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Rap, barrio y gente rota: el ADN de Homer el Mero Mero.

En pocos años, se convirtió en unos de los neuquinos más conocidos del mundo. Adonde va, lleva con orgullo la bandera de su provincia. Este 5 de junio prepara un show épico en su regreso a la capital neuquina.



Hace poco menos de una década, Lucas Darío Giménez, Homer el Mero Mero, metió todo en una mochila y se fue a Buenos Aires casi sin ninguna certeza. Sabía que tenían algo bueno entre manos. Unos meses antes, él y su amigo Tomás Campos, CRO, habían creado Bardero$, un proyecto de música urbana que daba forma a lo que ambos venían haciendo con las batallas de Freestyle en las plazas de Neuquén y la Patagonia. En poco tiempo, pisaron fuerte en la escena nacional y sólo un poco después, juntos y también con sus proyectos individuales, salieron a contarle al mundo qué pasa en los barrios neuquinos y de qué está hecho el rap en el sur argentino.


Homer nació en Cutral Co hace 34 años, el 5 de junio de 1990. Morocho, de sonrisa luminosa y mirada profunda. Es muy fácil reconocer en él a uno de los nuestros, nacido y criado no sólo en esta tierra, sino en este pueblo. Su historia de vida es parecida a la de muchos de nuestros pibes. Fue a la primaria a la Escuela N°152, frente a la Plaza San Martín; a la secundaria al CPEM 58, y más tarde, al Centro 6. Cuando era niño, tenía el sueño de ser jugador de fútbol, aunque siempre le gustó la música. En su casa se escuchaba folklore, tango, rock.


“Fui por diferentes géneros, nunca me cerré en uno solo. Alimentarse de mucha música es lo mejor que le puede pasar a un artista. Me veo muy influenciado por Luca Prodan, José Larralde, Cafrune. Me han marcado mucho. Fui rescatando un poquito de cada uno y ahora lo vuelco en mis letras”, dice.


El Homer en Cutral Co

Un día se encontró de frente con el Freestyle. Tenía poco más de 20 años cuando su hermano Troca lo introdujo en ese mundo. “Era 2013, mi hermanito estaba a full con las batallas. Así que empezamos a tirar algunas rimas, algunas bases. Empecé a practicar, a buscar raperos de otros lados”, explica Homer. Tenía talento, lo hacía bien, encontró en el rap, sobre otros estilos, una identidad. Y en poco tiempo pasó de freestalear en la plaza a conquistar las batallas y luego los escenarios.

“Antes de arrancar a hacer música empecé a escribir poesía, escribía muchas cosas en los cuadernos sobre mi vida, a las que les fui buscando rimas. Siempre estuve intentando con el juego de palabras, desde muy pequeño que lo hacía con las payadas”, explica.


Vicera, capucha, una palestina atada al cuello para bancar el frio del invierno cutralquense; un pibe haciendo el beat de caja y bombo con una mano en la boca; rodeado por los ñeris del barrio y batallando contra alguno: todo empezó por ahí. Para esta generación la plaza fue el potrero: el sueño de representar a los suyos en otras canchas, el poder jugar entre hermanos, la posibilidad de salida de realidades con muy poco que ofrecer.


“Lo que está pasando ahora con este género es lo que pasaba con el rock nacional, aunque quizá el rockero lo debe ver un rango más abajo. Pero yo veo que hay bandas de rock impresionantes y otras malísimas; hay gente que tiene una calidad musical tremenda que no es muy conocida. Lo importante es qué y cómo se digan las cosas. A veces no tiene que ver con que sean conocidos o no, o con el estilo que se elija”, afirma Homer.

Genuino, auténtico, real: Homer recorrió cientos de escenarios de Argentina y Latinoamérica llevando las canciones de su ya muy amplia discografía, que cuenta con más de 250 millones de reproducciones en Youtube. Colaboró con artistas de la escena como Bizarrap, Cazzu, L-Gante, Duki, Ysy A, entre muchos otros. Se animó a la actuación -en lo que siempre está capacitándose- cuando protagonizó Panash, la película del director alemán Christoph Behl que narra en clave de drama algo de la escena del Freestyle en una villa argentina. Sigue construyendo junto a CRO esa pieza potente por demás que es Bardero$, con la que el año pasado cerraron una gira increíble llenando un Luna Park. También junto a él, es parte con orgullo de la MDB Crew, un colectivo de rap patagónico que se fundó en Neuquén del que también son parte Franky Style, Chulu y Troca.


“Pregúntale a raperos si han visto alguna mentira en los versos del Mero. No, parcero, porque lo escupo verdadero. Porque tengo la sangre paisana y alma de bardero”, rima en Original Gangster.

Homer no para de soñar grande, aunque hoy lo único que lo moviliza es la fecha del 5 de junio en Neuquén, porque si hay algo que jamás dejó de ser es una cría de Cutral Co, uno de los nuestros.


