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¡Los dos Anicetos de Favio!

hace 11 minutos
5 min de lectura

Aniceto 1: Aquella Elsa Daniel, la Francisca de Leonardo Favio



Por Hilda lópez


FICHA TÉCNICA:


Título original

“Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco,

comenzó la tristeza y unas pocas cosas más...”


Año 1966/ Duración 63 min./ dirección Leonardo Favio/ Guión: Leonardo Favio, Carlos Flores, Jorge Zuhair Jury/ Reparto: Elsa Daniel, Federico Luppi, María Varner, Edgardo Suarez/ música: Los Wawancó/ fotografía: Juan José Stagnaro.


Hace muchos años conocí a Elsa Daniel, la actriz que desde la pantalla grande mostró la inocencia de una chica provinciana conquistando a la generación de los años 50/60. Yo me encontraba en Buenos Aires durante un tiempo y buscaba (como colaboradora) notas para el diario La Mañana de Neuquén.


Entre algunos contactos, alguien me acercó el numero de teléfono de Elsa Daniel. Hablé con ella, con su voz pequeña, suave me atendió con mucha amabilidad y me citó en su casa para tomar el té y conversar. Elsa vivía en calle Salguero, en un departamento pequeño y sobrio. Vivía sola, acompañada por una mujer de origen peruano, morena, atenta, grata.


Recorrí las paredes de su casa mirando fotos de sus trabajos en el cine, con sus directores, a quienes se refirió con afecto y admiración mientras contaba anécdotas y recuerdos de cada experiencia. Habló con pausas extensas atravesadas por silencios cargados de recuerdos con la mirada fija sobre el té de su taza. Fue una nota que quedó grabada en un cassete que está en el archivo de mis cosas y en mi memoria. Una mujer de frágil apariencia, con la voz de una niña que guarda secretos, con el pudor en las palabras para nombrar lo cotidiano y su sonrisa que despertó en mi una extraña ternura.


Elsa Daniel había nacido en San Lorenzo (Bs.As.) y de muy joven se vinculó con las revistas de moda del momento, aquellas donde muchas perseguían para aparecer como figuras y ,¿porqué no?, llegar a la fama.


Revistas Idilio, Nocturno, nombres que titilaban ante sus ojos y el concurso que la eligió: “Miss Sonrisa Colgate”. Salvador Salías, un productor de la época, la descubrió llevándola al cine para ser protagonista de su primera película, “El abuelo”. A partir de entonces, más de treinta films la tuvieron en el centro de la pantalla grande. Fue inspiradora, se la recuerda como musa, de Leopoldo Torre Nilson y su mujer, Beatriz Guido (guionista, escritora) para películas como “La casa del ángel”, “La caída” y “La mano en la trampa”. Otro de los directores estrellas de la época, Mario Soficci, la incluyó para su film “Isla brava” (1958).


El amor giraba en los sets y la atrapó con Rodolfo Kuhn, director, con quien se casó y tuvo su única hija, Roberta. Uno de los films que la talló en la memoria de la historia del cine argentino fue, sin dudas, la dirigida por el magistral Leonardo Favio: “El romance del Aniceto y la Francisca”, con Federico Luppi y María Varner en los roles principales.


Cuando vi la película una y otra vez, pensé en ella. Hoy pienso en ella y vuelve la ternura a invadirme. Es la Francisca que eligió Favio para contar una historia de amor que, solo con la ingenuidad de una chica como Elsa Daniel, podía interpretar. Una vez más, la emoción de Favio y sus duendes.




Aniceto 2: la última locura de un genio



Por Fernando Barraza


FICHA TÉCNICA


A casi veinte años de su estreno, las polémicas sobre si Favio debía o no debía volver a filmar su propio film están casi disueltas en la nada, lo que es toda una alegría. La mejor manera de entender por qué Leonardo hizo esta nueva versión de su segunda película es leerlo a él mismo, prestando atención a algunas cosas importantes que opinó y dijo en diferentes entrevistas. Favio por Favio. A ver... ¡veamos!


Sobre cómo nació la idea de encarar nuevamente al Aniceto:


"Siempre intuí que Aniceto daba como para un ballet, para llenar esos silencios, hacer una película más pictórica, otra historia dentro de esa historia. Ves, por ejemplo (muestra unas fotos), esto es un campamento de gitanos, que en un momento dado queda así, transfigurado. Estamos trabajando en este estilo. Es una película donde convergen todos los elementos, fundamentalmente la pintura y la danza. Y la música, claro, que la hizo Iván, el mismo chico que compuso la de Gatica, que es impresionante. Es una película, no sé cómo decirlo, muy... rara. Pero no porque yo me lo haya propuesto. Surgió así. Fijate vos. En el último cumpleaños de Niní Marshall estaba Lino Patalano y, en un momento dado, se me acerca y me dice: “¿Nunca pensaste en hacer un ballet con El romance...?” Y yo sí lo había pensado, pero quería escuchar qué me decía él. Y comenzamos a charlar y eso me dio más coraje. Entonces vine y empecé a trabajar y trabajar. Primero era un proyecto para hacer en teatro. Después Iván me convenció de llevarlo al cine. Y empezamos a trabajar el guión. Hasta que finalmente se hizo. Te va a sorprender el nivel actoral. El Aniceto es Hernán Piquín, un bailarín clásico impresionante. Y las dos chicas, la Francisca y Lucía, son dos bailarinas de excepción, Natalia Pelayo y Alejandra Baldoni".


Sobre la libertad que le dio a los protagonistas de no apegarse al primer Aniceto:

"No obligué a nadie a ver el primer film, porque no tiene nada que ver. Además, yo voy marcando el más pequeño detalle de la actuación, no tenía que ser lo mismo que antes. Ha sido un trabajo muy bonito. Es inútil, cuando te rodeás de gente talentosa no te podés equivocar. Estoy feliz con la obra, estoy muy feliz. Es la primera vez que puedo ver una película mía como si fuera ajena, como espectador de la obra. Yo ahora bajo, comienzo a compaginar, a trabajar, a ajustar detalles, y la observo como una película de otro realizador. Eso es muy importante. Quiere decir que algo ocurrió con esta obra, que puedo tomar distancia, rápidamente, no como antes".


Sobre la "aparición de Dios" en la nueva versión a través de la música:

"Miraba el viejo Aniceto y sobre los silencios ponía Beethoven, Bach, Tchaikovski, cosas así. Y después cómo no voy a pensar que interviene Dios en todo esto, cuando tengo a mi lado a esa especie de milagro que es Iván Wyszogrod. No bien entró en el proyecto tomó los demos y empezó a volar haciendo una música espectacular. Al principio pensamos que se trataba de una obra de teatro, pero después nos dimos cuenta de que podía ser una película y una muy linda. Y con las chicas pasó lo mismo, no necesité ver a nadie más. Son de una belleza y un nivel actoral extraordinario. Vos decís que Dios asiste a los equipos que yo dirijo, pero también hay que saber buscarlo.


Sobre volar inetntando concretar sueños altos a nivel imagen:

"En el primer Aniceto aparecía una “rascada”, un espectáculo precario con actores y una puesta mediocre, vulgar sobre un escenario en el que un angelito era izado con sogas a la vista, pero en Aniceto cumplí mi sueño de hacer una película como las de ese pionero de la fantasía cinematográfica que fue Georges Méliès, y esta vez me permití volar en esa dirección. Nunca estuve tan feliz con una obra mía. Hay enormes telones con cielos pintados por personal del Teatro Colón.


Ahora sí, yaperos y yaperas... ¡veamos al nuevo Aniceto!



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