• P. Montanaro

Nota sobre Juan Gelman, por el periodista Pablo Montanaro

Hace siete años moría en México, el poeta y periodista argentino Juan Gelman, una de las voces más destacadas de la poesía hispanoamericana.


En los años ‘80, con la respiración entrecortada propia del exiliado, Juan Gelman escribió un luminoso poema llamado "Ruiseñores de nuevo" en el que decía: "en el gran cielo de la poesía/ mejor dicho/ en la tierra o mundo de la poesía que incluye cielos/ astros/ dioses mortales/ está cantando el ruiseñor de keats/ siempre/ pasa rimbaud empuñando sus 17 años como la llama de amor viva de san juan/".

Juan Gelman 1930 - 2014
Juan Gelman 1930 - 2014

No creo exagerar si en ese gran cielo de la poesía incluimos al mismo autor de estos versos, en representación de los que luchan por la vida, en representación de sus lectores que nos hemos deleitado con cada uno de sus poemas que nacen de lo más profundo y vital de la emoción, para abrigarnos, consolarnos, exaltarnos a través de la palabra que como bien dice el poeta "calla lo que dice", a pesar que siempre la poesía quiere nombrar algo y "solo termina en el silencio".

Realidad, verdad y belleza son los puntos cruciales del estilo poético de este poeta, periodista y militante que nació en Buenos Aires un 3 de mayo de 1930 y murió en México, a los 83 años, el 14 de enero de 2014.

Hijo de emigrantes judíos ucranios, ejerció diversos oficios antes de dedicarse al periodismo. Por su actividad profesional y política vivió en el exilio entre 1975 y 1988, residiendo alternativamente en Roma, Madrid, Managua, París, Nueva York y México. En 1997 ganó el Premio Nacional de Poesía en Argentina; el Juan Rulfo en 2000; en 2004 el Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde; en 2005 los premios Iberoamericano Pablo Neruda y Reina Sofía de Poesía. En 20097 ganó el Premio Cervantes.


Autor de una obra compuesta por más de treinta títulos entre los que se destacan Violín y otras cuestiones (1957), Cólera buey (1971), Citas y comentarios (1982), Interrupciones II (1986), Carta a mi madre (1989), Salarios del impío (1993), Dibaxu (1994), Incompletamente (1997), Valer la pena (2001), País que fue será (2004) y Mundar (2007), entre otros.


Conoció la poesía a los 5 años, oyendo a su hermano mayor recitar a Pushkin en ruso. A los nueve se enamoró de una vecinita de Villa Crespo, pero ella no entendía ruso, y no le impresionaba nada oírlo recitar, así que él copió unos versos de Almafuerte y se los mandó. Cuando vio que la cosa no daba resultado, empezó a escribir él los envíos. La vecinita nunca se enteró de lo que había originado en ese pibe del barrio de Villa Crespo que muchos años después se consagraría escribiendo versos.

El estilo poético de Gelman tiene una marca indeleble que es la cotidianidad, la mirada hacia la ciudad, los gestos y actitudes de lo humano, la escritura, los asuntos de lo social y lo político, que se conjugan una y otra vez creando sus obsesiones: el amor, la niñez, la revolución, el otoño, la poesía y la muerte.

Pero, sobre todo, su poesía estuvo signada por la búsqueda de lo esencial, tratando de conjugar las circunstancias exteriores con las del corazón como requería el poeta francés Paul Eluard.


Alguien dijo que el poeta hace del espanto un motivo de reflexión y de la reflexión un encuentro con la belleza y la vida ante tanto desamparo, ante tanto dolor. "Los rostros donde crecen/ asoman/ continuados/ a este sol/ alguna vez al sol de la justicia", escribió el poeta.


Gelman busca que la palabra poética diga algo, ponga una marca aún en el silencio. Por eso escribió en el poema "Poderes": "como una hierba como un niño como un pajarito nace la poesía en estos tiempos en medio de los soberbios los tristes los arrepentidos".

Su obra poética es el resultado de un ininterrumpido trabajo con la palabra y con sus obsesiones; esa búsqueda de seguir escribiendo «a ver si alguna vez te encontrás con la señora, para seguir persiguiendo lo inaferrable”.


De 1956 – año de publicación de su primer libro, Violín y otras cuestiones- hasta Incompletamente, aparecido en 1997, pasaron cosas en un país que le marcó la ruta del exilio en 1975 y que recién en 1988 (cinco años después de la vuelta de la democracia en la Argentina) lo dejó volver para poder decirle: “ayudame a juntar todas mis almas/ no me dejés de vos/país/paisame”.

