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Federico, poeta en Nueva York

Federico García Lorca que yo sepa nunca estuvo en Viena pero tiene ese escrito que se llama “Pequeño vals vienes”, el de “la boca cerrada” y de “la cintura quebrada”. Ese poema pertenece al Libro “Poeta en Nueva York”, surgido luego de su estadía en esa ciudad y bastante lejos de su “Romancero gitano”. Lorca surrealista que puede dar a luz esta historia que nos lleva a la ciudad imperial de los Habsburgo para hacer una gran declaración de amor.


Federico Garia Lorca - Autor: Fernando Vicente
Federico Garia Lorca - Autor: Fernando Vicente

Utilizó los elementos oníricos del idioma de los poetas surrealistas, ellos lo introdujeron como modo de subvertir lo “real”. Fue su resistencia, su modo de ir en contra de lo convencional.


Este es el andar del vals que moja la cola en el mar.


En Viena hay diez muchachas” y también “Un hombro donde solloza la muerte”, además, “un bosque de palomas disecadas” que no puede ser más triste. Sin embargo, inmediatamente, “Hay un fragmento de la mañana” que ilumina el día (tal vez sea nuestra mañana) aunque esté en el “museo de la escarcha” que tiene un “salón con mil ventanas” por donde podremos escaparnos si nos da la pasión.

Entonces aparece ese pequeño mantra del “Te quiero, te quiero, te quiero” con “la butaca y el libro muerto”, misteriosamente dispuestos en algún escenario. Pero más allá de lo oculto se puede ir “por el melancólico pasillo”, dentro del “oscuro desván del lirio”. ¿cómo saber que el lirio tiene un desván? Querer en “nuestra cama de la luna y en la danza que sueña la tortuga”, para eso, sólo hace falta imaginación. Imaginar que “en Viena hay cuatro espejos donde juegan tu boca y los ecos” donde cada cual sabrá de quien es esa boca y cuáles son los ecos en los que “Hay una muerte para piano” que, delirante y fatal, “pinta de azul a los muchachos”.


De pronto ya no hay muchachas pero sigue siendo Viena con el prodigio de los “ … mendigos por los tejados y frescas guirnaldas de llanto” extraño dúo de la melancolía.


Al fin se trata de creer que es posible querer tanto mientras se sueña con “luces de Hungría” pero sólo si son viejas y si están los “rumores de la tarde tibia” , o los lirios de la nieve sobre esa frente que lleva un silencio oscuro. Luego otra vez, siempre en Viena, “bailaré contigo con un disfraz que tenga cabeza de río”, donde no sabemos cómo es la cabeza de un río. Ni nadie lo sabrá jamás.


El andaluz crea un juego de imágenes inverosímiles lleno de musicalidad, que es una constante de su obra, entre un violín y un sepulcro no hay distancia “¡Mira qué orilla tengo de jacintos! Dejaré mi boca entre tus piernas,”…Para cerrar, ¿cómo pensaremos esa orilla y esos jacintos? ¿o esa boca que nos mantiene en el mundo real?


No le pidamos más al poeta, sirvámonos de lo que nos ofrece. Me parece que se trata de un amor frustrado, nada más.



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