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Tal vez la primavera...

hace 10 horas
2 min de lectura

Por Mario Cippitelli


Voy caminando por Avenida del Trabajador para comprar en una verdulería nueva que está en una esquina y me encuentro con la sorpresa que los dueños pusieron un puesto de flores en la vereda.


Hay una gran variedad de formas y colores, pero me quedo fascinado con una especie muy particular y le pregunto a una chica jovencita que está charlando animadamente con una clienta, cómo se llaman “estas florcitas tan bonitas”.

“Deda….dedad (cierra los ojos y piensa) dedaleras, así se llaman”, me contesta.

Saco el teléfono celular y comienzo a tomar algunas fotografías tratando de acercarme lo más posible para ver los detalles.


“Son preciosas; yo no las conocía”, aporta una señora entusiasmada que acaba de comprar un ramillete de dedaleras blancas.


Y sí, realmente son preciosas. Hay de varios tonos, pero todas por igual tienen en su interior un estampado de pequeñas pecas que contrastan con el color dominante.

Me tomo unos minutos y las miro de cerca, mientras busco las mejores tomas. Son delicadamente exquisitas; parecen tener algún parentesco lejano con esas orquídeas que suelen florecer en los climas y selvas tropicales; son tan frágiles y bonitas que bien podrían decorar las mesas más refinadas de cualquier restaurante con estirpe Michelin.



Me quedo extasiado contemplando aquel jardín improvisado, mientras siguen llegando potenciales clientes que tenían como objetivo la verdulería, pero que frente a ese concierto de colores y aromas son atraídos como si fueran abejas hambrientas.

Entro al local, compro algunas frutas y verduras y retomo mi camino, pero apenas me alejo unos metros me doy vuelta para mirar el puestito antes de perderme en el barrio.


Por primera vez, la cuadra sombría de veredas desprolijas y pequeños canteros de arena seca toma un protagonismo inusual y maravilloso con ese emprendimiento que está en la esquina.


Es una postal atípica para estos días, pero es un hecho concreto y real que no tiene nada de fantasía o ilusión.


Tal vez sea la primavera que por fin decidió salir de su escondite más allá de los nubarrones grises y las amenazas de lluvia. Si es así, en buenahora. Octubre está a mitad de camino y nadie en Neuquén tenía noticias de ella

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