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Otras grandes pelis en el día del Cine Argentino

Esta es la segunda parte del dossier que arrancamos hace dos días, cuando celebrábamos la efemérides del Día del Cine Argentino recomendando cinco hermosísimas películas nacionales que iban desde la década del 40 a la del 70 del siglo pasado.


En esta segunda parte recomendaremos cinco films más, comenzando por la década del 80, en plena primavera democrática, y llegando hasta nuestros días.


¡Pasen y disfruten de esta segunda entrega!


Película Número 6: “No Habrás Más Penas Ni Olvido” de Héctor Olivera (1983)


Con el advenimiento de la democracia y su primavera cívica espléndida (ninguna de las personas que hayamos vivido aquellos años podremos olvidar que hermoso y que fortalecedor que fue todo) llegó esta película sacudidora del panorama de un cine argentino que -en sintonía con el todo- reverdecía.


No debe existir un argentino en toda la historia de la república que haya amado y odiado tanto al peronismo como Osvaldo Soriano. Por eso fue hermoso que Héctor Olivera (que venía empapado de energía tras haber rodado “Los viernes de la eternidad” un año y medo antes) tomara la pequeña nouvelle “No habrá más penas ni olvido” del gordo Soriano y -con la ayuda implacable de la pluma de Roberto Tito Cossa- la convirtiera en una de las películas que se yerguen como una de las más importantes de aquel periodo del regreso de la democracia.


En “No habrá mas penas...” tanto Soriano como Olivera/Cossa cuentan la historia de dos facciones peronistas, una de izquierda y la otra de ultra derecha, que se pican y se enfrentan en el pueblito de Colonia Vela (a kilómetros de Tandil) hasta que las cosas llegan a un punto en el que lo que parecía grotesco y comediante, vira a una auténtica tragedia. La vida misma, bah.


Brilla el film con una cinematografía bien clásica de los 60's y 70's (el estilo estético de Olivera) y un super casting que incluía a un seleccionado de verdaderas bestias de la actuación como Federico Luppi, Víctor Laplace, Héctor Bidonde, Rodolfo Ranni, Miguel Ángel Solá, Julio De Grazia, Lautaro Murúa, Graciela Dufau, Ulises Dumont, Raúl Rizzo, Patricio Contreras... ¡y la lista sigue!


La secuencia inicial del auto/propaladora con camuflaje de dragón recorriendo el pueblo es al día de hoy de lo mejor que dio nuestro cine como belleza aislable. Ni que hablar la secuencia del avión y la mierda de Ulises Dumont. Sumen a todo esto la impecable banda sonora de Oscar Cardoso Ocampo. Que genialidad, por favor. Todo.


Para verla y salir a buscar una vez más dentro de esta tragicomedia las respuestas sobre por qué en Argentina somos como somos. Bien vale la pena...





Película Número 7: “Pizza, Birra y Faso” de Bruno Stagnaro e Israel Adrián Caetano (1988)


Si hubo un eclectico cine de primavera democrática, plagado de testimonios crudos, pero con mensajes de esperanza; también hubo uno que solo un lustro más tarde salió a ponerle la cara al vendaval de hambre y asimetría que el neoliberalismo del Nuevo Orden Mundial había venido a traer.


Allí donde la aventura posible de “con la democracia se come, se educa y se cura” se resquebrajaba y sobrevenía una etapa durísima de políticas democráticas entreguistas, el hambre y la degradación social empezaron a hacer mella y los jóvenes directores y directoras de lo que más tarde se llamó “El Nuevo Cine Argentino” encendieron sus cámaras.


“Pizza, birra y faso” fue la primera película en irrumpir con este mensaje de rugosidad social, adelantando lo que sería el lenguaje narrativo de los 90's, década áspera si las hubo en la historia de este país, eh... por más que ahora se la quiera disfrazar con tocados de flores y el regreso de Yuyito González. Acusada de apologista de la delincuencia por la prensa conservadora de la época. Muchos de los nombres de los que pusieron el grito en el cielo, aun están al aire hoy, 35 años más tarde.


Tan violenta como tierna, tan realista que es poética. “Pizza, birra y faso” es uno de esos films que añejan y no pierden un ápice de su belleza y fuerza, por más que lo que van contando es casi el pasillo al cadalso de sus marginales protagonistas.


Sin romantizar la pobreza, poniendo la cámara cerquísima de una generación de pibas y pibes (¡millones!) que vivieron requetemal en los 90's, esta ficción pide a los gritos que prepares una pizza, lleves los platitos a la mesita de enfrente del tele y te sientes a verla con tus hermanos/as, hijos/as o nietos/as de menos de 18 años. Cuando termine se agarran de la mano, se miran y comienzan una de las charlas más profundas que puedan darse sobre lo que fue vivir todo aquello frente a la clarísima posibilidad de que todo se repita una vez más.





Película Número 8: “Felicidades” de Lucho Bender (2000)


Bueno, sigamos andando el camino social que el cine argentino tuvo desde que regresó la democracia. Dijimos que hubo cine de primavera democrática, y que más tarde hubo cine que mostraba el camino a la desgracia de una sociedad que caía en el pozo de la crisis macroeconómica impulsada por las políticas de la década del 90. Pues bien, en el último año de esa dácada llegó a los cines la ópera prima en cine del publicista que había creado un personaje del que hablaba todo el país: Walter (encarnado por Daniel Hendler) protagonista de una serie de cortos publicitarios de Telefónica.


