http://media.neuquen.gov.ar/rtn/radio/playlist.m3u8
top of page

"El corto busca desnaturalizar la impunidad y la violencia institucional"

Este artículo fue publicado originalmente en el portal informativo Va Con Firma


Por Fernando Barraza


Entrevistamos a Agnese Boaretto, la directora del cortometraje sobre el crimen de Omar Carrasco que se estrenó en Neuquén a 32 años exactos de la aparición de su cuerpo dentro del regimiento de Zapala.

 

El seis de abril pasado el Cine Español de Neuquén rebosaba de gente al estrenarse “Seis de Abril”, el cortometraje de casi 30 minutos de duración en el que Agnese Boaretto cuenta en clave de ficción el episodio por el cual el joven cutralqueño Omar Carrasco fue asesinado en 1994 dentro del batallón del ejército en Zapala. Lleno total, público heterogeneo. Aunque solo han pasado tres décadas, muchas personas del público ni siquiera habían nacido cuando la historia neuquina que se contaba en la pantalla había acontecido.

Hoy, aquel terrible acontecimiento de violencia institucional estatal es histórico y el crimen de ese muchacho terminó desembocando en una movilización nacional que dio por tierra con la implementación del Servicio Militar Obligatorio en Argentina. El caso fue un mojón parte aguas, sin embargo, en tiempos un poco líquidos como estos que estamos viviendo, no siempre se recuerda aquello que sucedió con la fuerza social que se desearía. Es más, la misma directora del film admite que cada vez que ha proyectado su película en funciones educativas, el número de personas jóvenes que desconocen por completo el caso, y hasta la situación de que el servicio militar haya sido obligatorio en el país, es altísimo.


En este sentido, el film de Boaretto también se torna indispensable.



Agnese Boaretto nació en Buenos Aires, pero en su pre adolescencia se vino a vivir con su familia a Neuquén. Es egresada en medios audiovisuales del IUPA, que es una de las dos escuelas terciarias de cine de nor patagonia. La realizadora ha construido su propia productora independiente de contenidos audiovisuales y ha sido una pieza clave en el desarrollo de políticas audiovisuales locales, actuando como representante elegida por el sector audiovisual ante el Ente Cinematográfico de Neuquén (ENCINE).


A sus jóvenes 34 años ya posee un recorrido interesantísimo dentro del mundo de la producción audiovisual y hasta se toma el tiempo para ser la única comunicadora local especializada en la divulgación de cine nacional y regional a través de la producción y conducción del programa “No te comas la peli”, que cada martes se difunde desde las 19.30 por Capital 88.5, la radio pública de la Ciudad de Neuquén.


Agnese posee un estilo narrativo para la ficción que ya permite ver un sello estético propio y una voz potente. En “Seis de Abril” ambas cosas se van consolidando. Por lo que venimos viendo ha escogido ser narradora neta de postales que enfoquen realidades sociales o acontecimientos históricos -como el de este crimen, el de Omar Carrasco- y en esa elección de temas fuertes y puntuales, Agnese elige ficción, con todo los puntos a favor que la ficción posee para una posible llegada popular, pero con las grandes responsabilidades de desarrollo y producción que el armado de una buena ficción implica. Boaretto pareciera decidida a avanzar en esta linea. Ojalá las condiciones de producción -hoy tristemente limitadas por decisiones políticas motosierriles de público conocimiento- le acompañen, porque en lo concreto demuestra que lo que tiene para ofrecernos es importante.


