Volver a ver el rostro del Colo
- layaparadiotv
- hace 1 día
- 9 Min. de lectura
Este artículo fue originalmente publicado en la web Va Con Firma

Por Fernando Barraza
Fotos de Florencia Salto, Gimena González Eastoe y Sebastián Alegre
Martes 28 de abril, nueve de la mañana. El escritor neuquino Daniel Risso Patron sube por el bulevar de la Avenida Argentina, casi llegando a Plaza de las Banderas, fumando un cigarrillo y con la vista fija en el horizonte. Se frena frente a la sede de AMUC, allí donde se están llevando adelante las audiencias de la novena etapa de los juicios por crímenes de Lesa Humanidad. Mira a la concurrencia y sonríe con una discreta pero sincera impronta de ánimos y fuerza. Para todo el mundo, y para con él mismo. Se abraza con gente querida y posa para las fotos que le tomamos los medios que estamos presentes en el lugar.
Media hora más tarde Daniel presta declaración por la detención de su amigo Adalberto Colobig, a quien él pide por favor que llamemos “el Colo” durante la entrevista. “Nosotros lo conocíamos como el Colo, así le vamos a llamar ¿te parece?”, nos dice.
El caso del Colo se inscribe dentro de las detenciones que no estuvieron seguida de desaparición, pero de todas maneras constituyeron un delito de lesa humanidad porque lo que le sucedió se inscribe dentro del accionar del terrorismo de estado. El Colo fue detenido en un procedimiento ilegal, torturado y trasladado inhumanamente por diversas cárceles en distintos puntos del país.
Tomemos textualmente el breve y contundente párrafo de la cobertura que realizó nuestra compañera y colega Shirley Herreros en el que explica perfectamente el final del recorrido personal del Colo en busca de justicia por lo que había vivido, porque esta explicación al hueso que escribe Shirley nos da una perspectiva completa sobre la importancia de las declaraciones del martes pasado de Risso Patron, de Paz Colobig -hija del Colo- y de su esposa Norma Konrad para que se haga justicia en torno a su caso. Dijo nuestra compañera en su crónica:
“Adalberto Colobig murió de un infarto en 1.998 en la pelea con estamentos administrativos del Estado para que se reconociera que su detención fue por persecución política durante los cinco años que estuvo en cárceles de la dictadura”.
Exactamente eso fue lo que pasó. Por eso es dable destacar que la continuidad de los juicios por crímenes de lesa humanidad es un ejercicio total de reparación individual para las víctimas y que no tiene parangón alguno, nada que pueda empardar su importancia social para un país que -lejos de simular que hay que “dejar el pasado atrás” con un lelo discurso postmoderno- debe construir una sólida jurisprudencia frente al terrorismo de estado. Los países del mundo occidental civilizado (tanto que a muchos conservadores les gusta espejarse todo el tiempo en esos referentes...) han celebrado durante los últimos 23 años la importancia y seriedad de estos procesos judiciales argentinos por los cuales se juzgan los delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar. Solo quienes pretendan impunidad pueden impulsar un discurso de desmemoria y continuidad en el vacío del olvido, y tal vez solo quienes no piensan demasiado nada qué es lo que están diciendo o viviendo, son los que repitan ese discurso de negación en los foros de las redes sociales utilizando como “argumentos” frases de odio y memes despiadados que incluyen falcons verdes o reivindicaciones bestiales a Videla.
Ocho son los imputados por el caso del secuestro del Colo. Dos de ellos alegaron tener turnos médicos y no estuvieron presentes en la audiencia. Los otros cinco lo hicieron de manera virtual.
En este tramo de los juicios las causas que se llevan adelante, aparte de la de Colobig, son las de 15 víctimas más: Leticia Veraldi, José Luis Appel de la Cruz, Carmen Delard Cabezas, Daniel Gallo, Stella Maris Solanas, Carlos Pérez, Mónica Elvira, Amalia Cancio, Juan Raúl Pichulman, Luis Mendoza, Graciela Vicente, Matilde Segura, Juan Carlos Molinez, María Ester Sepúlveda y Oscar Escobar.
Los acusados por la comisión de delitos de lesa humanidad en este tramo de los juicios son los exmilitares Sergio San Martín, Jorge Di Pasquale y Hugo Renes (oficiales del Destacamento de Inteligencia 182) y Carlos Carretto (capitán de ingenieros en comisión en el Comando de la VI Brigada de Infantería de Montaña e interventor militar de Catriel entre el 23 de marzo y el 24 de mayo de 1976).
También son juzgados los exgendarmes Miguel Cil (subalférez y jefe de la Sección Núcleo del Escuadrón 33 de Gendarmería Nacional con asiento en San Martín de los Andes) y Emilio Sacchitella (segundo comandante a cargo de la Sección Junín de los Andes); y los expolicías provinciales Miguel Ángel Ferrari (integrante del Cuerpo de Informaciones de la Comisaría 28 de Catriel, en Río Negro) y Adolfo Mellao (comisario inspector a cargo de la Comisaría 23 de San Martín de los Andes, en Neuquén).
Pero ahora es tiempo comenzar el recorrido por el cual hemos venido hasta aquí, para conocer en profundidad que es lo que ha quedado en el escritor Daniel Risso Patron tras haber declarado como testigo del secuestro de su amigo el Colo. Veamos entonces que fue lo que nos contó horas después de la salida del salón de AMUC...

