Siguiendo la luna
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Actualizado: hace 22 minutos

Por Fernando Barraza
Ruca Che, 21.30 del sábado. El humo de las máquinas comienza a tirar bocanadas espesas y dulces desde el escenario. Tres cuartos de hora de estupenda música dub comienzan a sonar a un volumen un poco más interesante en estos últimos diez minutos. Eso en la jerga recitalera -se sabe- es que ya va a arrancar la cosa en breve. Algunas luces parpadean sobre el escenario, los técnicos corren como hormigas prendiendo amplificadores, poniendo botellas de agua aquí y allá y acomodando linternas leds en lugares clave. El notable retrato de Gerardo "Toto" Rotblat, el gran percusionista de la banda, que falleció repentinamente hace ya 18 años, mira al púbico desde un costado de la tarima de la percusión, solemne en la foto, presente porque es familia.
Las luces se apagan, la gente delira.
Comienza a sonar "El Genio del Dub" con su mesmerizante ritmo que va y viene entre el sonido club clash a lo latino, como si fuera una pelota de ping pong paleteada por dos campeones mundiales. Tres generaciones de neuquinos deliran. Saben que van a bailar y salta sin poder evitarlo por un par de horas intensísimas, pero también saben que van a cantar a garganta pelada casi dos docenas de canciones que los representaron, construyeron, que les ayudaron a soñar, a divertirse y a resistir y que hoy -recién llegados porque tienen 20 o menos, o reincidentes mirando la carretera treinta años para atras porque tienen mas de 45- les siguen prendiendo fuego el espíritu.
El primer subtexto de la noche llega cuando Vicentico rapea sobre el dub: "Ey, sudamericano, presta atención a lo que te voy a proponer: no te levantes si no vas a terminar lo que empezaste a romper". Bien... tarea para el hogar a quienes hayan querido escuchar con atención. Los Cadilacs son así: en el medio del clima festivo siempre hay una oportunidad para que te atraviesen pensamientos y sentimientos sociales que te llegan disparados desde dentro miso de la canciones. Nunca son crípticos, como podrían ser los del Indio, con ese decir surrealista; tampoco son de activismo político a la Negu Gorriak. Los Fabulosos tienen su propia sensibilidad para los mensajes sociales, sino pregúntenle a Manuel Santillán el León, o al Matador, o a los narradores de Carmela o del Saco Azul. Hay una fibra en las plumas de la banda que no hay en ningún otro grupo de habla hispana. Si a eso le sumás la contundencia aplanadora de su música, pues tenés lo que tenés: una leyenda popular viva.

El concierto comienza arriba, y jamás decrece. Pase lo que pase la banda sintoniza con cada persona del estadio, pues eso hace la familia LFC, aquí, en el Ruca Che, en un desenchufado en Miami, o en el zócalo del DF frente a 300 mil personas. Pues aquí, en territorios del abrazo entre el Limay el Neuquén, hubo tiempo para todo tipo de climas:
"Interiores", con una version de CJ, la gran canción de amor tango/jazz que Vicentico le compuso a su chica, Valeria Bertucelli, cuyo motivo musical principal -una meliflua y espectral melodía que en la versión de estudio es tocada con sintes y voces- es ahora ejecutado en guitarra por Florian Fernández Capello (¡el hijo de ambos!) en un pase de magia que ni el mismísimo Lacan se hubiera imaginado en mil cavilaciones inspiradas. Momentazo.
"Inflamables", con la infaltable inclusión en el set de Quinto Centenario, la canción que los Cadillacs escribieron en sencilla y potente clave de protesta frente a la ola negacionista del genocidio a los pueblos originarios de todo Abya Yalla durante esa fiebre celebracionista de los 550 años del "descubrimiento de América" que sobrevoló en 1994. Si por aquellos años la canción fue disruptiva, hoy -frente al embrutecimiento terraplanista de algunas relecturas de la historia que se vienen haciendo- es aun más necesaria. Desde el público, en medio del pogo, se escucharon varios "¡Marichiwew!" que lo certifican.
"Fueras de serie", como cuando el Señor Flavio quedó solita su alma en el escenario y, con el sonido más garagero que te puedas imagina,r comenzó un solo de bajo que tuvo como eje vertebrador el Himno Nacional Argentino, pero sin dejar de pasar por Sucio y Desprolijo de Pappo o Post Crucifixión dle flaco como si nada importara más que lo que el corazón le iba dictando.
"Existenciales y empáticos", que hubo varios, como en los antesmencionados Carmela y Saco Azul, canciones con dos narradores omniscientes que nos advierten cosas profundas sobre el devenir de los días. Pero el punto culminante de esta veta, la existencial, estuvo con la kilométrica y fascinante versión de Los Condenaditos, canción en la que los Cadillacs adultos interpelan al desangel que puede estar viviendo una gran parte de nuestra juventud más joven, tan apremiada por lo alienante de los días. Esa letra es puro y desgarrado amor. Amor al futuro. Pues en la versión un poco dubera que están haciendo en vivo hay tiempo de vivir sub climas importantísimos dentro de la misma canción, como cuando Vicentico -sin que la banda deje de tocar Los Condenaditos- canta un fragmento de El Fantasma (del hermoso disco La Salvación de Solo y Juan), o cuando canta completo La Última Curda, el tango más existencial de todos los que te puedas imaginar. El climax de esta versión se da, precisamante, cuando Vicentico termina de cantar este tangazo de Troilo y Castillo y estalla el estribillo rioplatense tarareado de Los Condenaditos con imágenes de caballos corriendo librs a orillas del mar... ¡cuánta belleza!.
Y esto también hay que decirlo: los LFC te construyen -escénicamente- climas maravillosos, con efectos de pantalla muy sutiles y perfectamente dosificados, con poco y bello. Capos. Una clara demostración de que no hace falta tanta saturación de información sobre el escenario. Una bendición visual.