Un poco de su estilo


Si su cortometraje anterior, "El pez si no abre la boca muere" (2019) utilizó la metáfora de un pez encerrado en una pecera para representar el silencio invisible del trauma que ocasiona el abuso infantil, siguiendo la historia de un niño que -a través de señales y expresiones sutiles- intenta comunicar que algo no está bien en su entorno, en este “Seis de Abril” la realizadora optó por mantener ese estilo de “contarte una cosa, pero claramente estar contándote otra”, y en la historia de tes amigos de zona rural, en territorios meridianos de estepa, en las afueras de Zapala, te está contando la realidad del llamado “Caso Carrasco” y los alcances concretos de disgregación en sus vidas que el servicio militar obligatorio tenía sobre los jóvenes en Argentina. Los tres protagonistas de la historia, por edad -18, 19 años- ven sus vidas ligadas a la “colimba”. Uno de ellos se salvó, el otro -Omar Carrasco- ya está acuartelado en la colimba hace casi un año y el tercero, Ito, tiene que presentarse al cuartel exactamente el día seis de abril, fecha en la que se va dar la noticia del hallazgo del cuerpo de Omar en un descampado ubicado en la ladera del Cerro Gaucho, en el fondo del predio del Grupo de Artillería 161 de Zapala.



Lo acertivo y genial de la propuesta de Agnese pare este film es que no se ha visto tentada a hacer una película ficcional/documental con la narración casi periodística del caso Carrasco, sino que ha optado por contarnos una historia cotidiana, con resortes argumentales que podrían considerarse hasta un poco ajenos a una típica crónica oficial, detalles que van por caminos tangenciales, pero nos terminan mostrando el caso Carrasco en profundidad. Agnese cuenta la historia del crimen de Carrasco a través de un foco puesto en una historia de vida rural, de amistad, de habitación de territorios esteparios por parte de una juventud que tenía que empujar fuerte para “sobrellevarla” económicamente en un país jugado desde lo social, y que se valía de sueños de amistad, de familia y de comunidad fuertísimos para seguir adelante.


Precisamente toda la buena fuerza de vida que el servicio militar obligatorio venía a interrumpir abruptamente para ofrecer una supuesta capacitación militar válida para “la defensa de la patria” que -lo demostró la historia- produjo traumas de por vida y hasta podía llegó a arrebatar la vida de Omar de manera bestial, en medio de torturas ejercidas por miembros formales del batallón zapalino.


Los primeros dos o tres minutos del film son los que nos muestran de manera concreta la actitud de desprecio por la vida y las humillaciones de la colimba en una secuencia a campo abierto impresa con buen pulso propio; pero no nos quedamos allí, en ese fango castrense, porque inmediatamente entramos en la historia que Agnese decidió traer para contarnos: la de la amistad entre Ito, Nico y Omar, y también las peripecias que Ito va a vivir para intentar comprarle una guitarra a su hermanita. Mirando de cerca esta sencilla aventura fraternal, familiar y comunitaria de Ito, no solo entenderemos la crudeza de lo sucedido con el asesinato de Omar Carrasco, sino que nos involucraremos sentimental e intelectualmente con lo que significaba ser joven en la Argentina del servicio militar obligatorio y el neoliberalismo económico condicionando la vida de las familias del llano, de los territorios habitados por un pueblo esforzado.

Quizás allí esté el mayor acierto del film, en esto de que Agnese haya decidido contar todo con un tono general que no renuncia a la ternura, ni a los hermosísimos tiempos visuales de la estepa del teritorio ranguinche zapalino. Puntazo para ella.


Precisamente ese contrapunto fue el que nos motivó a entrevistarla para saber cómo se construye una propuesta con esta tensión ficción/realidad realizada de la manera en la que ella y su equipo han decidido concretar. Pues veamos que tiene para decirnos al respecto...



VCF: ¿Desde dónde te llegaron los ecos de esta historia, desde hace cuánto se te ocurrió contarla?


Soy nacida en 1992 y, mientras fui creciendo, viví con el relato de la mala experiencia que había tenido mi papá al hacer el servicio militar obligatorio en 1976, durante el terrorismo de Estado en la Argentina. Eso me permitió hacerle muchas preguntas y compartir con él sus vivencias. A medida que iba creciendo, iba entendiendo mejor lo que había sucedido en la Argentina en sus años más oscuros, y también empatizaba con la versión joven de mi papá, mientras me acercaba a esa edad.


