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  • M. Bertuzzi

Libros caros o baratos

El constante aumento del precio de los libros permite reavivar el fuego de la pregunta acerca de si los libros están caros o baratos. Y para el fuego, bueno es el papel.


A principios del siglo pasado, el día de trabajo de un obrero era de $3 m/n y el viaje en los recién creados "colectivos" saldría unos 20 ctvos. Entonces, las dos colecciones que dieron comienzo a la edición de libros en Argentina fueron pensadas para ese público, los recién alfabetizados argentinos. Los libros de Editorial Claridad costaban un peso y los de la Biblioteca Argentina de Ricardo Rojas, $1,50.



En la contratapa de la Biblioteca Argentina, se leía: "Esta Biblioteca publicará mensualmente, en condiciones económicas, los mejores o más famosos libros nacionales con el objeto de contribuir a la educación popular, por la obra de nuestros esclarecidos autores. Fundada esta biblioteca por iniciativa particular, ella sale a la luz sin subvención alguna del Estado, librando su éxito al apoyo del pueblo, que podrá adquirir cada volumen por 1,50 $m/n. Para ponerla al alcance de estudiantes y obreros, a quienes especialmente se la destina..."


De esa época es el óleo sobre tela de Pío Collivadino “La hora del almuerzo” (https://www.bellasartes.gob.ar/coleccion/obra/1779/) en el que se puede observar a varios obreros en un alto de sus tareas, almorzando; uno de ellos aprovecha el momento para leer.



A partir de esos años, Argentina va a desarrollar poco a poco su industria editorial. Los investigadores como José Luis De Diego delimitan su estudio de la siguiente manera: del 38 al 55, la época de oro del libro argentino; entre los años 56 y 75, de “consolidación del mercado interno”; del 76 al 89 como una etapa de crisis; y la consabida concentración y polarización de los 90.


Entre fines de los 50 y los años 60, Boris Spivacow va a dirigir y crear dos grandes proyectos editoriales: Eudeba (que quedará trunco después de la Noche de los Bastones Largos) y el Centro Editor de América Latina. Boris sostenía que el libro era un "alimento esencial" y debía costar lo que un kilogramo de pan. Con ese concepto creo las 78 colecciones del CEAL.


En la actualidad inflacionaria, el jornal de un ayudante de la construcción es, en el mejor de los casos de poco más de $600; y el kilo de pan en el Alto Valle ronda los $250, muy lejos de los $1200 a $2000 que cuesta un libro de bolsillo… y abril viene con aumentos del 10 al 20 por ciento en el precio de venta al público de los libros.



Y ninguna editorial privada o pública ha pensado una colección de libros “para todos”.

¿Está caro el libro o está barato el pan? O será que los sueldos están tan depreciados que lo primero que sacamos de “nuestra canasta básica” es el consumo de libros…


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