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  • Hilda López

El cuadernito de Yupanqui, una historia neuquina

En 1992, Atahualpa Yupanqui estuvo en Neuquén. Dejó un cuaderno con manuscritos. Allí está una de las poesías de la obra "La sagrada palabra".


Poco antes de morir (1992), Atahualpa Yupanqui estuvo en Neuquén. La tarea de periodista me llevó a su encuentro. Don Ata se alojaba en el Hotel Royal, ubicado en la Avenida Argentina casi esquina Rivadavia de la ciudad capital; y allí me recibió, con mucho respeto, como era su estilo.

Ya nos conocíamos: yo lo había entrevistado en la radio LU19, La Voz del Comahue, cuando en uno de sus viajes lo presentó en la zona el productor Juan Carlos Allende. Él mismo lo llevó sorpresivamente al programa que conducía entonces durante la tarde.


Esa entrevista quedó grabada y documentada como un momento mágico e irrepetible. Sin embargo, sería la primera, pero no la última vez que estaría con él. Fue así que, en esa segunda oportunidad, conversamos más abiertamente. El maestro se mostraba locuaz, con un humor inteligente y no exento de gracia.


Me pidió que no grabara las conversaciones, ya que se trataba de un encuentro más informal y quería estar distendido. Yo llevaba una agenda donde trataba de anotar frases, que recogía de su incomparable entrega verbal: los oídos no alcanzaban y la memoria seguramente no podría registrar tanta abundancia de metáforas y bellas palabras. El encuentro se produjo durante dos mañanas, con el desayuno, en la confitería del hotel y además hicimos una caminata lenta, por la misma vereda, que nos llevó a tomar algo en Piazza Albertina (Avda. Argentina y Alberdi).


Don Ata llevaba una bolsa de plástico donde guardaba un par de zapatos, y no recuerdo lo que me explicó en ese momento, sobre la curiosa carga. Vaya a saber en qué situación yo había perdido mi agenda, lo que me produjo una angustia que no supe disimular, ya que no podía resolver el propósito que me imponía tenerla: me quedaría sin registro, resignada a solo la memoria. Busqué, busqué, y nada.


En la última mañana del desayuno, llegué al encuentro en el mismo lugar, y, al lado de la taza, que vacía me esperaba, había un cuaderno común de colegio, de tapa naranja, con imagen de libros abiertos, un pájaro en vuelo y el nombre "Super Limousin".


¿Y esto? pregunté. "Ahí tiene para que deje de llorar por su agenda", me contestó, con esa voz calma y profunda. El asombro superó el placer del café compartido, estaba siendo depositaria de un pedazo de la vida de Don Ata. Creo que no se puede escribir un libro sobre un cuaderno, pero sí se puede describir la emoción que siento cada vez que lo abro, o me mira desde la biblioteca.


El cuaderno tiene el manuscrito del relato de los días de internación en una clínica de Francia: un diario, con detalles de su estado de salud, la atención de los médicos, el registro de la temperatura y su presión arterial. Figuran los días 15 /16 /17 y 18 de noviembre, pero no así el año. Desde el Hospital Perignon, anunciando que ese día (18/11) "partí para París", y que la presión arterial a las 6,30, era de 20.9. Sigue escribiendo: "Había dormido bastante. Mi preocupación era un poco la económica, sin ser grave. Naturalmente no cobré concierto alguno, había tocado 15 minutos cuando me sentí mal; dije: Señores no estoy bien de salud, noto dificultad al respirar. Perdón, aquí me callo, perdón...y me aplaudieron mucho".

Hay más detalles de ese diario de Don Ata, pero hay una frase que habla de su ternura y que dice " Aprender de los guanacos y endulzarle el aire a la compañera" . Simple, como son las cosas del corazón. Unas hojas después hay una poesía cuyo título es :"Sobre la libertad" aire de milonga, con su firma al pie.




Otro capítulo


Mi amistad con Suna Rocha data de muchos años. La cantante cordobesa trascendió las fronteras para cantar en los escenarios de distintas partes del mundo y recorrer el país con su carga de canciones folklóricas, que expresa con buen gusto, talento y gran personalidad. Hay vivencias y amigos comunes que nos devuelven la nostalgia y la sonrisa en cada oportunidad de la charla telefónica que, en estos tiempos, cuando las horas se debitan rápidamente de los relojes, las llamadas y los mensajes por red se hacen más frecuentes entre nosotras.


Si tuviese que elegir a una cantante de música nuestra, es a ella a quien elijo entre las mejores, sin dudar. Suna fue amiga entrañable del viejo poeta Yupanqui, una amistad que se prolongó durante mucho tiempo a través de cartas que ella guarda como un tesoro y que alguna vez compartió con oyentes de mi programa de radio.

Hace algunos días, volvimos a charlar sobre su amigo y mi admirado artista. Entonces le comenté sobre la poesía firmada de puño y letra por Don Ata que contenía el cuaderno que me había regalado: "Sobre la libertad". Inmediatamente Suna me contó sobre ese poema y otros cuatro más que integran una obra llamada "La palabra sagrada" y que tenía en su poder.


Me sentí muy feliz, al saber que tenía entre mis manos semejante tesoro. La historia es así: el Gobierno Francés y la Universidad de Nanterre (donde nació la revolución francesa) le encargaron a Don Ata una obra para los 200 años conmemorativos de la revolución, y que se integraría a las manifestaciones programadas para tan importante fecha.

La Cantata "La sagrada palabra", se convirtió en un libro de cinco poemas que fueron musicalizados por Juan José Mosalini y Enzo Gieco. La obra fue estrenada el 21 de junio de 1989 en la sala del Congreso de Nanterre, Francia. "La Sagrada palabra", cinco poemas, uno de ellos "Sobre la libertad" está manuscrito y firmado por el artista en un cuaderno de tapas naranjas, con libros abiertos, un pájaro en vuelo y con un nombre "Super Limousin", bien francés, bien de Yupanqui, artista del mundo como su pluma.


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