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La palabra escrita, esas palabras.

Así se me ocurrió una mañana o una noche y así salió una catarata de palabras escritas de cualquier manera, al estilo de hablar con alguien o con uno mismo. Es esa manera de comunicarnos sin cuidar el detalle del acento, o la coma o el punto y coma porque seguramente es tanto lo que lleva en si mismo la palabra que esos detalles quedan casi imperceptibles.


Pero dije escribir, y cuando de eso se trata, el asunto es saber que cada detalle es también una palabra como lo es el silencio cuando hablamos. Hay escritores por miles atravesando nuestra vida, desde la infancia con los cuentos pequeños y grandes, pasando por aquellos elegidos para descubrir la orilla de las otras vidas y entender que uno no está solo en el mundo, aun cuando pensamos que sí lo estamos y tocamos con el dedo el aire poblado de imágenes, personajes, paisajes, historias que nos entrega la pluma del que escribe.


A la hora de elegir, elijo el cuento, el relato, la crónica donde habita alguien a quien puedo ver su rostro, ese humano que me elije para compartir algo de lo que vive, piensa, sueña. Pero, y ¿la poesía?, es para mi tan grande ese universo que me atropella y me deja desparramada sin defensa alguna. ¿Cómo se puede lograr ese nocaut sin poder hacer nada para terminar en el piso?.

“Todo parece quieto aunque se mueva toda sombra en su lugar, como mi sombra”, dice Racedo; “Las naves nos llevan mar adentro para morir y nacer en monstruos”, dice Mansilla; “El silencio me asfixia no hay palabra que pueda acomodarse a mi boca, pero puedo escribir”, dice Edith, y dicen y dicen y uno va desplomándose solitario sobre la seca noche de algún descanso.


Escribir y seguir escribiendo y las palabras cuentan historias y se meten en la vida de otros como la pluma de Barraza y Rayén para que una crónica periodística se eleve sobre la apocalíptica carrera de la noticia diaria, y nos hagan sentir que las manos están cerca para no caer en el olvido de tantos.


Escribir, escribir y escribir como reyes o mendigos, como locos o mansos animales de otras especies, bendita la palabra escrita, la tinta en el papel de la vida para no naufragar como barquitos de papel en el hilo del agua que corre en alguna esquina.



1 comentário


Escribir (y leer) como contragolpe y necesidad. "Sin esperanza y sin desesperación", refiere Carver de Dinesen. Saludos.

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