Inmensa fue la sorpresa para todas las personas que fuimos al cine a ver la película sin mayor contexto ni expectativa que la de ver en pantalla a un casting atractivo, plagado de actrices y actores populares por aquellos días: Gastón Pauls, Pablo Cedrón, Silke, Alfredo Casero, Cacho Castaña, Luis Machín, Carlos Belloso y Marcelo Mazzarello. Al salir de la sala no nos quedaban dudas: habíamos visto una película que entraba a la historia grande del cine argentino.


Y por varias razones.


Desde estético y narrativo veíamos por primera vez una excelente película coral, con pequeñas historias entrelazadas, género que el cine nacional hasta allí no había explorado con demasiado buen pulso. Desde lo argumental veíamos una verdadera sinfonía cómica pero profundísima del ánimo colectivo, del espíritu anímico de aquella época: los días de crisis que desembocaron en el argentinazo de 2021. Con la excusa de contar un puñado de historias en la víspera de la nochebuena de 2000, Bender y Cedrón (coguionista del film) sacaron a pasear a sus personajes en un país medio gris, pero que acariciaba sus propios colores en un mar de soledades, confusiones y situaciones un poco bizarras, pero totalmente posibles.


Tierna, pero mordaz, excelentemente bien contada y bien actuada, una película que podemos ver hoy como para recordar (quienes estuvimos alli) como estaban nuestros ánimos por aquellos días, o para mostrar a quienes no estuvieron cómo podemos anudarnos en nuestras propias soledades cuando el rumbo colectivo se pierde. Y todo eso riéndonos de a ratos. Genial.


Finalmente lamentar la partida temprana de Lucho Bender, un cineasta que nos dejó solo este film y las ganas inmensas pero malogradas de seguir disfrutando de más relatos suyos.





Película Número 9: “El Hombre De Al Lado” de Mariano Cohn y Gastón Duprat (2009)


Si “Felicidades” pintó las soledades de la pre-crisis 2001 de manera coral, esta película del dúo Cohn/Duprat (hoy famosos por series como “Nada” o “El Encargado”) llegó casi diez años después para retratar otra realidad social, una que nos dejó la post-crisis y la estabilización económica de las clases medias y bajas tras el vendaval: el individualismo.


Este film cuenta la historia de Leonardo y de Víctor, dos vecinos que tienen un conflicto a raíz de que uno de ellos, Víctor, quiere abrir una pequeña ventanita en la pared medianera que da al patio de la casa de diseño (ni más ni menos que la Casa Curuchet) en la que vive Leonardo. Este simple acto de convivencia malograda, tan pero tan fácil de resolver, se va al carajo y atraviesa por picos de tensión tan tirantes que hay que tener una muñeca bien firme para ponerlos en pantalla. Pues el dúo Cohn/Duprat en esto es capo.


Montados sobre la comedia negra, Rafael Spregelburd (Leonardo) y Daniel Aráoz (Víctor) despliegan lo mejor de sí a nivel actoral para contarnos el por momentos violento partido de ajedrez convivencial que disputan un snob diseñador industrial de autor con ínfulas ultra burguesas y un vendedor de autos usados de la clase media baja.


Diez puntos de diez para esta película que le cuenta las costillas a la tan preciada moral del individualismo.


Warning: verla es pararse frente al espejo y preguntarse en voz alta a uno/a mismo/a si veces no somo medio (o del todo) soretines, eh...






Película Número 10: “Moreno” de Virna Molina y Ernesto Ardito (2013)


Desde hace 20 años en Argentina hay un dúo creativo inseparable y contundente que ha hecho del cine su medio de expresión más importante: son Virna Molina y Ernesto Ardito.


Con el estreno de “Raymundo”, documental que aun hoy es moderno y potente, saludaron al unísono junto a otros directorxs argentinxs para poner en pantalla una nueva manera de hacer cine en el país: la de este siglo. Quince premios internacionales y cuarenta festivales celebraron aquel debut.


Así la vara quedó bien alta desde el comienzo de esta alianza de pareja para el cine, pero en dos décadas de laburo Virna y Ernesto se ha ido perfeccionando y no han hecho más que crecer.


En 2013 todo aquello que habían sugerido como cosa innovadora en sus dos primeros filmes -en tanto planteo de texturas de imagen y sobre todo en esas maravillosas y elaboradísimas ediciones de sonido- estalló como una bomba atómica en “Moreno”, el documental sobre Mariano Moreno que realmente le pintó la cara a la rancia historia mitrista que nos han contado desde siempre sobre la Revolución de Mayo.


Y fueron más allá del cimbronazo ideológico revisionista: ¿podía contarse esta historia que ellxs narraron con ambientaciones de época inusuales, con un fuerte guion apoyado en lo epistolar -como si fuera una novela decimonónica- y con ediciones de imagen y sonido casi de video clips de cine experimental sin marear a las personas que la vieran? Sí, se podía. Y eso pasó, y lo hicieron en 2013 -hace diez años- cuando esa estética aun era vanguardia. Hoy es bastante habitual, es cierto, pero hace diez años se la jugaron toda.


Hay que sentarse a mirar este film, porque es una potente manera de entrarle a nuestra propia historia. No está liberado en YouTube ni en ninguna otra red social gratuita de videos, pero sí está en CineAR, la plataforma gratuita de cine argentino que esperamos ningún gobierno se lleve puesta por un mero (y destructivo) capricho ideológico...



Bueno, hasta aquí llegamos. Nos faltaron películas de la última década, de la historia más reciente y fresca, es cierto. Pero lo bueno sería que vos te sientas con motivación para seguir viendo y buscando cine argentino con tu propio radar del corazón.


Che, y nos interesa saber: ¿a vos qué películas del cine argentino te gustaron mucho, pero mucho? Te leemos en comentarios, contanos ¡dale!


Aguante el Cine Argentino

Aguante todo

1 Comment


Gracias por esta selección. Saludos.

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