¿Otra vez la marcha de la bronca?
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Por Hilda López
Hay un lugar donde los recuerdos se instalan como propietarios definitivos. No se mueven de ahí aunque los intente echar a patadas la nostalgia. Se quedan, y en algún momento se asoman para decirnos: estamos. Hoy ese recuerdo se llama Miguel Cantilo.
Podríamos decir de él que es un rockero talentoso, hippie, flaco y colorado, pero es, además, de esos amigos que llegan y se quedan aunque no estén presentes físicamente.
Miguel vino a Neuquén un par de veces junto a Jorge Durietz, como el dúo Pedro y Pablo que lleva varias décadas recorriendo el mapa musical del país y exterior. Antes habían sido “Cronopios” y eran tres con Miguel Cerviño, pero desde el año 1968 decidieron ser dos.
Así los conocí personalmente a ambos cuando se presentaron en el año 1992 en Neuquén.
Recuerdo que llegaron a nuestra casa donde vivíamos con Chiquito Diaz, con un estilo familiar, cercano, amigable, de confianza. Los invitamos a comer y me pidieron que no fuese el plato con carne. Eran vegetarianos o, al menos, no carnívoros. Charlamos de los recitales, de la experiencia de conocer lugares, gente, de la marginación de sus canciones, del exilio y de el Bolsón, pequeño territorio chubutense, parte de los amores de Cantilo. Les conté que yo conocí la “Marcha de la Bronca” en ese paisaje patagónico, de noche, en una plaza con un puñado de escritores que participábamos de un Encuentro como tantos, y que fuimos desalojados por “exceso de ruidos”. Es cierto: cantábamos a viva voz y a viva bronca.
La comida y la charla siguió con la calidez que ellos transmitían en cada frase, en cada mirada. Al despedirnos, Miguel me dejó su libro de poemas “Señales de vida”, con la siguiente dedicatoria: “Para Hilda y Chiquito, mis amigos del Comahue, este pequeño ramo de secretos desde los más sano de mi intimidad”. En el tiempo hubo contactos telefónicos, alguna nota para la radio y el libro de poemas con la opinión de Maria Elena Walsh, que, como guardián de mis recuerdos, lo tengo sobre mi mesa de trabajo.
En estos tiempos de tanta movilidad social, tanto grito expresado y contenido, tanto dolor en un planeta que se deshumaniza, la “Marcha de la bronca”, vuelve a muchas gargantas y a aquel almuerzo, aquella plaza, a ese amado colorado que está en mi corazón. Pienso, ¿otra vez tenemos que cantarla?. Si, otra vez.
Pero Cantilo tiene mucho más para decir. Está en sus muchas canciones y en su libro que atesoro amorosamente.








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