Ciertas (extremas) circunstancias, le fueron exigidas con las durísimas implicancias que provocaron en su vida (exilio, compañeros desaparecidos y otros asesinados por la última dictadura militar en el país, su hijo Marcelo muerto, la esposa de éste también muerta después de dar a luz a un bebé cuyo paradero el poeta desconoció durante varias décadas).


Gelman inauguró una voz, una marca expresiva que tomará cauce en un grupo importante de poetas de la generación de los años ’60 y 70. De algún modo de Gelman “caen caminos para que los pies de la poesía caminen”, parafraseando el homenaje que le hiciera a César Vallejo en el poema «Ruiseñores de nuevo».


En una entrevista, explicó eso de las obsesiones y lo ejemplificaba con la figura de un caleidoscopio “que no tiene más de cuarenta o cincuenta pedacitos de vidrio, pero a medida que uno los va girando aparecen muchos dibujos, no infinitos pero muchos, y yo creo que lo que se muele dentro de uno- como obsesión y como relación con el lenguaje y con la vida- va produciendo ese movimiento de caleidoscopio por el cual una palabra, en un conjunto de palabras, se va ubicando de distintos modos como los pedacitos de vidrio, pero la que hace girar el caleidoscopio es la mano… y en el poema, ¿será la vida?, ¿será no sé qué?, ¿será que una misma obsesión te visita de otro modo?”.


En cuanto al viejo y remanido tema de poesía social, poesía política, poesía militante, y otros tantos rótulos con las que se definió, en torno a los textos y libros de Gelman, digamos que, como bien advierte el propio autor, no debe caerse en “consideraciones sociológicas”; y agrega que la mayoría de los poemas escritos en los años ’60 no eran combativos, sino que eran de temática amorosa.


Ejemplo de ello es el libro “Salarios del impío”, el cual gira en torno a la temática del amor y a la vez de la búsqueda de esa palabra esencial, pero que casi es impronunciable. El tono es ahogado, acaso ¿más trágico?, con palabras que ya han sido gelmaneadas, quiero decir que ya han sido habitadas y cobijadas por la voz poética: “El peso de la palabra llega desde una piel tendida, furia o pena, niñez./El vacío del hondo, apoyado en el viento» o “Mora en la sombra la palabra que te nombraría. Cuando te nombre, serás sombra. Crepitarás en boca que te perdió para tenerte”.


En sus últimos libros como "País que fue será" y "Mundar", nos encontramos con un Gelman más reflexivo sobre sus búsquedas existenciales, políticas y poéticas. "El día que vino y se fue / será un gran día", escribió en "País que fue será", intentando definir la nostalgia y el paso del tiempo; pero sigue expectante por lo que vendrá: "en mi puerta el sol dora pasados por venir".


En "Mundar" se puede constatar una manera de pensar la realidad porque el poeta escribe para saber algo del porqué de la vida, de la historia en general y para saber qué le pasa.

El misterio de la poesía no cesa como el misterio de la vida misma. Y eso es lo que ha llevado a Gelman a una labor poética intentando que la poesía le hable al ser humano "no como ser hecho, sino por hacer".


Una labor poética, un vivir con la poesía que ni siquiera se detuvo con los dolores sufridos, los propios y los ajenos, porque como bien dice el poeta "la poesía viene del fondo de los siglos y ninguna catástrofe natural o de mano de hombres ha podido cortar su hilo poderoso. Es un hilo que nos une a todos y sólo se acabará cuando se acabe el mundo".


Una búsqueda incensante

El 24 de agosto de 1976 su hijo Marcelo fue secuestrado en Buenos Aires junto con María Claudia García Iruretagoyena. Ella tenía 19 años y estaba embarazada de siete meses. La pareja fue llevada al centro clandestino de detención “Automotores Orletti”, una sede del Plan Cóndor. Los restos de Marcelo fueron encontrados en 1989 por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). De María Claudia se supo que fue trasladada por oficiales de la Fuerza Aérea uruguaya al Servicio de Información de Defensa (SID). María Claudia y Macarena estuvieron juntas hasta aproximadamente diciembre de 1976 en esa dependencia de Montevideo. Los represores dejaron el 14 de enero de 1977 a la beba en una cesta en la puerta de la casa de la familia del ex policía Angel Tauriño. Después de años de búsqueda, su abuelo Juan la encontró en los primeros meses de 2000.

Pablo Montanaro es periodista y escritor. Ha publicado numerosos libros de biografía, ensayo y poesía. Es autor del libro “Juan Gelman: esperanza, utopía y resistencia” (Ediciones Lea, 2006).


Pablo Montanaro

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