También creo que haber visto, mientras era adolescente, cómo se desmontaron los cuadros de Videla y de los demás genocidas, me permitió crecer en un contexto de recuperación de la memoria y ser muy consciente de que la democracia de la que gozaba en ese momento como adolescente, había costado muchísimo dolor, muchísima sangre, y que era algo que había que cuidar y proteger de cualquier posible paso atrás. Sobre todo, siempre pensaba en qué me hubiese sucedido a mí si hubiese vivido en otra época, siendo varón, y me tocaba hacer el servicio militar obligatorio.

De alguna manera, entre la historia de mi papá, que sufrió diferentes tipos de violencias en la colimba, y a la vez el hecho de que su experiencia en el servicio militar obligatorio le dejó amigos entrañables, pares con quienes hizo la colimba y a quienes al día de hoy recuerda con mucho amor, había algo ahí que siempre me conmovió. Me conmovía esa capacidad de resiliencia ante una situación que no querías vivir, porque mi viejo no quería estar ahí, pero también la posibilidad de reconocer con qué cosas sí se había quedado. Algo asi también me sucede con los ex combatientes, poder empatizar con esa fragilidad, injusticia y a la vez, con esos lazos tan fuertes que construyeron frente al dolor.


En 2023, fui a grabar un documental en el que estaba participando como productora, en Paso Aguerre, sobre el Moncho Águila, primer soldado conscripto caído en Malvinas, el 3 de abril, a un día del comienzo de la guerra, Neuquino y de tierra adentro. Haciendo entrevistas a la familia del Moncho, se me acercó un señor de unos 50 años, una persona de campo, y me dijo que en Paso Aguerre había muchas historias. Yo soy una persona muy curiosa, así que le pregunté qué historias conocía, y él me dijo: “Yo hice el servicio militar con Omar Carrasco”. Para mí fue como tener un pedazo de historia viviente enfrente. Ahí empezamos a tener una conversación sobre cómo habían sido esos días compartidos, esos tres días compartidos antes de que a Carrasco lo desaparecieran dentro del batallón y lo mataran.


Fue una experiencia muy fuerte para mí, porque pude dimensionar, desde otra mirada transversal a la historia de la víctima, cómo eso había repercutido también en otros pares. A la vez, esta persona conocía a Carrasco de otro ámbito, que tenía que ver más con la religión. Ambos eran evangélicos y se habían visto en alguna oportunidad en un encuentro de esas características. Mientras me lo contaba, le pregunté si lo podía grabar en audio porque me parecía muy interesante lo que estaba diciendo. Me dijo que sí, y me volví con esa historia resonándome en la cabeza, pensando en esos pibes que iban a hacer el servicio militar obligados, gente de campo. Me fui pensando en la diferencia que había entre la experiencia de la gente de la ciudad, a la que le llegaba el llamado a la colimba por diferentes medios, y la experiencia de la gente del campo: había muchas diferencias. Algunos, incluso, ni se enteraban de que habían sido sorteados. Eso me hacía pensar.


Entonces, con todo esa info resonándome, me largué a escribir el guion. Neuquén tiene su ley provincial de cine, y justo ese año había un llamado para cortometrajes de guion por los 40 años de democracia. Me parecía súper oportuno hablar de los 40 años de democracia, pero desde un lugar que, desde el audiovisual, no se había tocado tanto, como el servicio militar obligatorio. Siempre pensé que la obligatoriedad del servicio fue uno de los últimos eslabones de la dictadura en cortarse. Hablar de como prácticas que llevó adelante una parte de la estructura del Ejército siguieron replicando métodos de tortura utilizados durante la dictadura cívico-militar del 76.


Escribí el guion en 2023, y ya había algunos funcionarios nacionales diciendo que había que reivindicar el servicio militar obligatorio, desde diferentes espacios políticos, tanto del oficialismo actual como del oficialismo de ese momento, lo cual me parecía una mala idea. Me parecía un retroceso. Escribí el guion, lo envié, y un día después de enviarlo a concursar, me enteré del asesinato de Pablo Córdoba. En el mismo lugar que el asesinato de Omar Carrasco. Ambos en democracia, ambos víctimas de violencia institucional. Aunque el caso de Pablo aún no está esclarecido.


