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  • Maria A. Martinez

El romance de EL DEPENDIENTE y LA PLASINI

Maria Aurelia Martinez, escritora de la Pcia. de Córdoba y colaboradora de layapaweb, acerca esta mirada sobre cine, en el recuerdo y vigencia de el gran director Leonardo Favio.

 

Sus películas “Crónica de un niño solo” (1965) y “El romance del Aniceto y la Francisca” (1967) suelen ser evaluadas entre las mejores de la historia del cine argentino.


Lo primero que me viene a la mente cuando pienso en Leonardo Favio es su cara morena, atractiva, los ojos negros, esos pañuelos que se ataba en la cabeza, y también me acuerdo inevitablemente de aquellas canciones tan simples que nos hicieron estremecer con su romanticismo algo cursi.

Canciones emblemas. ¿Alguien se olvidó de “Fuiste mía un verano” o “Quiero aprender de memoria”?

Sólo después de ver EL DEPENDIENTE me fijé en el Favio director, hombre de cine, película filmada en 1969, con Walter Vidarte, Graciela Borges, Nora Cullen y un poco conocido Fernando Iglesias “Tacholas”.


Este texto no pretende ser una crítica ni un análisis, apenas una suma de impresiones de esta menuda pieza de cine que aún hoy me fascina.



DOS HOMBRES SENTADOS A UNA MESA TOMAN UNA SOPA MUY LÍQUIDA. LAS RATAS SE PASEAN SOBRE GORDAS Y SUCIAS BOLSAS DE ARPILLERA.
LA ESCENA ES OSCURA, LOS HOMBRES SON OSCUROS.

En el transcurrir de la vida de don Vila y de Fernández no pasa nada, no se espera nada, salvo vender. El primero es el dueño de una ferretería, el segundo su empleado, su dependiente. Ese escenario chato, desabrido, es el que los dos hombres comparten cada día. El giro que permite cambiaR ese esquema se produce cuando Fernández se anima a acercarse a la “señorita Plasini”. El contacto entre los dos, respetuoso hasta la enervación, será el disparador desde donde comenzarán a fluir unos acontecimientos previsibles .



Aprendí alguna vez que para escribir una historia es necesario un comienzo, un desenlace, un final, me parece que esta película cumple a rajatabla ese mandato, hoy no necesariamente imprescidible.


La historia que narra EL DEPENDIENTE no es otra cosa que un recorrido que va desde un cuadrado siniestro (la ferretería de Vila) hacia otro cuadrado siniestro (el patio de la Plasini) . Una historia que veremos deslizarse en el rostro permanentemente agobiado de Fernández. La cámara se adueña de esa gestualidad que denota el sudor, la respiración costosa, el esfuerzo físico, la incertidumbre que provocan esas dos mujeres (madre-hija), también oscuras. Con la lentitud de cada cuadro se va marcando un camino de espera asfixiante.



Pronto estamos todos aguardando que don Vila se muera. Y vamos con Fernández a hacer las visitas de noche. Toma té, pide disculpas permanentemente, contempla su absurdo parecido con el padre de Plasini, soporta a esa suegra excéntrica que sin embargo es la única festiva (insiste en escuchar la radio, en bailar, se toma sus traguitos), soporta ese gato que parece contemplarlo con fiereza y hasta lo ataca, soporta las órdenes de Plasini, quien después de todo no es mansa como se muestra, y se enfrenta consternado al hijo bobo que lo llama papá.


En este envoltorio de absurdo mezclado con humor negro se enreda poco a poco la vida del dependiente, aunque él no parece darse cuenta. Sólo sabe que Plasini está apurada, le ha pedido que se la lleve de esa casa. Fernández tiene la única certeza de que la muerte del viejo cambiará todo. Y algo cambia en el interior del coche, de ida al cementerio, cuando se produce la liberación de la libido que anticipa el esplendor posible. Maravillosa escena.


Sin embargo todo el gran círculo del comienzo, desarrollo y final acabará en la ferretería (otra vez), acompañado de música de banda, un poquito más de perejil y todo un paquete de veneno que lo cerrará definitivamente.


Los ruidos externos nutren la narración con intensidad casi física, convirtiéndose en otros personajes: puertas, grillos, campanadas, autos, una mosca, el mismo gato, chapas, la radio, el piar de los pájaros, la banda, como si Favio pusiera allí también música.


Si esta película fuera una naranja, aún continuaría exprimiéndola en cada encuadre, en cada plano, en cada punto de vista , en el impecable trabajo de los actores.

Sólo para recomendar revisar este film, de vez en cuando.



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