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Rock, clase laburante y recetas repetidas

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Por Fernando Barraza


Se viene una nueva reforma laboral en Argentina y la impulsa el arco ideológico que históricamente se ha comportado de manera conservadora con las clases laburantes y de manera flexible y beneficiosa con los poderes dominantes de la economía encumbrada. Ahora que se viene tal sogazo inminente, que les puede generar tensión social, ¿cómo hacen ellos para intentar pasar con el visto bueno de una sociedad entera tamaño desbalance?:


1) Se lo va disfrazando de acción novedosa, modernizante, superadora, necesaria.

2) Se va intentando implementarlo en verano, cuando la sociedad se encuentre desmovilizada tras otro año asfixiante.

3) Se va invirtiendo una buena cantidad de dinero en comprar voluntades en medios y en influencers con llegada, que avalen cada párrafo del texto de la Ley con apego religioso y demonicen y traten de perimidos a cada uno de los argumentos que pongan en tensión este choreo.


Bueno... son viejas triquiñuelas, ¿no? Tan viejas como Maquiavelo. Quizás más viejas aún. Todo teñido de “nuevo”, claro.


Pero atención amichis, no nos pasemos de agoreros y apocalípticos, eh, porque quien quiera prestar un poco de atención, con todas las herramientas informáticas que hay a mano, a un golpe de smartphone nomás, podrá apreciar clara y sencillamente que nada de lo que sucederá en apenas semanas -cuando se pisoteen desde el Congreso muchos de nuestros derechos como ciudadanos laburantes- no es algo “nuevo” y ya nos ha sucedido antes, y de la misma, burda y despótica manera. Y sin embargo hemos logrado hacer fuerza para que no se la lleven de arriba. Y han tenido que retroceder en más de una oportunidad.


Es que hay que atinar amigas y amigos, porque el desnivel en la fuerza de correlación entre quienes trabajan y los pocos que usufructuan esos trabajos para vivir a pleno en su mundo de privilegios, viene barajado de manera inequitativa desde la antigüedad más antigua.


No es ninguna novedad que el comportamiento humano de explotación siempre ha estado presente, y que el hoy famoso meme del hombre que en la primera viñeta se ríe del mono por primitivo y en la segunda recibe la lacónica respuesta del mono, que le dice: “¡al menos yo o tengo que vivir para generar dinero que solvente mi alimentación y habitat!”, está más vigente que nunca.


Esto de la sebadura en explotación siempre ha pasado -es triste admitirlo, eh- pero la maquinaria se terminó de aceitar de manera perfecta y hasta disfrazada de“democrática” desde el Siglo XVIII, desde la instalación masiva de la primera revolución industrial. Fue a partir de allí, en ese momento bisagra de la historia contemporánea, cuando fue necesario comenzar a producir a escalas metropolitanas y de a miles o millones de unaidades de productos, de “cosas” que nosotros mismos consumiríamos. Entonces, frente a esa nueva dinámica y “realidad” social, cada 40 o 50 años se hizo necesario ir remozando el discurso de los ajustes y quitas de derechos laborales con consignas disfrazadas de “la novedad para el progreso” para un “mundo nuevo” que -como dijo Michel Peyronel antes, y ahora está del lado de los conservadores- en realidad es “¡Usado!”. Así se escribio el manual para que este mundo actual funcione.


Sintetizando y sin ponernos demasiado pesados: desde el XVIII, cada medio siglo, o menos, se realiza una serie de reformas laborales que intentan hacer retroceder a las y los laburantes. No en todos lados son iguales, pero sí son parecidas. Por lo general las cosas comienzan sentando jurisprudencia en los parlamentos de los países ancumbrados económica e industrialmente y -desde ese parnaso- van bajando parecidos modelos de flexibilización y recorte de derechos al resto del planeta.


En países como el nuestro, la Argentina, lo hemos visto en oleadas conservadoras, y en todas ellas se busca que se naturalice socialmente el sogazo promoviendo un discurso hegemónico de “necesidad imperiosa de efectuar cambios que nos permitan crecer” so promesa de “salir adelante” o “empezar a ser un país enserio” y bla bla bla. Una parte importante del insonsciente colectivo, compra, por eso es importante no reírse demasiado del chamuyo liberal, porque es efectivísimo.


Pero ojo, eh, porque el comportamiento humano siempre ha traído reacción tras la acción. Y aquí está lo interesante.