¿En todos estos años, ¿intuías que te iban a llamar en algún momento a declarar por la detención del Colo?
No, era una cuestión que había quedado en el pasado, allá. Hasta que un día me cuenta David Lugones, amigo de aquellos tiempos, los años setenta, que se estaba haciendo el Noveno juicio donde -entre otros casos- estaba el de nuestro común amigo el Colo Colobig, y me propone ir a dar testimonio. Acepto y a los días me contactan del grupo de fiscales. La abogada Gabriela Schumacher me llama y organizamos un primer encuentro. Un equipo de fiscales muy comprometidos y comprensivos con este delicado asunto, quiero destacar esto.
Pero también hubo un contacto con toda esta situación por otro lado. Dejame que te cuente: es por el lado de mi tarea del escribir, y a raíz de ello me contacto con Sebastián Alegre, que comentaba cosas que yo iba subiendo en mis redes sociales personales. Un día surge la conversación sobre nuestras familias y él me cuenta que está casado con Paz, la hija del colo, así que ahí empecé a revivir íntimamente un poco todo aquello, en mi fuero personal.
¿Cómo fue tu estado de ánimo estas últimas semanas, antes de ir a declarar? ¿Qué sentías, qué pensabas?
Una mezcla de ansiedad y osadía. Era la oportunidad de devolvérselas. Fueron dos meses desde que me avisaron hasta la declaración de hace unos días. Fue volver a repasar todo aquel tiempo, con detalles, que fueron surgiendo, no solo de mi memoria sino de coincidencias que me dejaron muy impresionado. Pude reconstruir la cara de mi amigo el Colo, que la tenía como borrosa, y volver a pasar por amigos y ambientes que ya no están. Muy intenso pero a la vez contento de esta oportunidad, de devolvérselas, digamos.
Este suceso te debe haber traído recuerdos de tu propia vida, de tus días por aquellos días ¿no es cierto? Si fue así, contanos un poco qué cosas puntales evocaste
Eso fue lo mas movilizador, recordar esos días, ideales, movidas que hacíamos, pertenecíamos al Grupo de la Catedral bajo el cobijo de Jaime de Nevares, era nuestro hacer, movidas solidarias, grupos de estudio de realidad latinoamericana, vinculo con otras parroquias, la principal la de Bouquet Roldán, en fin todo eso volvió a pasar por mi mente. Yo digo que el recuerdo verdadero queda en el cuerpo de uno, no importa el tiempo y eso me tocó vivir, mi cuerpo moviéndose por aquellos lados del tiempo y la geografía neuquina.
Días previos a la audiencia hacemos con los fiscales un pre encuentro como para ajustar cosas, me contaron de que iba y todo eso. Bien, yo estaba asi como agrandado con el asunto, que bueno hacer esto, fui charlé, todo bien. El asunto fue cuando me fui a la vuelta de la Fiscalía en calle Mendoza a tomar un café. David Lugones me advertía todo el tiempo que esto podía ser muy fuerte. Bueno, me pido un café. Me lo traen. Le mando mensaje a David, tipo, “está todo bien, bla bla bla” y en ese preciso instante me vino un rayo de angustia como hace tiempo no sentía, una tenaza en el cogote. Ahí estaba mi cuerpo recordando. Lo charlé con mi psicóloga y con David y fue pasando, pero fue instantáneo y solo adjudicable a lo que acababa de vivir contándole a extraños aquello de lo que nunca había vuelto a hablar. Impresionante.
¿Se siente un poco de miedo al ir a declarar? ¿Serías capaz de contar más o menos qué se siente?
Es una rareza, sí, pero como ya venía empapado de qué iba la cosa. Ese momento específico lo pude llevar bien. Excelente el trabajo de la Fiscalía, nos hicieron pasar a un lugar previo, nos tomaron los datos, me pusieron un psicólogo de asistente, ahí al lado mío, que a la postre, era Máximo Mantilaro, hijo de Coco Mantilaro. Osea: ¡lo conocía de pibito! Otra coincidencia amable.
Acá otra vez lo tengo que nombrar a David, porque me advirtió lo importante que asistieran amigos y familiares míos a acompañarme a declarar, porque cuando terminás de declarar se siente algo inexplicable, con toda esa pompa oficial, lo que dijiste... lo dijiste... eso es… no tengo palabras.
Lo importante del abrazo, sí, no te das una idea. Un simple abrazo de alguien querido de aquellos días. Tuve la suerte de que fuera mi hija Celeste y nos dimos un largo abrazo, mientras eso ocurría me acorde de las palabras de David. También estaban un par de amigos de aquellos días.
Hubo una parte de las declaratorias en la que me quebré por completo, y se me llenan los ojos de lágrimas. Fue durante la declaración de Norma, su esposa, cuando cuenta como lo torturaron y estaquearon en la Policía Federal. Y el paseo posterior que le dieron por varias cárceles. Sabemos que el salió, lo tuvimos entre nosotros de regreso. Yo ya me había ido de Neuquén a vivir a Viedma, y en una de esas vuelta a Neuquén me lo reencuentro, y ahí conozco a Norma, y vi a las nenas muy pequeñas. Y vi que el Colo había quedó afectado, lo noté. Todo eso volvió al escuchar a Norma el martes pasado.