Que el servicio haya sido derogado en 1994, después del asesinato de Carrasco, me parecía algo para reflotar, por lo menos para traer nuevamente a la discusión en la arena pública. Entiendo el cine como una herramienta, no solo de entretenimiento, sino también como una herramienta de transformación social y de construcción de sentido, generación de subjetividades e identificaciones para después hablar con otras personas. Me parece que lo más hermoso es que la gente pueda irse con algo para charlar en su casa.


VCF: ¿Dudaste en hacer de la un documental, o siempre supiste que ibas a ficcionarla?


Siempre la pensé como ficción, porque me interesa utilizar el cine de ficción como un caballo de Troya. Hay una posibilidad de meterse en ciertos lugares con la ficción que el documental muchas veces no lo permite, porque a veces el mensaje en el documental es mucho más explícito, a priori. A mí me interesa entrar en lugares donde la gente no se imagina que va a encontrarse con una historia que intentará disputar sentidos.

En ese sentido, mi corto anterior de ficción, “El Pez Si no abre la boca muere”, que aborda el abuso sexual contra las infancias, también funciona de la misma manera: a través de la ficción. En ese momento, 2019, elegí hablar de una problemática súper presente y durísima en la Argentina y en el mundo, pero lo hice desde ese género, porque me parece que la ficción tiene un poder de identificación muy grande a través de las vivencias de los personajes.


A la vez, en el caso de “Seis de Abril”, me interesaba poder narrar desde otro punto de vista lo que sucedió: cómo dos amigos pierden a otro amigo de su grupo. Me interesaba hablar de un hecho histórico triste, nefasto, desde un lugar tierno y reivindicar la ternura como una forma política de habitar el mundo: desde los lazos de amistad, desde los lazos familiares, desde los vínculos entre las personas que vivimos en el territorio, y también desde quienes viven campo adentro, que aman, cuidan y habitan ese espacio de una forma diferente a la citadina. Creo que "Seis de Abril" es un llamado a pensar que sucede cuando la vida nos rompe, sin que lo esperemos, que nos pasa como comunidad.


Por todo eso, me parecía que tenía que ser una ficción. Y también porque el llamado de ENCINE era específicamente para cortometrajes de ficción. Digo esto porque también fue un impulso para presentar el proyecto y armar la carpeta de desarrollo, ya que es muy importante contar con una ley provincial de cine y que el Estado siga acompañando, a través de políticas públicas, la posibilidad de narrar historias en el territorio. Historias que no solamente generan puestos de trabajo directos e indirectos, sino que también hacen a la soberanía audiovisual de la provincia y del país.



VCF: ¿Cómo fue el proceso de escritura del guión, trabajaste libremente la historia aledaña al caso mientras investigabas la parte histórica del mismo, o cómo fue?


La ficción que construí alrededor del asesinato de Omar Carrasco, es ficción pura y dura. Ahí sí me di rienda suelta para escribir ese universo, utilizando también algo de mi experiencia previa. Por mi trabajo como realizadora audiovisual, a lo largo y a lo ancho de Neuquén, grabé muchas entrevistas en los territorios. Por suerte -porque además es algo que me encanta- tengo muy incorporado el ejercicio de entrevistar a gente que vive en el campo, que tiene diferentes oficios, y creo que todo eso, a lo largo de los años, me fue nutriendo para poder contar y construir este universo ficcional.


Luego está el hecho histórico, así que ahí necesité sumergirme en un trabajo de investigación en profundidad. Vi muchas noticias de la época, muchos relatos de su mamá, sobre todo los que hoy están disponibles en internet y en archivos históricos. Necesitaba saber qué habían sentido las personas alrededor de la víctima, comprender su dolor. Incluso hay una cita en uno de los diálogos, que es algo que dijo su mamá, Sebastiana Carrasco, en una entrevista con un canal de televisión, describiendo la última mañana donde lo vio con vida y compartieron un mate.


