, no lo perdimos nunca”. La frase de Zuhair Jury no es un eslogan, es una declaración de principios que se comprueba en el cuenco de un mate cocido. Para él, mojar pan duro no es un hábito, es un acto de resistencia: “No me des medialuna, porque eso sería como mojar una burguesía en un líquido eminentemente proletariado”. Así, con esa lucidez filosa, Jury se planta frente al mundo a sus 89 años.
Nacido en el barro fundacional de Luján de Cuyo, Mendoza, este hombre que todavía se levanta con el canto de los gallos y monta en pelo en su refugio de Tortuguitas, es mucho más que "el hermano de Leonardo Favio". Es, en rigor, la raíz de ese universo estético que deslumbró al cine argentino. Fue la mitad silenciosa —pero jamás opacada— que puso la palabra y el alma a hitos como Crónicas de un niño solo, El Romance del Aniceto y la Francisca, Juan Moreira y Gatica, el mono.
(Hilda López, Domingo 19 de Abril de 2026)
𝗨𝗻 𝘀𝗲𝗻𝘁𝗶𝗽𝗲𝗻𝘀𝗮𝗻𝘁𝗲 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗽𝗲𝗿𝗶𝗳𝗲𝗿𝗶𝗮

Jury es lo que podríamos llamar un "sentipensante". En tiempos apocalípticos, donde todo parece morir o nacer con violencia, su figura emerge como una de las leyendas orales más potentes de nuestra intelectualidad. Pero no es una intelectualidad de academia; es una que se forjó en la calle, mirando, escuchando las voces de las periferias que, según él, nunca fueron mudas, sino que simplemente no fueron oídas. Jury acerca el corazón y las escucha porque conoce el camino como pocos; ha ido y venido por esos sinuosos senderos espinosos con el arte como único mapa.
Escritor, guionista, pintor y director de cine, Zuhair se define con una humildad que estremece: "Creo ejercer la vida sin más particularidad que la del changarín, o la del cirujano que salva vidas y no firma sus hazañas". Para él, la firma es casi una vergüenza; la obra debería ser anónima, como el viento o el paisaje.
𝗘𝗹 𝗮𝗿𝘁𝗲 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝘀𝘂𝗰𝗲𝘀𝗼 𝗽𝗼𝗹í𝘁𝗶𝗰𝗼
A pesar de su bajísimo perfil, Jury entiende que no hay neutralidad posible. “No hay hecho de creación en el arte en que no anide, aunque sea en su más recóndito rincón, el suceso político”, afirma con la autoridad de quien ha recorrido la historia argentina. Su realismo no es mágico por artificio, sino por memoria: “Me considero la resultante de mi recuerdo”, dice, y en esos recuerdos habitan fantasmas, noches de adobe bajo la lluvia y la mística de los desposeídos.
Es también el papá de Luciana Jury, una semilla que, como una propaladora de la sangre de esa familia, no le teme ni al mismo demonio. Ella se alza con su voz donde sea, porque aprendió de él —y de esa escuela de Tejada— el coraje de decir "no" donde hay que decirlo. En el canto de Luciana retumba el Jury que acepta los homenajes con la incomodidad de quien se siente un "ángel desangelado". El Jury ya ganó hace rato: ganó la batalla contra el olvido cada vez que moja el pan en la esperanza, la memoria y el amor para que no se sequen.
Hoy lo celebramos a él y a esa familiaridad admirable con la que sentó a la mesa el arte, el psicoanálisis y el barrio. Porque mientras el almanaque cargue con la nostalgia del otoño, el Jury seguirá ahí, custodiando la memoria de lo que somos.








Comentarios