Demos un ejemplo para no estar hablando sobre el viento de la nada misma.


Veamos un caso puntual dentro de la historia universal del rock que por ahí una parte grande del gran público no conoce. Es un ejemplo inglés, de 1973, nacido en plena “Crisis del Petróleo” en Gran Bretaña, cuando los paros por desempleo y condiciones laborales indignas desembocaron en las manifestaciones sociales más crudas del Siglo XX en las islas británicas. En el corazón mismo del capitalismo europeo, bah.


Gran Bretaña venía de dos décadas de crecimiento en la que fue llamada como la “Golden Age” (edad de oro), en periodo de post guerra, tiempo histórico que hizo que -casi por obligación-laboristas y conservadores se tuvieran que poner de acuerdo en la reconstrucción y consolidación económica colectiva, con una inyección fuerte en la inversión en el sector público (35-40% del PIB), con fomento y creación de pleno empleo y un crecimiento social significativo sentando en las bases de un plan al que llamaron “Estado de Bienestar moderno en el Reino Unido”, plan transversal que duró -en alternancia de gobiernos conservadors y laboristas- hasta finales de los sesenta del siglo pasado.


Pero en solo un lustro la cosa se degradó y se convirtió en crisis, y en 1973, amigas y amigos, Inglaterra estaba viviendo una crisis social y económica profunda. ¿Cómo se fue de una cosa a la otra? Se preguntará más de uno. Bueno, todo arrancó con un factor inesperado: una crisis energética originada por el embargo petrolero acaecido durante la guerra de Yom Kipur, cuando los miembros árabes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OAPEC, parte de la OPEP) decidieron imponer una total clausura de envío de combustibles fósiles a las naciones occidentales que estuvieran en contra de la causa árabe. Inglaterra estaba en ese paquete.


El cierre de la canilla llevó a la crisis, y al gobierno británico a declarar en menos de tres años el estado de emergencia, a implementar la semana laboral de tres días para ahorrar energía, a generar desempleo estatal y tolerar legalmente el desempleo privado -que sucedió de a millones- y a enfrentar la más alta inflación de la historia de Gran Bretaña, que era menos que las de Macri/Fernández/Milei, por supuesto, pero ese es otro tema ¿no?.

Lo cierto es que en medio de un maremoto social importante, el Primer Ministro conservador Edward Heath tuvo que llamar elecciones anticipadas, resultando de allí una sucesión de gobiernos laboristas minoritarios, con mucho descrédito social en la clase política, con el grueso de la gente votando sin ganas, no yendo a votar o votando mediante la bronca a os outsiders (¿les suena?). Este despelote total continuó durante el resto de los setenta, con una situación de crisis y de incertidumbre social crecientes.

Bueno, pero esperá, no abramos tanto el abanico. En resumen, y para no irnos mucho en los años, volvamos a 1973. que fue el año del inicio del periodo más difícil para la clase laburante británica de la segunda mitad del siglo XX, la llamada "Crisis de los Años 70", que fue la pura tensión social a nivel masivo.


Pues en noviembre de ese año, y aun sin saber si iban a conseguir una buena cantidad de material para imprimir los discos de vinilo (que se fabricaron y fabrican con plástico dereivado del petróleo), se editó el quinto disco de estudio de la agrupación Black Sabbath, conformada por cuatro personas a las que les iba medianamente bien en el mundo del estrellato musical, pero que -a pesar de estar en ese microclima en el que suelen encerrar a las estrellas- no olvidaban que eran seres sociales nacidos en de la clase trabajadora de Birmingham, que -dicho sea de paso- era una de las ciudades más afectadas por aquella crisis.


Aquel disco de los petit working class heroes nació en un contexto bastante especial dentro de la historia de la banda. Aquellos días de “Sabbath Bloody Sabbath” (asi se llama la criatura) fueron los primeros días de experimentación musical que la banda vivía tras haber editado cuatro trabajos de estudio antriores, medianamente similares y articulados por una misma línea estética. Ese camino de repetición de fórmula -como a cualquiera que repite fórmula en cualquier asunto de la vida- los saturó un poco. De allí la necesidad de hacer algo un poco distinto para este disco o -caso contrario- empalidecer estancados y apagarse como banda.