Leí notas periodísticas de esos años. También hice otro trabajo que fue seguir profundizando, con mi papá, en su propia experiencia del servicio militar, aunque haya sido en 1976. Hablé con mucha gente que había hecho la colimba en Neuquén, con personas que habían sido sorteadas con un número bajo y finalmente no la habían hecho, indague motivaciones: qué habían sentido. Traté de nutrirme mucho de la época, de lo que había sucedido, y también de la vida en el campo como eje. En Zapala, hablamos con muchos vecinos y vecinas mientras haciamos el scouting de locaciones, todas esas personas tenían algo para aportar.


VCF: ¿Ibas consultando el tono y el contenido del guion mientras lo hacías?


Sí, sí, con algunos amigos, amigas y colegas a quienes admiro muchísimo, que son más grandes, tienen más recorrido y también me hicieron aportes muy valiosos. En ese sentido, el guion fue creciendo. Por ejemplo, había toda una secuencia al principio del corto, con un teniente que “baila” a un soldado, que no estaba en la primera versión del guion, y que apareció en la reescritura. Me parece que eso hizo crecer mucho el proyecto en esos meses de lectura, escritura e investigación. A su vez, me parece muy alucinante todo lo que tiene que ver con la estética. Poder pensar en Zapala con planos generales amplios, donde se vea la línea del horizonte, la cordillera de fondo, y donde también esté plasmada la interculturalidad entre los pueblos originarios, las diferentes creencias religiosas, Atahualpa Yupanqui, nuestra música, los Berbel. Ahí hay una búsqueda estética en la que también me sumergí mucho a la hora de escribir el guion, porque cuando me pongo a desarrollar un proyecto hago hiperfoco y voy a fondo con todo aquello que me conecta con esa construcción de posibilidades para que ese universo sea verosímil.


VCF: Hay una apuesta fuerte a la ruralidad en la puesta. Omar era citadino, de Cutral Co. Sin embargo en esa inmensidad del campo zapalino la historia pareciera crecer. ¿Decidiste eso desde un comienzo?


Omar Carrasco era de Cutral Co, y yo decidí contar una historia que, si bien involucra al batallón de Zapala, no se sabe bien del todo en qué lugar exacto de la provincia sucede, aunque sí en inmediaciones a esta ciudad.


Desde el punto de vista de la estética, Zapala es un lugar que, para quienes no vivimos ahí, muchas veces resulta ser un lugar de paso, por su conexión con los diferentes puntos de la provincia, siendo además el centro, literal, de Neuquén. Entonces, para mí había un desafío que me parecía muy interesante de abordar, una búsqueda estética muy necesaria, que era encontrar la hermosura en la estepa, un paisaje que muchas veces es menospreciado.


Las plantas nativas de la estepa, los colores, los cielos, ese celeste tan particular, y a la vez la cordillera nevada al fondo, a lo lejos, que no se ve así desde tantos otros lugares de la provincia, hacían el escenario perfecto para contar la historia. Y esa puesta también tiene que ver con poder narrar cómo la gente de campo, en lugares inmensos, no siente soledad: siente bienestar viviendo allí y conecta profundamente con el territorio y su inmensidad, a diferencia de lo que muchas veces puede pensar alguien citadino, que imagina el campo como un lugar de soledad. Hay mucha gente con la que me he cruzado a lo largo de estos años de hacer producciones audiovisuales que me ha marcado mucho ese punto. Son personas que, cuando vienen a las ciudades grandes, no la pasan del todo bien; quieren volver a su pago, a su hogar, a su rancho. Y me parece que eso es muy fuerte: ese sentido de pertenencia, ese anhelo de ser uno o una con la tierra, me genera mucha admiración y me inspira.


