• Rubén Boggi

Detrás de cámara

El mundo actual está perfectamente testimoniado por las pequeñas cámaras insertas en los teléfonos celulares de la gente. Todo, o casi todo, queda registrado. Desde la más horrenda tragedia hasta la comedia insulsa de la vida cotidiana. El ser más importante para la humanidad del siglo XXI no es el que está frente a cámara, sino quien está detrás de ella, grabando el momento.

La tecnología que ha posibilitado esta reciente costumbre -habrá que esperar para ver si dura o se atenúa o desaparece- no solo es la de los teléfonos inteligentes, sino, fundamentalmente, la que fundamenta el desarrollo de las redes sociales. Pues, todo, o casi todo, lo que se registra, se difunde simultánea o posteriormente en la virtualidad pasmosa de Facebook, Twitter, Instagram, o cualquiera otra de las muchas que siguen apareciendo.

Esto ha instalado la importancia de quien está del otro lado de la cámara, quien, a veces, ocupa los dos lados simultáneamente, pues basta tocar con el dedito y la cámara se vuelve hacia uno mismo, se transforma en autorretrato parlante en movimiento, y uno es, a la vez, actor y camarógrafo del suceso, sea este cual sea.


Quien está detrás de cámara, registra todo con una asombrosa imparcialidad y sangre fría. Si hay alguien matando un semejante, lo graba. Si un auto le pasa por arriba a una viejita, lo graba. Si un machirulo golpea a una dama, lo graba. Si es al revés, también graba. Y sube después, a las redes sociales, el resultado de su habilidad testimonial. Esto, que sucede, es impresionantemente profundo. Ya no importa impedir un crimen, sino denunciarlo. Ya no importa una falta ética, sino darla a conocer. No es importante una agresión sexual, sino tener el video y que lo vean millones.


Es el mundo gobernado por quienes están detrás de cámara.
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La Yapa. SAB 12:00Hr - AM 550
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