Cuento del gato Antonio
- layaparadiotv
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Por Hilda López
Me levanté con la voz tomada, muy grave de tono. Di unas vueltas por la casa haciendo los ejercicios para las piernas.
Con un entusiasmo que invento para la ocasión, cada vez levantaba más alto cada pierna a cada paso.
Antonio miraba extasiado y saltaba para alcanzar la talla de mi dedo gordo, un juego que disfrutaba evidentemente.
Pero hubo un instante, solo un instante que abrí la boca para decir: ¡basta Antonio!. Se detuvo el tiempo, se paralizaron los relojes y... el gato.
El animalejo quedo tieso, con los ojos abiertos y duros como huevos recién hervidos por ocho minutos (no menos).
Ambos nos miramos descubriéndonos en un espacio tétrico, oscuro, misterioso...esa voz!!!!! tan grave que parecía llegar de las tumbas de los Mahomas del mundo.
Repetí : ¡basta Antonio! y el peludo salió corriendo con la cola parada como antena y se refugió en algún lugar que, por mi risa, no alcancé a visualizar.
Hace un rato que no aparece, mientras, me haré unas gárgaras de agua tibia para suavizar el tono y volver a comunicarme con el único ser vivo que me aguanta día a día.
A veces no es lo que se dice, sino con el tono que se usa para decir. El mío , por la mañana, no va.
Antonio tiene razón: esconderse es lo mejor.








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