VCF: Te vimos charlando con pibes de secundaria a la salida del juzgado, tras los testimonios. ¿Qué impresiones te llevás de ese entrecruce generacional?
Esta es otra de mis partes favoritas. Resulta, me enteré después, que aleatoriamente se invita a distintos colegios y ese día, justo, justo cayó el Colegio Don Bosco. Fue en ese colegio donde yo estudié desde tercer grado de la primaria y toda la secundaria. Fue en ese colegio donde descubrí merced al cura Fito Fernández la cosa social, entre nos, una vuelta yo andaba medio boleado por la vida familiar, mi viejo, bla bla bla y Fito me regaló un libro, no la biblia ni nada de eso: El Lobo Estepario, de Herman Hesse. Me voló el mate.
Aparte él organizó a gente sensible para hacer movidas de solidaridad a escuelas de la Cordillera, fui con ese grupo que luego parte de él sería el Grupo Catedral en dos oportunidades a un paraje cerca de Junín, San Ignacio de la comunidad mapuche Namuncurá. Tu sabes.
Volviendo a uno de mis momentos favoritos, termino de declarar saludo a mi hija, a mis amigos ahí atrás y veo un monton de chicas y chicos que me empiezan como a rodear, de pronto viene una mujer, la profesora y me cuenta que ese grupo era el Colegio Don Bosco. Ahí mi primera impresión, yo había olvidado que el colegio ya era mixto, asi que yo era como que esperaba todos varones y la mayoría eran chicas. Ya de entrada nos reímos con eso y les conté un poco. Luego me dijeron que cuando yo, en la declaración digo que estudie en el Don Bosco, todo el grupo se exaltó y como que vinieron con mas ganas a preguntarme. Una de las pibas enseguida me preguntó: “¿Para usted, que significa la frase NUNCA MAS?” ¡Afiladas venían!.
Luego les hice reir con anécdotas de ratas que nos hacíamos y esas cosas de aquellos días, incluso, a los poquitos varones, les conté eso de que estábamos condenados porque terminabas la secundaria e ibas a la colimba, en fin, el viejo estilo.
¿Considerás que el ejercicio de la memoria en torno a lo ocurrido en dictadura seguirá en pie a futuro? ¿Sos un esperanzado o un escéptico frente a este pensamiento?
No lo sé, se dio vuelta la taba y corren tiempos de orgullo de la crueldad y la deshumanización, anotame en escéptico. Sin embargo ver a esos estudiantes me dio un brillo de esperanza.

¿Te animás a contarnos en dos o tres párrafos el testimonio del secuestro de Adalberto, como si fuera uno de tus relatos literarios?
Fui testigo de cuando se lo llevaron a mi amigo, un tal COLO, del Banco de la Provincia del Neuquén. Yo laburaba ahí y con el COLO eramos amigos de otras construcciones sociales de aquellos días. Fuera del banco, en la calle, en reuniones, amigos de ideas de mundo mejor, eran, seguro.
Yo laburaba en una oficina al costado de la gran oficina donde se atendía al público y una mañana de Junio de 1978 todo el banco calló en un silencio extraño, yo estaba medio al fondo separado por una pared y mi amigo trabajaba en la parte grande de atención al público, bueno que se hace ese silencio multitudinario, extraño a esa hora y de pronto veo al Colo que un tipo de civil, con una ametralladora PAM, colgada a su espalda lo pasaba esposado frente a mí, se dirigían a una puerta inmediata de acceso solo para el personal que te llevaba al estacionamiento.
Salté de mi asiento y lo seguí, raídamente advertí que otro venía atrás , también calzado, una 11.25, yo las conocía y el Colo me vio, le grité, que pasa, me vio y me dijo, volvete, volvete ya, y me volví, atolondrado a mi puesto.








Comentarios