Cuando la fe inquieta y sacude
Este artículo fue publicado originalmente en el portal Va Con Firma

Revoltosa y atractiva. Con una discreta pero efectiva campaña promocional en redes y dando pasos de boca en boca, la miniserie catalana “La Mesías” se está transformando de a poco en un suceso internacional en plataformas.
Por Fernando Barraza
En este momento terraplanista y ferozmente dogmático de la sociedad global, es un acierto que uno de los mayores éxitos de habla hispana en plataformas de ficciones sea hoy una miniserie que pone en tensión la manera en la que se llega habitar la fe de manera destructiva y que plantea lo tóxico que es correr de lado cualquier reflexión sana y comuntaria de la vida. Sí, es un acierto de alto impacto.
Sumemos más: si se elige una estética que mezcle “lo crudo y lo cocido”, alternando lo descarnado, lo hiper realista y la super estetización -casi de realismo mágico- en acciones cinematográficas bellas, pero artificiosas, la cosa se va poniendo aun mejor que mejor. Y si a esto le agregamos que todo va a estar narrado por dos directores/guionistas/productores jóvenes a los que les friega olímpicamente que los acusen de wokes -o cualquier otra pavada de esas que se usan para estrereotipar a las personas que imaginan un mundo diferente al normativo en boga por estos días, el resultado final, felizmente desprejuiciado, va pareciéndose más a una bomba bien explosiva y duradera que a un suceso pasajero, de esos que hay por decenas en plataformas de cine y series y que en semanas o, a más tardar en pocos meses, se convierten olvido puro y duro. No sería el caso de esta serie.

Si bien el lanzamiento internacional en HBO y Mubi sucedió este año, en España “La Mesías” ya tuvo su estreno hace casi dos, y armó alto revuelo.
Tres y bien nítidos son los componentes que generaron las mayores polémicas. Lo primero es la buena salud que aun tiene el espinazo conservador católico que sostiene el cuerpo de la república española. En todos sus territorios y atravesando todas y cada una de sus distintas identidades culturales -ya sea ésta catalana, andaluza, galega, vasca, elijan la que quieran- el poder cultural unificante del catolicismo como religión ultra oficial pareciera ser regente. Y, ya lo sabemos, el catolicismo español -aunque renovado en el siglo XXI por ciertas ideas y acciones más flexibles- aun sigue siendo férreo en su naturaleza social, bastante conservador y, en definitiva, un castrador importante. Negarlo es bastante inutil. Cada vez quedan menos personas que se animen. Más bien están los que critican esta cerrazón y quienes... la celebran.
Lo segundo que gravitó como escandalete en torno a la serie es que hubo un morbo inmenso en España porque muchos (millones de personas) supusieron que esta miniserie de siete capítulos de una hora era una recreación ficcional de un suceso real que en la península ibérica fue un acontecimiento cultural viral hace diez años: la irrupción del grupo de pop “opusdeiano” Flos Mariae, conformado por seis hermanas que tenían un look muy de muchachas “límpidas” del franquismo sesentero/setentero y que -con una estética súmamente kitsch, rayana al surrealismo- invadieron el youtube con video clips de canciones cristianas ultramontanas.
Si bien -spoiler necesario- la serie no es sobre ellas, detengámonos dos minutos y cuarenta segundos a verlas. El video que vamos a ver, al día de hoy, tiene cuatro millones y medio de vistas en YouTube, otros tantos millones en Facebook y, desde hace una década, se ha convertido en trillones de memes desparramados en todas las redes sociales del mundo de habla hispana.
Bueno, superado este momento de musicalización bizarra, continuemos con la crónica.
Decíamos que el morbo activó a niveles conmocionantes en España, porque circuló el rumor de que la serie era un relato fiel de la trayectoria íntima de la familia Bellido Durán (sí, la de las Flos Mariae) y que la ficción llegaba para contar cosas bien oscuras y truculentas sobre las hermanas y su familia. No era así, pero covengamos que Movistar +, la plataforma que financió y lanzó la producción, se encargó de dejar circular el rumor hasta que se convitió en algo no viral, sino en viralísimo. De repente toda España se sentó a ver la serie convencida de que iba a mirar en tono dark la historia oficial de las hermanas Flos Mariae. Hasta la mismísima familia Bellido Durán estaba convencida de que se iba a hablar de ellas (las hermanas cantantes) y ellos (padre y madre) en clave gótica. Tal era el convencimiento que terminaron llevando a la producción de la serie a tribunales. Perdieron, porque la serie solo estaba inspirada en algunos aspectos del suceso viral de la banda, pero nada había de los Bellido Durán en la ficción que proponía “La Mesías”.
Lo tercero es que, como ya dijimos, los directores del film, jóvenes y empoderados en su exitoso recorrido creativo, no temieron ni un ápice en contar una historia plagada de detalles que pueden ser considerados como “woke” por el rancio espíritu de época neo conservador que está sobrevolando con oscuro éxito por el planeta. En la trama de esta serie hay fuertes críticas a borders con delirios místicos, claro, pero también hay personajes que son unos borders divinos, hay lesbianas súper solidarias por doquier, en más d ella mitad de los epsiodios. Hay parejas interraciales bien chéveres, también una policía y una camarera trans que son unas divinas. Hay rituales sanadores de espiritualidades no europeas y otros condimentos que -¡sí, adivinaron!- pusieron a pegar gritos de odio en redes sociales desde que la serie se estrenó.
Entristece un poco ver que hay gente tan obtusa, pero es más lo que alegra un saber que hay creadores audiovisuales a los que les va a importar un pito ese “jeiteo” y van a contar sus fábulas como se les de las ganas, con diversidad, con personajes modelados como a ellos se les cante. Punto para los Javis.
Pero.. ¿son o no son las Flos?

