Guía para entrarle a las 10 del Oscar
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Por Fernando Barraza
En menos de un mes se entregarán los Oscars y te brindamos con tiempo un servicio esencial: punteamos una a una las películas nominadas a mejor film este año. Preparate para una panzada de cine.
Cada año sucede lo mismo: todas y todos nos desgañitamos hablando pestes del prestigio actual de los Oscar, pero nuestra madre la cinefilia nos vuelve a meter de cabeza en la misma bañera y nos termina pegando un baño de cine hollywoodense que nos hace sentar en salas o frente a la compu o al televisor. Por eso mismo, en este año de trumpismos y luchas intestinas entre las salas de cine y los servicios de Streaming, nos complace traerte un resumen de las 10 pelis que este año competirán por la más preciada estatuilla en la tarde/noche del 15 de marzo. Hay de todo, y -¡vaya, no es poco!- este año no tenemos malos títulos metidos con forceps por los estudios.
Pasen y lean. Todas las películas que no se estrenen en salas en tu ciudad, se pueden ver por servicios de streaming o están disponibles en esos sitios espúreos que andan dando vueltas por ahí. Esta es una guía para darse una auténtica panzada de cine.
Fórmula 1

Pochoclera, pero logradísima. Propone algo y lo cumple: que la épica temeraria de la velocidad en la pista se transmita a la pantalla. Brad Pitt ya tiene el papel de desprolijo bueno e irresistible de taquito, así que poco y nada le cuesta volcarlo al personaje de Sonny Hayes, un beautiful loser que regresa de la nada a la Fórmula 1 y con una edad en la que ya debería estar discontinuado. Los coprotagónicos están armados al dedillo para entretener y complementar, para entusiasmar según se desanda la historia. El montaje de John Mathers y la banda sonora de Hans Zimmer son la verdadera obra de arte dentro de esta película que no te aportará mas que diversión de primer nivel, que no es poco, ya que hace bastantes años las costosas películas “divertidas” de Hollywood son un verdadero bodrio.
Sinners

Viene con el abrazo de oso de las chiquicientas nominaciones en chiquicientas categorías, con lo que es más que probable que se vaya con un par de estatuillas a su casa. Ryan Coogler, su director, tiene una buena cantidad de haters en todo el planeta que -en redes, como es costumbre- lo acusan de haber suavizado hace años su discurso de orgullo afroamericano en pos de la industria. Una más de las tantas cacareadas altisonantes a las que nos tiene acostumbrados el estrépito habitual en redes sociales. Lo cierto es que Coogler es el director de “Space Jam: A New Legacy” y “Black Panther: Wakanda Forever”, es cierto, pero también es el director de “Fruitvale Station” y “Judas And The Black Messiah”, dos películas que causaron verdadera urticaria racista en EEUU y en todo el mundo anti woke (o como se llame esa pandilla global de idiotas que solo saben odiar sin ton ni son). Pues “Sinners” es ambas cosas: entretemiento mainstream con el argumento fantástico de vampiros y cine socio político con la denuncia sobre la segregación de comunidades como la afroamericana y la inmigración proletaria irlandesa. Se dirán muchísimas cosas sobre este film a raíz de toda esta cuestión de las multi candidaturas, pero la verdad de la fuerza de la obra quedará ahí, como vampiro que regresa. Hablemos de esta película en diez años y me cuentan si se ganó o no el sitio en el podio de los clásicos de época. Aleluyas para Buddy Guy, que aparece cinco minutos en el film y te rompe el alma en mil pedazos. Pulgares para arriba para “Sinners”.
Una Batalla Tras Otra

Si se dice que “Paul Thomas Anderson está en la lista de los mejores directores de la historia del cine norteamericano” la única respuesta posible frente a tal enunciado es: “¡Ja, chocolate por la noticia!”, así que dejemos de lado el elogio canónico más que evidente y vamos directo a los bifes. Casting perfecto, todos muy parejos, todos brillantes, pero Benicio del Toro un escalón más arriba. Una historia inquietante y super actual (por eso mismo es inquietante, claro está) sobre totalitarismos neo fascistas y rebeliones más o menos contada con un tono sarcástico finísimo. Los protagónicos -héroe y villano- en un tour de force que se convertirá en historia: Di Caprio y Penn a sus anchas. Montaje, fotografía, banda sonora, dirección de arte, todo espectacular. ¿Punto en contra?: cierta tendencia hollywoodense de contar todas las películas con un estándar narrativo casi adolescente. No estaría nada mal que suban un poco la vara, las sociedades que consumen el cine de EEUU (el mundo entero, bah) necesita más sustancia y estímulo y menos trama pre-masticada.
Valor Sentimental