Hay algo ahí en la búsqueda de la ruralidad, pero también en la búsqueda de hablar de las masculinidades y de la amistad entre dos varones desde otro lugar. Y creo que hay una ecuación entre el guion y la estética para llegar a esa ruralidad que también le da cierta universalidad a la historia. Porque estamos hablando de Neuquén, estamos hablando de algo que pasó en la Argentina, pero al final del día estamos hablando de violencia institucional. Entonces puede ser en cualquier lado, y sigue sucediendo. Porque si bien estamos hablando del servicio militar obligatorio, las prácticas de desaparición, de tortura y de violencia institucional siguen existiendo aún en democracia. Es para mi importante también contar cómo se vive desde la ruralidad. En ese sentido, hoy, con el diario del lunes, pienso en Rafael Nahuel, pienso en Santiago Maldonado; en personas que han sido perseguidas y asesinadas en los territorios.



VCF: ¿Cómo se organiza el casting para una producción así, dónde buscas actrices y actores, cómo los elegís, con qué método y proceso?


Primero hicimos un casting en Neuquén capital y luego otro en Zapala. Te cuento que... ¡no encontrábamos al protagonista!.


Yo había conocido tiempo atrás a las hermanas Berch —María, Laura y Mariana—, que trabajan con una sensibilidad impresionante en diferentes películas del cine argentino. Fueron muy generosas al sumarse a este proyecto federal, sin conocernos, sin conocerme como directora ni como colega, motorizadas por el guion y por trabajar con directoras jóvenes. Ellas nos compartieron un casting grabado que habían realizado con jóvenes de esa franja etaria de diferentes lugares de la Argentina. Fue ahí donde encontramos a Juan Atahualpa Albarracín, que es Ito, el protagonista de esta historia. La verdad es que vimos un casting suyo y dijimos que queríamos enviarle el guion para ver si le interesaba la propuesta. Él hizo una prueba grabada con una de las escenas del guion, la mandó, y desde que la vi y además conocí su segundo nombre, Atahualpa, sentí que había una conexión con el proyecto de esas que no se pueden explicar. Me interesaba que fuera una persona que pudiera reflejar la Argentina profunda, con todo lo que eso implica. Atahualpa es un chico jujeño que actualmente vive y estudia cine en Córdoba, y hace actuación de manera aficionada. “Seis de Abril” fue su primera producción audiovisual. Después de este corto le surgieron varias posibilidades más; incluso ahora está en el Alto Valle rodando otro cortometraje con otro equipo, esta vez de terror. Todo el equipo estableció con él y con el resto de los actores y actrices un vínculo de amistad muy lindo. Nos unía un proyecto de peli, para contar algo que nos duele a todos como jóvenes.


En el caso de Taiu, que es el coprotagonista, Ceferino, él es de Lago Puelo, aunque actualmente vive en Buenos Aires. Yo había visto un cortometraje protagonizado por él, grabado en la Comarca Andina. Tuve la posibilidad de ver ese corto en el FAB, el Festival Audiovisual de Bariloche, me había quedado muy presente su actuación. A través de las redes sociales nos contactamos, hizo un casting online y también pudo venir a trabajar en el corto.


En el caso de Jorge Prado, que representa a un teniente, yo lo había conocido en un festival de cine en Tierra del Fuego y le había dicho que quería escribir algo para que él actuara, porque tenemos una visión de la vida, de la política y de la realidad que resuena mucho, aun con las generaciones que tenemos de por medio. Jorge, ante todo, es una persona talentosísima y muy humilde, y creo que eso hizo posible que pudiéramos trabajar juntos y que hiciera 1200 kilómetros para venir a grabar dos escenas con un equipo de Neuquén. Era la única persona de todo el equipo que había hecho la colimba, su aporte fue fundamental.


Para mí, la apuesta del casting era de las más fuertes. Lo mismo con las actrices y los actores locales: yo sabía que había un desafío grande desde la dirección para que las actuaciones fueran creíbles y para que los vínculos que se cuentan en la historia realmente se sintieran reales. Creo que ese fue el desafío más grande desde la dirección.


