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Festejando el solsticio

Inti Raymi

Yo sé muy poco sobre los dioses, casi nada. No sé donde habitan.. no sé si duermen... Tampoco sé si llevan cuenta de cada uno de nosotros y nuestros actos. Ignoro si se pronuncian en plural, en mayúscula, hacia el Este, hacia el río.


Yo no sé casi nada sobre Dios, pero cuando deseo imaginarlo se me aparece el sol... Omnipresente, justo, indoblegable. Contra el que nada pueden las cadenas ni los señuelos de oro.


Nada más parecido a Dios que este sol nuestro, principio de la vida, tan lejos y tan cerca.

Y nosotros, sus hijos, queriendo hacernos a su semejanza: justos, indoblegables. Sin que puedan contra nosotros las cadenas o los señuelos de oro.

Y aquí sus hijos, adeudándole la mejor de todas las ofrendas, la única que el sol puede esperar.


Salir al cielo, iluminar un día

la primera mañana sin hambrientos

la primera mañana sin espanto

la primera mañana de los hombres.

Salir al cielo para iluminar

la primera mañana sin esclavos.


Los hombres se miraron entre sí. El hombre a la mujer al niño al hombre. Los hombres se miraron y quisieron recobrar aquel bien que habían tenido, más precioso que todos y que nunca.


Pero... ¿cómo recobrar la libertad? Le preguntó el hombre al hombre al niño, cuando llevamos siglos con las manos atadas, con los pies anudados y la lengua dolida.

Decidieron los hombres ir a hablar con el pájaro de mayor altura y alas verdes.


-¿Cómo dices que hagamos? Tú, hermano del cielo; tú que vuelas... ¿cómo dices que hagamos para recuperar el bien perdido?


El pájaro se apartó de su trino y respondió:

- Escuchen lo que digo, hermanos hombres, yo vuelo porque anido.

Los hombres atendieron y luego caminaron hasta la misma cima del invierno a preguntarle al Sol.


-¿Cómo dices que hagamos? Tú, que naciste antes que la sombra... ¿Cómo hacemos los hombres para recuperar el bien perdido?


El Sol crujió en la leña de su alma:

-Extendiéndose, dijo. Ensanchándose, dijo. Repartiéndose, dijo...

Casi al final del día, que fue largo, los hombres decidieron preguntarle a la Tierra. Para eso, se miraron los rostros en un espejo de agua y a sus rostros le hablaron.


-¿Y cómo dices, madre, que lo hagamos? Tú que engendrás a los que engendrarán. ¿Cómo dices que hagamos para recuperar el bien antiguo?


La Tierra se humedeció, se oscureció. Se demoró en hablar.

- Decide cada día la libertad que añoras- eso dijo.

Los hombres se trenzaron por las manos. Hombre con niño con mujer con hombre. Y empezaron a andar con lo que del hermano, del padre y de la madre habían aprendido.


Libre seré si vuelo y me reparto

Libre si extiendo el vuelo que me ensancha

Cada día soy libre si reparto

Cada día soy libre si me extiendo

Soy libre si reparto cada día

La extensión de mi vuelo y el ancho de mi nido.


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