Si de “Una Batalla...” acabamos de decir que falla en cierto tono adolescente tan pregnado en todas y cada una de las propuestas actuales de Hollywood, ahora diremos que “Valor Sentimental” goza de muy buena salud en este rubro, el de “te lo voy a contar sin subestimarte”. He aquí una de esas historias mínimas que pintan una aldea y pintan el mundo entero. ¿Qué heridas hay entre personas de distintas generaciones dentro de una familia? ¿Cuántas son propias, cuántas interpersonales, de la manada? Estos son temas universales que Joachim Trier se anima a tratar con una soltura contagiosa. Un padre regresa a la vida de sus hijas adultas para re confirmar que todo sigue en carne viva, todo: los tropiezos, los retazos de felicidad, el dolor del abandono ¿Qué es de cada quién y por qué? Esa es la tesis que labura el film sin caer en lo moralista ni en lo explícito. El cuarteto protagónico es bestial: Renate Reinsve, Inga Ibsdotter Lilleaas y Stellan Skarsgård traen toneladas de bagaje actoral europeo, de ese que lleva siglos madurando en el árbol dramático. Se suma Elle Fanning, que es joven, que es una hija de Hollywood y que aporta de manera tácita (¡hace de una estrella novel del cine norteamericano!) la mirada de un mundo opuesto al de la familia protagónica y se une a ésta porque el padre es un cineasta de prestigio, de aquellos considerados “dinosaurios” por la industria, que intenta hacer un film autobiográfico con el protagónico de su propia hija, que es actriz de método, del elenco del teatro nacional de Oslo. Pues en medio de todo este proyecto movilizador hasta el tuétano irrumpe la figura de la joven hollywodense. Un rompecabezas pequeño, pero profundo. Cine adulto para un mundo adolescente. Rankea en los primeros puestos de esta lista de 10 candidatas.
Frankenstein

Si hay alguien que es campeón intercontinental en surfear la estupidez hater que habita en casi todos los mundos (y también en el del cine, claro está) ese es Guillermo Del Toro. Metido en la industria hasta las narices, pero sin resignar nada de lo que pretende desde lo artístico para sus películas, Guillermo se ha convertido en una suerte de Alfred Hitchcock, no por su estilo, sino por ser comercial, popular, pero único en su serie. Y renueva ese voto de “tener el duende” en ésta, su adaptación de la mayor manifestación gótica de la historia de la literatura: el Frankenstein de Mary Wollstoncraft Shelley. Si uno repasa analíticamente los más destacados y perdurables elementos de la nouvelle de María: espanto por hybris, falta de equilibrio en el anhelo científico que desemboque en una transgresión desafiante y violenta contra la naturaleza y -finalmente- la degradación del propio espíritu romántico en la metáfora de crear vida desde la carne muerta... pues bien, todos esos elementos están plantados en el film de Del Toro de manera brillante, meticulosa y fantástica, como a él le gusta hacerlo siempre. Hay una dirección de arte cojonuda, actuaciones conmovedoras, planteos de cámara sólidos y estéticamente bellos en medio de un festival de descomposición corporal y moral, ¿qué más querés, mejillones?. Lo han jeiteado a mares y lo seguirán jeiteando -en ese sentido empata con “Sinners”- pero, al igual que con la candidata de vampiros, el tiempo hará que los odiadores pasen al olvido y esta versión del viejo, espantoso y querido Frank pase a la galería de clásicos del cine. Amén.
Hamnet

Pocas películas pueden adjudicarse el honor de hacer que el público corra a buscar el libro en el que se basó el film. “Hamnet” es una de ellas y podríamos ponerla dentro de un listado súper heterogeneo, que incluye “La insoportable levedad del ser”. “Naranja Mecánica”, “Alguien voló sobre el nido del cucú”, “El Padrino” o en Argentina, por ejemplo, “El secreto de sus ojos”. La novela de Maggie O'Farrell que mira de cerca una de las más profundas experiencias de vida (y muerte) que vivió William Shakespeare, lo hace desde el punto de vista de Anne Hathaway, la esposa del bardo. Todo es súper femenino en el relato, pueden odiar ese enfoque las bestias anti woke, pero es así. En la película esa condición permanece intacta, no en vano la directora es mujer (la realizadora china Zhao Ting) y su coguionista es ni más ni menos que la mismísima O'Farrell. Al newen (el poder/fuerza/impronta) femenino de esta obra, súmenle grandes aciertos con la inclusión de conceptos filosóficos y espirituales que el occidente judeo cristiano entiende como “panteístas”. Zhao sabe de “panteísmos”, de hecho su hermosa película debut “Songs My Brothers Taught Me” cuenta una bella historia familiar desde la cosmovisión del pueblo nación lakota. Bien, dicho todo esto, lo cierto es que el resultado final de “Hamnet”, con todos estos condimentos en danza, es este film y no otro: original, contundente, que evoca la figura de una de las personas que más arte le legó a este planeta, sí, pero por sobre todo invita a la sensibilidad . Sensibilidad, otra necesidad básica de la humanidad en estos años de individualismo opa. Al podio.
Bugonia

