Dueño de la palabra
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Por Hilda López
En los primeros días del mes de junio, se presentó en Mendoza, la obra de Armando Tejada Gomez, el poeta nacido en Guaymallén y que representara a la poesía latinoamericana al más alto nivel de manifiesto talento personal.
Tejada vino varias veces a Neuquén. Lo hizo a través de los amigos que siempre lo tuvieron entre los grandes de la palabra y el aliento poético. Lo podemos recordar de muchas maneras porque él así lo era: tierno como un niño y duro como el roble, inteligente, locuaz, divertido, trágico. Gustaba de tomar buen vino y contar anécdotas en mesa de amigos a las que aportaba un destello distinto con su presencia.
Lo recuerdo a la cabecera de la mesa de algarrobo que hoy me sirve de escritorio. Llegaba, y tomando ese lugar como propio, desplegaba su humanidad llamando a compartir la jarra del tinto que corría como como torrente de mano en mano, de boca en boca. Ahí estaba su voz, potente, profunda en la exclamación o el susurro, en la humorada o la sentencia.
Armando iluminó mi casa de calle Juan B. Justo de la ciudad de Neuquén en varias oportunidades, y era previsible cuando se anunciaba que llegaría: había que organizar el tiempo para estar junto a él, porque como el fuego, todo era devorado con su sola presencia. Comidas, mates, historias, inundaban cada rincón, cada silencio, cada asombro como parte del ritual de esos encuentros. Canciones con pedazos de su vida entre la pobreza y el trabajo, de su andar entre la calle y la soledad desvalida, en los caminos con las piedras golpeándole en el rostro de su niñez y la imagen de una madre y su consigna: sobrevivir, porque la vida ya estaba alertándolo de lo posible o no.
Armando se presentó un par de veces en el recordado Centro Cultural Simón Bolívar, “el Simón”, refugio y escenario de voces llegadas de todos lados. Recuerdo una noche, en particular una.
Había llegado un dia antes de su anunciada presentación y se alojó en casa. Fueron muchas horas de actividad intensa ya que lo visitaban amigos, periodistas y curiosos, y él, desde esa cabecera de la mesa de algarrobo, no se detenía hablando, contando y bebiendo.
Cuando llegó el momento de la presentación, que yo debía anunciar, me acerqué a preguntarle si se sentía bien en clara alusión a la cantidad de vino que había bebido en mi casa, según mi registro. La respuesta fue contundente: “qué crees? que soy una criatura, un niño?, que me vienes a retar por lo que haya tomado?...no te olvides nunca que soy Tejada Gomez y que el vino es como mi sangre, corre por mis venas como la palabra….”. Subió al escenario y se partió la noche hasta las lágrimas de quienes fuimos testigos de su poder: la palabra, esa que fluye como magia, que hipnotiza y te lleva hacia lugares desconocidos, esa que solo un gran poeta como él, puede volcar sobre las almas. Comprendí de una sola vez todo.
Será por eso que me alegró y reconfortó la noticia: parte de su obra ya está publicada por INAMU y la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Mendoza. Bajo el título : “Tonada Grande”, obra de Armando Tejada Gomez, que se presentara hace pocos días en su tierra natal.
El libro reúne 28 partituras y una sección de cancionero con 19 obras. Incluye canciones como Canción con todos, Canción de las simples cosas, Canción para un niño en la calle, La de los humildes, Tropero padre, Fuego en Anymaná y Los hombres del río, entre otras. Las partituras fueron facilitadas por el Instituto de Investigación en Etnomusicología (IIEt) y por Gloriana Tejada y Araceli Matus. La publicación ofrece herramientas para artistas musicales, intérpretes, docentes, estudiantes, instituciones educativas y público interesado en la música argentina.
Un aporte maravilloso y necesario para quienes amamos la poesía, el canto y a nuestro querido, inolvidable, Armando Tejada Gomez.















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