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Te presentamos el Rosarigasino

La Yapa Web vive entre el mundo de la palabra y la imagen: vamos a Rosario!


Desde que Alberto Olmedo divulgó una determinada jerga, casi desaparecida en la década del 80, la forma de hablar de los rosarinos tuvo un ascenso de popularidad. Hasta Gerardo Sofovich, en La peluquería de los Mateos, se encargó de incluir un personaje que se expresara en una lengua muy particular. Hablamos de un original dialecto... un idioma rosarino: el rosarigasino.

En su momento de esplendor, el rosarino adoptó a este idioma como propio e intransferible. A quienes lo saben, les encanta enseñarle a la gente en qué se basa esta forma de hablar que es solo rosarina. “Le agregás, después de la letra acentuada, la sílaba gas –explican–. Luego se repite la vocal de la última sílaba, pero acentuada, y por fin se completa la palabra, ¿entendiste?”.


El rosarigasino o gasó, como también le dicen, es una especie de jerigonza. En la actualidad, es poca la gente que lo conoce. Se suele usar más bien como palabritas aisladas en tono de chiste. Los términos gasá, gasé, gasí, gasó y gasú son el centro de este idioma rosarigasino. Al intercalarse entre las sílabas de las palabras, después de la vocal acentuada, generan los nuevos vocablos.


El origen exacto del rosarigasino es incierto. Se cree que fue creado por los internos de la cárcel de encausados de Rosario, a principios del siglo XX. Esta teoría sostiene que los presos lo hablaban entre ellos, para comunicarse sin que entendieran los guardias. Algo parecido al lenguaje tumbero del que ya hablamos bastante en este portal.

El primero en difundirlo fue el actor Salvador Naom, alias "Chita", quien daba funciones en las cárceles. Pero no está claro si Chita lo aprendió afuera y lo llevó a la cárcel o si fue al revés.

Que no se corte


En la década del 50 hablaban mucho en rosarigasino los periodistas, los artistas y, también, las chicas de la calle que se reunían en el bar El Nacional, que estaba frente al teatro La Comedia, donde Alberto Olmedo trabajaba. Este ídolo rosarino sería vital en la difusión del rosarigasino.

El genial e inolvidable Alberto Olmedo

En los años ochenta, el gran cómico de Rosario divulgó esta jerga, entonces casi desaparecida, en sus sketchs humorísticos de televisión. A raíz de esto, y especialmente luego de su fallecimiento, este idioma y el barrio Pichincha, donde nació, tuvieron repercusión cultural en Argentina, sobre todo en los años noventa.


Trascendiendo a otras ramas artísticas, nada menos que "La Mona" Jiménez lo usó. En el año 2003, en su disco De caravana, dedicó toda una canción ("Lunfardo en gasé") cantada pura y exclusivamente en rosarigasino.


Para que semejante expresión de la cultura y las costumbres de un pueblo no se perdieran, otro personaje rosarino ideó una guía del rosarigasino. Se trata de Bernardo Chiquito Reyes, que era amigo personal de Olmedo. Su publicación es un pequeño tratado, ya que los elementos para manejar este idioma son muy pocos. Reyes lo escribió, un poco, para cumplir con muchos rosarinos que lo quieren hablar y no saben cómo.


La idea del autor es poner el rosarigasino al alcance de todos. Semejante genialidad rosarina, en la actualidad, parece más un recuerdo de las genialidades del Negro Olmedo. Si se difunde esta guía, o el idioma en general, a través de los nuevos medios, puede volver a tener visibilidad más allá de Rosario.


A modo de ejercicios prácticos, esta especie de manual incluye algunas curiosas prácticas. Por ejemplo, el autor vierte al gasó textos de Federico García Lorca y Juan L. Ortiz y fragmentos del Martín Fierro y Don Quijote de la Mancha.


Por: Julio de Martin

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