• M. Bertuzzi

Cada tanto nos tienen que recordar que el Rey está desnudo

El escritor villamariense Fernando Baruj publicó el libro “El evangelio de los condenados” a través del sello neuquino Ediciones con doblezeta. Prosa poética que reclama, protesta y grita que aunque nos vistamos con las mejores ropas seguimos desnudos.


El título alude a las escrituras bíblicas ¿cuál es tu relación con ellas?

Ha sido muy decisiva la influencia de algunos libros de La Biblia en la forma que ha tomado el camino de mi vida. Sobre todo los evangelios y el libro de Eclesiastés. Me parece fantástico el mensaje de un reino que tiene que ver con la belleza de vivir en paz mirando las aves y los lirios del campo, con el paradigma de la consideración del otro, con redimir a conciencia los días que nos tocan con alegrías y tristezas con sentido. Tengo alguna certeza de que la dicha va por esos lados y no por una anticultura que dirige a lugares no aptos para la vida.


Hablás de "lugares no aptos para la vida". ¿Cuáles son esos lugares?

La anticultura crece en un espacio que no llamo lugar aunque tampoco es un no-lugar, un espacio que nos disgrega, nos atomiza de la manera más destructiva. Con anticultura nos volvemos en nuestra contra; habitamos ciudades monstruosas, que terminan llevándose nuestra sangre porque es el material con el que se construyen. Aun así, es curioso que dentro de este contexto horroroso hay reductos en que la cultura pervive como puede, como un intento de sanar.


¿Por qué te decidiste a publicar tus prosas en un libro?

Para publicar tuve que vencer prejuicios que no vale la pena enumerar porque son la historia de mis errores. Hoy lo hago porque creo que es, entre otros actos, mi forma de resistir y alertar; mi manera de poner en evidencia el camino al infierno que se disfraza de paraíso; la mentira de la tierra prometida que se oferta en cuotas; y todas las prédicas de políticos, religiosos y otros tantos que lo único que construyen es su propio egoísmo y destruyen al otro para beneficiarse.

Tanta maldad abruma y yo solamente tengo unas palabras para hacerle frente y denunciarlas. Por eso publico, que es lo que puedo hacer, y lo hago con la esperanza de que sea bueno para los demás.


Algunos de estos textos fueron escritos hace muchos años y compartiste algunas versiones en las redes sociales... ¿corregís mucho?

Creo que cada cosa que escribí es testimonio de un momento. Por eso no corrijo mucho. Eso sería como modificar a ese otro Baruj que ya vivió e hizo lo que hizo. A lo mejor cambio algunas frases pero no me perturba la improlijidad de lo que fui y escribí.


¿Quiénes son los condenados?

Por un lado son los expulsados, los desechados. Los que quedan fuera de la cultura porque su condición no les permite pertenecer. Los que habitan la tierra del vagabundeo porque la vida los obligó al exilio. Para esos desdichados es el evangelio, la buena noticia de que pueden refundarse en otra ciudad simbólica y también real, que tienen la buena opción de encontrar la dicha en otra elección.

Por otro lado, también son los cautivos, los que nunca podrán escapar de creer que las promesas falsas son verdades inapelables. Posiblemente, de un lado o de otro, todos seamos los condenados.


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