En este buen clima de experimentación, el disco resultó algo novedoso, y el cambio sirvió para que su público les renovara el acompañamiento, tanto que los mantuvo en las certificaciones de venta platino en Inglaterra y en EEUU. Pero ¿saben qué?: el efecto renovación les dejó un coletazo extra, como una suerte de efecto no esperado, porque el disco -por más que se lo repasara en mesa empresarial discográfica una y otra vez- no traía lo que claramente podía tomarse como un single o un corte de difusión total.


No, no. No había en toda la placa una canción inmediatamente pegadiza y radiable como lo habpian sido “Paranoid” o “Iron Man”, ni siquiera había una balada llegadora como “Changes”. Tanto así era la cosa que el single oficial, editado por Vertigo Records en 7 pulgadas en enero del 74, fue la canción homónima al nombre del álbum: “Sabbath Bloody Sabbath”, una composición potentísima en su crudeza metalera que -calculamos- no muchas radios habrán queridos pasar en horarios convencionales del te con sones.


Y miren ustedes que anticonvencional que fue todo en torno a este asunto de “no hits” que el simple de la canción “Sabbath Bloody Sabbath”, en su edición original de época, traía la antesmencionada balada “Changes” -¡que era del disco anterior!- en el lado B. Inclusive en algunos países se lanzó el simple incluyendo como lado B al instrumental “Fluff”, que era una suave aventura acústica creada en conjunto por Tony Iommi y el maestro Rick Wakeman como invitado en piano, clavicordio y sintetizadores. Así de “rarita” fue la cosa.


Pero lo notable aquí -y lo que nos devuelve al concepto del rock con el protagonismo de un grito necesario, que es lo que en verdad queremos destacar- es que la canción que escogió la compañía para enviarle a las radios británicas y así promocionar el disco, no fue el “Sabbath Bloody Sabbath” sino que resultó ser un tema que no fue editado como single, pero sí fue elegido sin dudas por la emprsa por sintonizar perfectamente con el espíritu de crisis del momento. Y esa canción fue “Killing Yourself To Live” (matándote a vos mismo para vivir), un temaiken total en el que la banda cabalgaba sobre un potente ritmo que transmitía muchísima energía, un fuerte newen de puño en alto. A la par, la letra de Geezer Butler (nota: en algún momento la historia oficial del rock deberá dejarse de joder y darle el lugar que se merece entre las mejores plumas del rock a este hombre) enunciaba y denunciaba sin tapujos -de manera explícita- el espíritu de una juventud explotada y desocupada en masa. Y mientras la banda iba bien arriba desde el ritmo y la armonía, Ozzy se partía la garganta gritando:


Cómo me mira la gente

Y cómo se queda mirando

Bueno, no creo que me importe

Si uno se pudre en vida

¿Y ellos qué te dan?

Solo te matas para vivir


¡Matándote a vos mismo para vivir!

¡Matándote a vos mismo para vivir!


Mira a tu alrededor, ¿qué ves?

Dolor, sufrimiento y miseria

El mundo no estaba planeado para ser así

Es una pena que no lo entiendas


¡Matándote a vos mismo para vivir!

¡Matándote a vos mismo para vivir!


¡Te lo digo!

¡Cree en mí!

Nadie más te lo dirá

¡Abrí los ojos!

¡Y mirá las mentiras!


Crees que estoy loco y nena,

Sé que es verdad.

Antes de que lo sepas

Creo que vos también te vas a volver loca.


No sé si estoy arriba o abajo.

¿Así que creés que soy yo el extraño?

Es que nunca has tenido que hacer un cambio...

Más nunca entregues tu confianza

Porque lo terminarás pagando

Hasta el día de tu muerte.


¿Vieron?... ¡1973! De esto hace ya más de medio siglo. La reflexión sobre este caso se cae de madura y recalcarla sería subestimar a quienes vienen leyendo este artículo.


Pues entonces volvamos al principio de este escrito: ¿Adónde catzo estaría lo nuevo cuándo nos hablan de la “novedosa” reforma para la flexibilización laboral en Argentina? Listo, chau, me voy. Está todo dicho.


Nos vemos en las calles. De fondo suena “Killing Yourself To Live”, y después se le pegará “Us And Them” (ellos y nosotros) de Floyd, que es del mismo año. Y de ahí saltaré a “London Calling”, “Wellcome To The Machine” y “God Save The Queen” -entre otras- porque si los británicos tienen un gen imperialista, también tienen protestones hermosos, de esos que hay que abrazar cuando las papas queman en cualquier lugar del mundo en el que los bribones del poder intentan pasarse de listos.


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