Dicen que Yorgos Lanthimos se repite y se repite. Joseph Conrad y Gabriel García Márquez también. ¿Alguien puede decir dónde estaría el problema?. “Bugonia” es una fantasía de ciencia ficción que arranca desde la etimilogía de la palabra: bugonia era una expresión griega que servía para dar cuenta de la generación espontánea de la vida. Si todo yace, todo nace. Ejemplo práctico: Virgilio en las “Geórgicas” da el ejemplo más sintético de la bugonia y da cuenta que del cadáver de un novillo nacen espontáneamente todo tipo de insectos voladores y que ese cúmulo de vida crea, por ejemplo, enjambres de abejas y nuevas colonias de vegetales. Todo yace, todo nace. Contarles esto es casi un espoiler, pero no argumental, sino filosófico Sobre este espíritu de generación espontánea de la vida, Lanthimos construye una acidísima comedia de humor negro sobre un dúo de alienados lúmpenes de MAGA que secuestran a una CEO de una multinacional farmacéutica porque consideran que es extraterrestre. Conspiranoias, soledad, violencia, desigualdad, nihilismo, ternura. Metan todo eso en la licuadora genial de Yorgos y sale este peliculón que hace que el trío conformado por Emma Stone (como Michelle Fuller, la CEO), Jesse Plemons (como Teddy, el apicultor conspirador) y Aidan Delbis (como Don, fiel compañero de Teddy) la rompan de todo rotor. De las mejores actuaciones del año, los tres. Excéntrica pero llevadera. Pegadora, te quedás días y días rumiándola. Al podio de las mejores películas del año.
Marty Supreme

La pregunta que te hacés después de ver “Marty Supreme” es ¿por qué me siento un poco irritado? La respuesta no es fácil de encontrar, al menos no con la velocidad del simplismo. Hay que bucearse. Lo primero que uno halla es cansancio, pues hemos estado 149 minutos corriendo detrás de Marty Supreme, que corre más que nosotros. Y corre moralmente, no solo físicamente. Esto ya se lo habíamos visto al director del film, Joshua Safdie, quien junto a su hermano Benny (hoy baneado por permitir una violación en el set de una película anterior) nos entregaron “Uncut Gems”, otro relato trepidante desde el giuón, la edición y montaje y la actuación (aplausos para Adam Sandler). A los Safdie les sienta que sus protagonistas sean neuróticos. El mundo actual colecciona neuróticos. Todo está en sintonía. Esta es una muy buena película, que ridiculiza con una mordacidad inteligente el ansia por american dream que anida en la gente común de los EEUU desde la post guerra y hasta nuestros días. ¿De qué es capaz una persona en norteamérica para perseguir sueños de triunfo personal? ¿A cuántas personas del entorno se pueden pasar por arriba? Preguntas de este tipo se pueden contestar en el cine con testimonios devastadores o con un sentido del humor filoso y negro. Safdie toma la opción dos, la mezcla con la vertiginosa manera de montar y -no dándote respiro- te va metiendo en un mundo que es mucho más grande que lo que aparenta ser: la mera ficcionalización de la biografía de un jugador internacional de tenis de mesa. Todos entramos a “Marty Supreme” por ahí, para ver como Chalamet interpreta más o menos genialmente a ese capo del ping pong del que no sabemos demasiado. Maldita trampa: la película es una comedia, sí, pero sobre la ansiedad desmedida de las personas por ser alguien en una sociedad que muchas veces celebra con aplausos a los buitres trepadores. Bien ahí.
El Agente Secreto