Es una verdadera tentación agregarle a la sucesión de momentos del concierto una sección que se llame "sumamente efectivos", pero eso con los Cadillacs es totalmente imposible, porque poseen un catálogo tan extenso que no tienen un solo lado B en sus listas de escena. Es decir: todo es 300% efectivo en términos de cómo cada canción le llega al público. Hay, sí, posibilidades cronológicas; tiempos para irse para atrás con bombas atómicas como Contrabando De Amor o Yo No Me Sentaría En Tu Mesa y momentos mucho más cercanos en el tiempo. Todo fue perfecto... aunque faltó Roble (siempre hay una demanda incumplida, ¡ja!).
Hablar sobre los niveles de ensamble musical de la banda es redundante. No debe quedar un solo ser humano en todo Latinoamérica que dude del potencial efectivo como músicos de los Cadillacs sobre el escenario. Si cuarenta años no han bastado para darse cuenta: usted es sordo. Eso se sintió en el Ruca Che, y volvió en clamor continuo durante todo el concierto.
Por último decir algo que tiene que ver más con el espíritu de época que con una crítica puntual sobre algo: habida cuenta de que NADIE bajará el volumen de los conciertos en vivo (esa es una realidad incambianle) las productoras de conciertos deben empezar a tomar enserio la tarea de concientizar a los espectadores en el uso de proteción auditiva para ir a ver música en vivo donde los sistemas de sonido sean potentes. No es una cuestión generacional, anoche hubo un montón de personas quejándose del tinnitus al salir, mientras caminaban de retirada del Ruca Che, o a la distancia, en los lugares donde se paraba a cenar algo. Los sistemas son cada vez más precisos y límpidos y permiten una potencia extraordinaria que pareciera que los sonidistas están dispuesos a explotar. En festivales como el de Wacken Open Air (el festival metalero, potente y cabezón mas grande del mundo, que se hace en el campo, a mas de cien kilómetros de Hamburgo) se reparten tapones de protección con cada entrada y se la pasan advirtiendo durante los tres días que dura sobre la importancia de usarlos. Parece una pastilla de viejo quejoso este párrafo, pero deberíamos empezar a hablarlo, porque del volume alto establecido como estándar en los conciertos, ya no hay marcha atrás. Productoras y estados deberían acompañar un poco este temita de salud pública.
Bueno, pero que no sea esta queja lo último que cierre una crónica como ésta. Más bien un "¡gracias inmensas Cadillacs por este viaje de calidad y emoción gigantes!" sería algo más propicio ¿no?. Que así sea.
El video es una gentileza del programa Neurock de FM La Propaladora















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