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¿Obra en demolición?


Por María Aurelia Martínez


Aquello de la lucha de clases. ¿A quién se le ocurrió? ¿Recuerdan? Pasaron años y sigue… sigue … y sigue.


Una de esas clases es la CLASE MEDIA. Esa misma que siempre ha creído estar muy lejos del extracto más bajo de la sociedad. Sin embargo, de estar tan lejos, últimamente, ha pasado sin aviso a despertarse “chupando un palo sentado en una calabaza” (Nano Serrat).


Donde el individualismo gana terreno la estamos viendo hacer malabares para mantenerse en el “medio”. Por debajo de ella hay una clase empobrecida para la que no es importante la ubicación, tiene el problema del día a día, mientras que por arriba están las clases altas, que tampoco tienen que plantearse nada porque tienen todo resuelto. La clase media argentina (que representó por décadas el núcleo del país próspero) sufre una crisis que no tiene antecedentes. ¿Desaparece? Hoy todos los medios de comunicación presentan estudios de aquí y de allá para establecer cuánto tiene que ganar una familia para “ser de clase media”. Se parece a una apuesta perversa.


Siempre hay ejemplos que pueden servir para entender la “nueva batalla cultural” (es la misma siempre) que hoy socava ese temperamento histórico tan fuerte y significativo.

En los primeros años de la década del cincuenta, Arturo Jauretche ofreció una conferencia en un auditorio con estudiantes universitarios de Bahía Blanca. Viendo que sus explicaciones sobre las influencias de la cultura importada navegaban en la incomprensión de los asistentes, optó por ir a un ejemplo concreto. Pidió a los presentes imaginen un planisferio mundial y, una vez en su mente, ubiquen ahí a la Provincia de Buenos Aires y a la ciudad de Bahía Blanca. ¿Dónde las ha ubicado?, le preguntó a uno de los estudiantes que había dibujado un planisferio en el pizarrón. Abajo y en el sector izquierdo del mapa. “¿Por qué, ahí?”, repreguntó Jauretche. “Porque así está en el planisferio” fue la respuesta.


Era lo que esperaba escuchar el escritor. En esa respuesta se encuentra la dominación cultural. En el infinito estelar donde navega nuestro planeta no hay arriba ni abajo. Profundizando la explicación Jauretche le señaló al alumno: “El hemisferio Norte esta arriba y el sur se encuentra abajo porque el Mercator, que es el planisferio más difundido y el que usted tiene en su cerebro, fue realizado en el hemisferio norte. Aún más, los planisferios hechos por Norteamérica tienen en el centro a América, mientras que los que están hechos en Europa tienen al viejo continente en el centro”.

La clase media sostiene esta batalla. A continuación, un ejemplo.



El 63% de quienes se perciben dentro de este estrato social afirma haber tenido que resignar servicios o actividades habituales, principalmente ocio (54%), ropa (38%), vacaciones (31%) y plataformas de streaming (23%).


El estudio revela que la clase media representa actualmente el 43% de los hogares argentinos, frente a un 52% de clase baja y apenas un 5% de clase alta

Según el informe, el país pasó de ser una “Argentina con aspiración de clase media y códigos comunes” a “tres Argentinas desconectadas”:


Una clase alta orientada al futuro.

Una clase baja centrada en la supervivencia.

Y una clase media atrapada entre el miedo y la incertidumbre


(Fuente: “Pensar Social – Noviembre 2025” de la Fundación Pensar junto a Casa Tres)


Por último cito a la periodista española Cristina Fallarás que escribió magistralmente:

La clase media es una cortina de baño, es la cortina detrás de la cual copulan alegremente el Estado y ese (simbólico) 1% de la población que tiene el dinero.


Aquí, a este otro lado, sobre la baldosa, todas, todos, somos pobres. Más o menos pobres, o sea no ricos. Clase trabajadora.

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