El Mero está en la casa

Cuando era pibe, acompañó a su mamá a ver a un cantante romántico que tocaba en Ruca Che. El lugar, la puesta en escena: todo lo impresionó. “Uh, yo quiero hacer un show acá”, se dijo, sin imaginar que unos años después lo iba a estar cumpliendo.

“La verdad que es un sueño, algo que todavía no lo puedo creer. Es justo el día de mi cumpleaños y decidimos festejarlo con toda gente cercana a mí, de Neuquén, de la Patagonia. Va a ser un día inolvidable”, afirma Homer.


Y aunque dice que siempre le “da mucha emoción cada vez que hay que hacer un show”, y que sea acá o en cualquier lugar del mundo, la “adrenalina y el disfrute son el mismo”, lo que va a pasar en Neuquén el 5 de Junio, cuando llene su primer Ruca Che, lo define como “histórico y épico”.

Promete un show largo, donde no sólo va a recorrer los clásicos de sus primeros discos y los más actuales, sino que va a presentar su nueva obra ADN: Argentino de Nacimiento.


Barrio Peligroso

“ADN trae la raíz del Rap latino, al que se sumaron a colaborar muchas figuras de Latinoamérica, de países como Uruguay, Venezuela, Colombia, México. Tiene la esencia de lo que vine aprendiendo en todo este tiempo, de lo suburbano. Unos temas bien de calle, que marcan mis raíces, pero también un disco más perfeccionado, de un Homer más maduro”, asegura.


Homer es reconocido por sus pares porque dentro de la escena urbana se paró sobre el rap, pero sobre todo, porque pudo hacerlo desde un lugar verdadero. Hace muchos años atrás, incluso antes de ser Eva Perón, Cutral Co se llamó Barrio Peligroso. Entonces estaba a la vera del olvido, al margen de un Estado, siempre castigado por la hostilidad del clima. Después pasaron los años, el escenario cambió y lo que no, se conquistó en una pueblada. Pero hay algo en esa esencia que permanece.



Del Peñi Trapun, el barrio del Homer, a cualquiera de los lugares que recorre en Latinoamérica, hay una diferencia, por supuesto. Cada geografía con su folklore. Hay otras formas de alimentarse, de besarse, de amar. Hay otros abismos, otros infiernos. Pero hay una herida en común, una marginalidad tan de base que pareciera ser de raíz: lo que va dejando un sistema despiadado. Homer lo decía con claridad en una entrevista que dio hace unos días a un streamer: “Donde hay dinero hay droga y donde hay droga hay delincuencia”.


Los pueblos aprendieron a responder con identidad, construida a base de religiosidad y códigos, como una forma de subsistir a la violencia y al olvido. La música urbana vino a ponerle luz a eso que nos cuesta mirar, vino a decirnos al oído que lo que duele es real, como dice Homer en Carlos: “Tanto vivir entre matones aprendió lecciones. Balazos para aquel que caga en el lugar que come. De bardo en bardo fue pasando bien su adolescencia. Lo respetaba hasta el más ampa de la delincuencia. Fumaba nieve todo el día y perdía la conciencia. Y así salía por el barrio pa' marcar presencia”.



Homer, a sus 34 años, logra lo que tantos dirigentes políticos, soñadores y artistas se propusieron: se para desde su propia historia y encuentra un denominador en una esencia marginal que convierte en música.


“Siempre me siento orgulloso de ser de la Patagonia, de ser argentino. En cada lugar donde voy me encanta contar mi historia, la historia de mi gente. Espero que este 5 de junio estén todos ahí, vamos a vivir una jornada histórica. Ojalá que lo puedan disfrutar de una manera sana, una manera tranquila. Que cuiden a quienes los acompañen. Les quiero mandar un abrazo grande a toda la gente”, dice Homer con entusiasmo y también con un poco de ternura, como todos los que vuelven después de mucho tiempo a casa para encontrarse a celebrar con la familia.


“Abrió el silencio que encerraban sus palabras sometidas, ese indio, que por letras tenía su vida misma”, decía Jorge Cafrune en Cante señor. Y también: “Cantor que cante a los pobres, ni muerto se ha de callar, pues ande vaya a parar, el canto de ese cristiano, no ha de faltar el paisano, que lo haga resucitar”.



De esa raíz viene Lucas, Homer el Mero Mero, un pibe criado con lealtad a los suyos, un niño del Cutralcazo, de viento, jarilla y zanjón, que entendió que la poesía es lo que habita la huella propia y que la música es la posibilidad de hermanarnos. A eso nos invita: a una fiesta de rap, barrio y gente rota; a salir del olvido; a mirarnos de frente con un pibe salido del potrero de las rimas.


Rayen Guerrero Dewey - Nota y fotos de LM Neuquén #homerescultura #layapacomparte #rayenguerrero #lmneuquen

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