Es cierto, sí, que en la serie se cuenta la historia de Enric, un hombre que se obsesiona con la aparición en su vida del vídeo viral de un grupo de música pop cristiana compuesto por varias hermanas que -por designio de su matriarca- cantan virales canciones naif/extravagantes y cristianas por YouTube con una puesta y una edición de video sumamente kitsch. Pero ese quizás sea el único elemento en donde las Flos se cruzan muy estrechamente con Stella Maris (la estrella de María Madre), que es el nombre de la agrupación dentro de la ficción escrita y dirigida por Javier Ambrossi y Javier Calvo, conocidos actualmente como “Los Javis”.
Por el resto de lo que la miniserie cuenta, Los Javis se despegaron por completo de la familia Bellido Durán, admitiendo en cuanto reportaje les hicieran que ni siquiera sabían detalles de cómo era el clan en tanto núcleo familiar, ni de qué manera criaban o impulsaban la peculiar carrera artística de las chicas. Es que para esta ficción, los jóvenes directores llegaron al público con otro universo -enteramente ficcional- que es el de la familia Puig Baró, constituída por madre y padre prisioneros de un fanatismo religioso extremo -y delirios mesiánicos desequilibradísimos- que someten al encierro primero al hijo y la hija de Montserrat, que es la mesías, la madre, la capitana de este barco demencial. Esos niños son el mismísimo Enric y su hermana menor, Irene. Años más tarde nacerán en el claustrofóbico seno de la familia las seis hermanas que formarán -cuando Irene y Enric logren escapar de ese entorno de secta- la viral agrupación Stella Maris.
Esto es todo, y en este resumen no hay spoilers. Como en toda buena historia, un resumen de un solo párrafo alcanza para sostener un relato si éste está bien planteado y narrado. Y éste lo está.
Pero antes de continuar con la crónica, veamos en el trailer oficial de Movistar + el tono estético y artístico que Los Javis quisieron imprimirle a este, su relato...
Como podrán haber visto Los Javis proponen un universo capaz de mezclar el thriller psicológico oscuro, con detalles bien nítidos de realismo como el género pide, sí, pero agregando algunas pinceladitas surrealistas que son una delicia. Y esta descripción abre las puertas para una primera consideración general: el cine de los javieres es ese tipo de cine que por momentos “te saca” de la secuencia natural en la que vos estás aceptando ciegamente que estás viendo una ficción. Hay directores que te meten en su relato y no hacen nada para que vos “te salgas” hasta el final. Por el contrario, el tono narrativo de Los Javis es más del tipo fellinesco, o lyncheano, o tarantinesco, ese tipo de cine de autor donde “suceden cosas” desde lo estético que te llevan a suspender el pacto de ficción para que, en medio del relato, digas: “nooooo, ¡mirá cómo estos tipos resolvieron ésto!” y te maravilles con algunas extraordinarias decisiones de arte, de edición, de montaje de sonido, o de actuaciones “anormales”. Es el efecto del “salirte de la nube ficcional” en la que venías flotando para admirar la obra por fuera del pacto; cómo cuando acercás la vista a una réplica de un cuadro de Rafael y decís: “¡pero cómo hizo este hombre para lograr este efecto de luz!” sin dejar de conmoverte por la expresión de dolor del dragón que está siendo atravesado por la lanza de San Jorge, o cuando decís “¡noooo, mirá con el giro con el que salió este desgraciado!” porque Shakespeare hace que Polonio muera de las propias manos del príncipe Hamlet y de manera ridícula detrás de una cortina. Y sin embargo -a pesar de ese recurso hasta grotesco- no dejás de vivir la tensión de presión de venganza de toda la obra. Algo así practican de a rato Los Javis con sus decisiones “sobrecargadas”, suspendiendo más de una vez el piloto automático de tu confianza en la trama y te llevarán de narices “hacia afuera” para volver a meterte en tema con un fuerte sacudón adrede a cuestas.

