Aquella radio
- layaparadiotv
- 16 nov
- 2 Min. de lectura

Por Rubén Boggi
Estaba yo sumergido en el laburo de la Redacción de El Diario del Neuquén, cuando tuvimos la visita de Hilda López y Chiquito Díaz. Allí nos conocimos, y tuvimos la constatación de que vivíamos a pocos metros unos de los otros: habitaba yo un departamento, pagado por el diario, en Irigoyen y Carlos H. Rodríguez; Hilda y Chiquito vivían a la vuelta, en una casa de la calle Juan B. Justo que debería reconocerse como patrimonio cultural, habida cuenta de los artistas que por allí pasaron.
Hilda (con H) hacía entonces un programa en LU19, cuando esta radio estaba en la "casa de la chacra", a metros de la rotonda de Cipolletti, que conecta la ruta 22 con la 151. Era un programa nocturno, mucha música, entrevistas largas, comentarios acerca de lo que sucedía en el país.
Al poco tiempo, ya más cercano a Hilda, que entonces era la directora de Cultura de la Municipalidad de Neuquén (con Jorge Sobisch intendente), ella, desde entonces mi amiga, hizo la propuesta de que me incorporara al programa, aportando, fundamentalmente, algo de la información del día, que yo naturalmente trabajaba con el diario.
Yo, que solo había estado en radio como invitado a programas, acepté. Así que allí hice mis primeras armas reales, concretas, frente a un micrófono, aprendiendo algo de conducción.
Hilda fue una gran maestra para mí. Íbamos a Cipolletti, y volvíamos a las 2 de la mañana. Yo tenía 33 años y me sobraba físico todavía para una jornada laboral que, entre diario y radio, superaba las 15 horas de trabajo intenso.
Chiquito Díaz contribuía con la musicalización, y éramos amos y señores de una radio entera a esas horas en las que solo estaba, además de nosotros, el operador de turno.
Llegó un día en el que afronté el programa solo, en algún viaje de Hilda. Era muy inexperto, me costó balbuceos y equivocaciones, pero, créanme, si tienen la suerte de que alguien los mande así al frente, aprovechen, porque de allí se sale solo madurando de golpe, enfocando lo que hay que hacer porque hay que hacerlo. En ese programa hubo cosas inolvidables.
Por ejemplo, salía por teléfono Jorge Fernández Díaz, con un personaje, Malbrán, creado por él para una literatura que entonces recién comenzaba, y que lo llevaría más tarde a ser uno de los escritores argentinos contemporáneos más importante.
La vieja casa de LU19 ha desaparecido, ahora hay un gomería importante, pero por allí deben andar los ecos de tantos artistas que Hilda entrevistó, de tanta música que se difundió, en algunos casos, por primera vez, en esa frecuencia AM.
Dentro de algunos meses, se cumplirán 40 años de estos quehaceres, y solo siento agradecimiento, profundo, visceral, por haber vivido esos momentos.








Comentarios