La búsqueda del actor que interpreta a Omar Carrasco tiene una historia muy linda y fortuita, porque es el nieto de los puesteros que nos prestaron la casa de campo, el puesto, el paraje para poder grabar unas de las secuencias del corto. A él lo conocimos durante un scouting, y yo le conté la historia. Aun con un poco de vergüenza y timidez, se animó a interpretar el personaje de Carrasco. Me interesaba que tuviera algo de frescura en su forma de pararse delante de cámara, y creo que eso se logró. Toda la familia, sus abuelos y tíos estuvieron presentes durante esos días, mirando por el monitor de campo mientras hacíamos las escenas dentro de la casa donde habían vivido tantos años en familia.


Seis de Abril es un proyecto muy federal, incluso en su casting: participó gente de Chubut, Jujuy, Buenos Aires, Neuquén, Río Negro y Córdoba. Me siento muy orgullosa de eso, me interesa que sea así, enriquece el proyecto.


VCF: ¿Hablaste con autoridades del ejército en el proceso de producción? Si fue así, ¿podés contar que visión tienen de lo que pasó con Omar?


Durante el proceso de producción no hablamos con el Ejército, decidimos no hacerlo, no lo creímos necesario. La verdad es que decidimos grabar por fuera del batallón. Eso exigía limitarnos a horarios y otras cuestiones que podrían aparecer. Como es ficción, no necesitábamos que fuese ahí el rodaje.


Sí tuvimos contacto con la gente del aeropuerto de Zapala, que es un aeropuerto militar. Nos recibieron bien, nos prestaron las instalaciones y fueron amables en todo momento. Todo el pueblo zapalino nos recibió muy bien, y tuvimos un gran acompañamiento de ciudadanas y ciudadanos que colaboraron con un montón de cosas. Recibimos mucho respaldo de la comunidad.



VCF: Es de suponer que casi toda la comunidad de Zapala de más de cuarenta y tantos recordarían muchas cosas puntuales de aquellos días...


Sí, fue muchísima la gente que nos contó y compartió como había vivido lo de Carrasco, muchos recuerdan esos días con mucha claridad, cuando los medios nacionales desembarcaron durante casi un mes, para contar lo que estaba sucediendo con la búsqueda y luego con el hallazgo del cuerpo sin vida. Incluso, muchos conocían a los implicados en la muerte de Omar. Es interesante escuchar esos relatos, yo siento que aprendí muchísimo, desde muchos lugares. Hoy tengo mucha expectativa por cuando vayamos a estrenar el corto allá y por cómo eso va a repercutir, porque es una sociedad que fue atravesada por la historia de Carrasco y que todavía carga con cierto estigma. Pero el corto no busca profundizar ese estigma, sino, a través del diálogo, habilitar preguntas y, sobre todo, desnaturalizar la impunidad y la violencia institucional. También busca darnos un lugar para pensar qué Argentina queremos construir, qué fuerzas de seguridad queremos construir, que posibilidades queremos brindarle a los pibes y pibas y qué instituciones queremos construir. Espero que el corto habilite todo eso.


VCF: ¿Qué destino le soñás a la peli? ¿qué te gustaría que pase?


Ahora va a comenzar un recorrido por festivales de cine nacionales y ojalá, también internacionales. Por la universalidad de la historia y por lo que toca en materia de derechos humanos, creo que tendrá un buen recorrido. Eso será importante. Sobre todo entendiendo que muchas democracias del mundo se han volcado en la última década -incluida Latinoamérica- hacia la derecha.


Otro objetivo que tengo es que pueda recorrer la provincia y, sobre todo, presentar un proyecto en el Consejo Provincial de Educación para poder llevar este cortometraje a la currícula de las escuelas de nivel medio. El 6 de abril, además de hacer la avant premiere en el Cine Teatro Español, realizamos dos funciones especiales, una por la mañana y otra por la tarde, destinadas a estudiantes secundarios junto a sus docentes.