Otro gran punto a favor de esta realización es un acertadísimo casting. Fuerte. Cada actor o actriz que se ha seleccionado para cada papel es una decisión no solo acertada, sino de gran peso.
Roger Casamajor transmite a la perfección la nube de tristeza que llueve permanentemente sobre Enric. Macarena García es la Irene adulta ideal para mostrarnos en cámara como es que se hace para llevar en las espaldas una vida terrible, como la que esa niña vivió. Ana Rujs, Lola Dueñas y Carmen Machi, las tres enormes actrices que encarnan a la madre/mesías son increíbles y van sumergiéndote cada vez más en el universo de delirium en el que esa mujer prendió fuego su vida.
El siempre fascinante y border de Albert Pla es la mejor elección para encarnar al padrastro de Enric e Irene, a la vez padre de las seis Stella Maris. Nadie mejor que él puede ponerle cara y voz a un hombre de la clase obrera convencido de que ser del opus dei a extremos impensables está muy pero muy bien.
Finalmente destacar a la actriz, cantante y compositora Amaia Romero Arbizu, quien se pone en piel de la sombría pero dulcísima Cecilia, una de las Stella Maris. Su escena junto al piano en una habitación/celda, que transcurre a mitad del episodio seis y la tiene conversando junto a Roger Casamajor, es la mejor de toda la serie y quizás una de las más logradas de la historia ficcional audiovisual proveniente de España.
El resto, secundarios y participaciones especiales, también son brillantes. Incluida Cecilia Roth, en el papel de la abducida Alicia, la del conejo blanco.

Para terminar la crónica, y a modo de gancho directo para nuestra manada lectora, avisar que la ficción por momentos inquieta desde su crudeza, sobre todo porque toca temas sumamente sensibles de violencia psico física hacia infancias, algo que hiere automáticamente, pero que Los Javis se encargan de incluir con una pericia que mezcla respeto y un cúmulo de buenas decisiones de plenteos de cámaras y timings. La trama nos tensa, pero la dirección nos deja mirar sin asfixiar.
Y hay de todo en esta mesías: desbordes, insalubridad mental, ternura, manipulación violenta, mensajes sin ambages para una sociedad que considera que sus arranques totalitarios en contra de la educación comunitaria y sus cerrazones odiosas e individualistas son una genialidad total, un poco de realismo mágico del bueno y una serie de video clips surrealistas que hacen que las Flos Mariae parezcan más caretas que un unplugged Coldplay.
Del final -estrictamente hablando, el último episodio- se dice que no es el mejor. Se puede discutir. Es optimista y está muy centrado en la espirutualidad. Una espiritualidad diversa, que contrasta con esa fe ultramontana que se denuncia durante toda la serie. Es una elección fuerte, como todas las que tomaron Los Javis a lo largo de la obra. Puede gustarte más o menos, pero si la madurás horas o días después de haber visto el episodio final, te das cuenta de que es ni mas ni menos que la coherencia pura con todo el planteo de la ficción completa: un viaje bien pero bien al estilo Javis.
Consejo final: aunque sean devoradores de series con maratones de siguiente episodio + siguiente episodio + siguiente episodio, etcétera, etcétera; véanla de a poco. Se disfruta mucho más.
Es todo. Vos entrá en la vida de las Stella Maris con confianza y después... decime si exagero.















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