Si este es un dossier escrito por una persona y no por una IA, como es el caso, tiene que haber una película favorita por sobre todas las otras. Esa película es ésta. ¿Se elige esta porque es latinoamericana y el que escribe el dossier es latinoamericano? No, pero sí. “El Agente Secreto” nos llega a los latinoamericanos de más de 50 porque sabemos como fue vivir dentro de dictaduras militares, es cierto. Habla nuestro idioma socio cultural, pinta nuestros personajes cercanos y enfoca una geografía que conocemos, la de sudamérica bajo las botas. Pero acá entre el No dentro del Sí. “El Agente Secreto” no es un film como “La Historia Oficial”, ni siquiera como la recientísima “Aun estoy aquí”. Quiero decir: no es un testimonio directo y lineal sobre un acontecimiento ejemplar y emblemático que muestre a las claras la represión y el totalitarismo. No hay redadas ilegales, capuchas, detenciones violentas, prisioneros torturados... hay un clima flotante, nada explícito, que muestra los efectos dsvastadores y desarticulantes de las dictaduras latinoamericanas (con foco en la brasileña, claro) desde un punto de vista más sutil, pero súper estructural. Esta película de Kleber Mendonça Filho es un punto altísimo dentro de un estilo narrativo que el tipo viene desarrollando desde hace casi 15 años. Todo comienza en “Sonidos de cercanía” de 2012, su primer película larga, en la que unos vecinos burgueses de recife se dan el coco contra la pared al intentar resolver qué es exactamente lo que les genera la llegada de una empresa de seguridad privada al barrio. El último escalón antes de llegar hasta este agente secreto es “Bucarau” (2019) donde la tesis de la convivencia rota es llevada al límite en una pelicula de terror adrenaliquísima que es uno de los mejores ensayos antropológicos de este siglo dentro del cine latino, por lejos. Así llega Kleber hasta la actualidad, contándote como te desmembra la dictadura, pero con acciones civiles/militares/académicas/mundanas que parecen desconectadas, pero se unen todas en el mismo espantoso clima de época. La película no es una seguidilla de golpes bajos, es una concatenación de acontecimientos en torno a un profe universitario, científico investigador, al que la vida se le va a ir al carajo, primero en escalones suaves, pero reales; luego en los otros, los violentos. No hay espoiler aquí, pero digamos que “El Agente Secreto” te muestra cómo un totalitarismo destruye como bomba atómica el tejido de las sociedades aislando a sus personas hasta dejarlas solas y sin intenciones de nada, o muertas en un zanjón. Pero -repitamos- no hay un solo zanjón en toda la película, eh. Punto aparte para ese micro corto dentro del film, el de la pierna peluda, que es casi como “El Amante Menguante” de Almodóvar, que brilla por su surrealismo dentro de un drama hiper realista como “Hable Con Ella”. Ya, déjense de embromar: denle el Oscar a mejor película y a Wagner Moura por haber protagonizado con tanta profundidad al ser humano promedio víctima de una dictadura en Latinoamérica. Ésta es la diez de diez, y por lejos.
Sueños De Trenes

Hete aquí a la niña oculta de esta premiación, película pequeña, historia pequeña, contexto enorme. En la norteamérica que va construyendo su sino industrial como potencia, a fines del Siglo XIX, un leñador huérfano busca el sentido de la vida en las cosas sencillas que la misma vida le irá arrebatando. A veces es el destino, a veces es el progreso. Mientras intenta disipar la melancolía de lo que ya no está, Robert se va haciendo viejo, muy de a poco, frente a nuestros ojos, con la parsimonia del bosque que reverdece tras el incendio, pero con la misma carga de silenciosa tristeza. Fuerza y tristeza. Ambas cosas. Esta es una película de vida, por eso está atravesada por duelos. Una sociedad yace y otra nace frente a los ojos de Robert, suavemente, porque así ven sus ojos, pero el cimbronazo es enorme, tan grande como el país que quiere ser imperio. Aun así vemos todo a través de los ojos de Robert, los de Robert y los del bosque, nunca hay una ciudad, aunque el mandato del progreso aparece en el tren, y en los sueños del tren. Mientras tanto una nueva vida va surgiendo para Robert, de a poco sobre las cenizas del duelo. Vamos a entrar con él a esa nueva esperanza, que sigue siendo melancólica y cargada de soledades. El sentimiento es dulce, no queremos dejar de ver el film. De pronto aparece la ciudad, con su oropélica oferta de sueños por cumplirse de manera inmediata, Robert sabe sacar provecho de eso, por cuatro dólares. No se cuente más, porque ya es espoiler. La película es un poema suave, sencillo y contundente. Si Marty Supreme corre lleno de Neurosis, Robert Gravier está en las antípodas. Al final, sobre los títulos, canta Nick Cave. Tiene razón el personaje del viejo Al: “todo es hermoso”, “¿Qué cosa?” le pregunta Robert. “Todo, cada detalle” dice Al. Véanla. Está en Netflix.








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