Cómprate unos zapatitos nuevos
- Hilda López

- hace 5 días
- 3 Min. de lectura

Es verano y el calor nos avisa que hay que tomar agua, hay que refrescarse, en una ducha, fuentón, pileta, río, laguna o mar o la acequia (para los que viven cerca de chacras , quintas).
Pero también, en estos tiempos soñamos con mares lejanos en paisajes maravillosos en países "de película" y tanta cosa enterados de su existencia y que muchos no acceden por obvias razones de pesos. Jorge Marziali nos dejó hace casi una década. Sus letras, canciones, reflexiones y voz, dejó su marca a través de una obra fantástica, que pocas veces se refleja en el andar de los medios, en tiempos de una tecnología que nos apura y (muchas veces) al cohete. Marziali tiene cuatro hijos: Emilio, Simón, Maqui y Mariana. Cada uno de ellos seguramente guardan recuerdos de su papá quien no perdía la oportunidad para decirles y mostrarles cosas importantes.
Emilio posteó en redes una carta de Jorge que quiero queremos compartir porque vale la pena. Es precisamente la alegría de saberlo tan vivo a nuestro lado. Aquí vá: Una vez Don Jorge visito España, contento de su viaje y afectado en su pecho por la emoción de poder concretarlo.
En ese tiempo la llamada internacional era cara, nos escribíamos por email y esperaba sus palabras para que me cuente de las experiencias, lugares y personajes que iba conociendo, su contestación fue mas allá de las expectativas.
Con su mirada de alguien que ya había recorrido gran parte de su país viendo todo con la sensibilidad que lo caracterizaba, escribió:
28/05/2005
Bueno: aquí estoy. Es sábado y estoy un poco más tranquilo. Aquí hay mucho que caminar, concretar, proponer y escuchar. Ya sabés que no tengo alma de turista. Así disfruto más. Pero tranquilo, nada de agrandar nada porque aquí también hay cruces.
A ver: la sierra de Guadarrama sobre la que se han escrito millones de cosas bellas no le llega ni a los talones a las de Córdoba.
La fuente de la Cibeles -en pleno Madrid- no es más bella que la de las Nereidas que está en la costanera Sur y a la que no le damos bola porque la hizo una tucumana negrita que se llamó Lola Mora.
La Gran Vía o el paseo de la Castellana no son mejores que la avenida Libertador o que la calle Emilio Civit en Mendoza.
Tienen a favor que se han puesto a trabajar duro para poder colgarse al tren de Europa. Les han prestado mucha guita para que se compren una pilchita que los haga aparecer bonitos en la fiesta del primer mundo.
"Hijo, -le ha dicho Alemania, tomá, comprate unos zapatitos nuevos y una camisa blanca porque hay una fiesta que se llama Comunidad Económica Europea y así estás muy mal vestido".
La fiesta puede terminar en cualquier momento porque ahora hay que firmar el contrato (Constitución europea) y no se ponen de acuerdo. Porque lo están haciendo por guita y las cosas se hacen por amor.
Pero nada más. Todo lo demás es español y bello por lo vital y lo atorrante: chupar desde las 10 de la mañana y picotear chorizitos y bocaditos y marisquitos todo el día, con trabajo o sin trabajo.
Y "a tomar por el culo, macho, que la via se hecho pa vivirla..." ¡Joder..."!
Yo, como diría Walt Whitman, miro en panorama y espero. Canté y cantaré. Los tanteo, los estudio. Estoy recogiendo impresiones. Son sencillos y sensibles. Ya veremos. Y nada más.
Pero una cosa tiene que quedar clara: alguien, algún puto maestro o profesor, nos enseñó a mirar esto como lo lindo y a putear contra lo nuestro. No hay nada nuevo: están viviendo y se matan por un auto modelo 2008, porque este 2005 que tengo dijo la tele que ya no va.
Nada. Gran belleza arquitectónica, muy cuidada. Mucha limpieza. Y como en Mendoza: "un sospechoso ¡machooo...! y a negociar.
Un beso








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