La invitación la hicimos a través de la Fundación BPN y de la Coordinación de Niveles del Consejo Provincial de Educación. Me interesa que los chicos y chicas vean este material y, sobre todo, que sepan que el servicio militar obligatorio en la Argentina existió desde 1901 hasta 1994, y que conozcan la causa de su derogación.


Especialmente me interesa que lo conozcan los pibes y pibas de la provincia, pero también de otros lugares del país. Dicho sea de paso, en estas proyecciones con adolescentes hice tres preguntas al finalizar: quiénes sabían, antes de ver el corto, que el servicio militar había sido obligatorio hasta 1994; y eran muy pocos los que lo sabían. Muchos menos eran quienes sabían por qué se había derogado el servicio militar, y todavía menos quienes conocían la historia de Omar Carrasco.


Creo que ese es un público objetivo, porque me interesa poder hablar de la Argentina también como un territorio de paz, en un contexto donde se están desarrollando guerras a nivel mundial y donde, lamentablemente, nuestro presidente se pronuncia a favor de una guerra que nada tiene que ver con nuestra historia, con nuestra idiosincrasia ni con nuestra realidad. Por eso, me parece muy importante dar a entender y brindar herramientas para hablar con la seriedad que se merecen estos temas, como se desarrolla la violencia en sus diferentes formas y, sobre todo, ofrecer herramientas para pensar en comunidad.


VCF: Y a futuro inmediato ¿Qué ves cuando ves al cine?


Creo en un cine que nos interpele, que nos lleve a encontrarnos y a repensarnos. Me parece que estamos en un momento coyuntural en el que mucho del tejido social está roto, fracturado, pero sigo creyendo que construir alternativas colectivas es lo que nos da la posibilidad de, como decía Freire, “esperanzar” como verbo: no esperar a que algo suceda, sino construir con otros y otras una forma diferente de hacerlo.


Yo encuentro en el cine eso; encuentro en el arte la capacidad de problematizar. Y todo lugar donde yo pueda hacerme preguntas con otros y otras siempre va a ser valioso, porque me va a permitir correrme de mi propia mirada, escuchar, ver y conocer la de los demás. En estos 33 años que llevo viviendo, creo que esa es, al menos para mí, la forma que he encontrado de darle sentido a la utopía y de caminar hacia el horizonte.

No creo que la utopía sea algo inalcanzable en un sentido inmóvil. Como dijo Fernando Birri, gran cineasta argentino, la utopía está en el horizonte y es lo que nos ayuda a caminar. Y eso, para mí, le da mucho sentido a encontrarnos con los demás, sobre todo en un momento tan complejo como este.


Creo que la ternura, como un modo de habitar el mundo, no nos la van a robar tan fácilmente. Y es desde ese lugar propositivo que encuentro sentido a seguir en esa búsqueda. Como mujer joven argentina, también me atrevo a decir en voz alta qué país quiero, en qué lugar quiero vivir y qué aporto yo, desde mis sueños y desde mi trabajo, para que eso se construya cada día. Para que eso suceda, siendo a la vez una responsabilidad y un deseo.


No me gusta escuchar a otros coterráneos hablar mal de nuestro país, de nuestro territorio, porque creo que, para amar algo, primero hay que conocerlo. Y una vez que se lo conoce, se lo puede defender; y una vez que se lo puede defender, ahí sí recién se lo puede amar. Me parece que ese es el camino: vivir en el lugar que uno ama y dejar de comprarse ese discurso heredado colonial de odiar la tierra en la que nacimos y en la que nacieron también nuestros hermanos y hermanas. Que el arte nos encuentre y podamos sostenerle la mirada a los demás, que el odio se muera de hambre, creo que ese es el mejor homenaje para cada gota de sangre derramada en nuestro suelo.




Comentarios


whatsapp-verde.png

#todoescultura

Gracias! Ya ya te responderemos.

bottom of page