Mundialmente locos
- layapanqn
- 12 jul
- 2 min de lectura

Locura. Así lo expresamos. Hay un estado de locura mundialista inevitable en estos días en la Argentina. Todos sabemos que el futbol es una pasión de multitudes, lo sabemos y lo verificamos cada acontecer con la pelota en el centro de la cancha.
Nada se mueve alrededor de un resultado en el Mundial, es ahí donde pareciera que se juega el futuro de no se quién o de todos y hay que estar atentos aunque no sepamos nada o poco de este deporte popular.
Analistas de toda laya opinan, investigan, critican, juzgan y para cada uno la pelota tiene la personalidad de quien la patea para el triunfo. Hoy es Messi y el rosarino se mueve en el sentido que los argentos quieren verlo mover.
Silvia Majul es una periodista de mucha experiencia a quien le tomamos algunas de sus notas porque nos parecen distintas, aún con el mismo objetivo. Hay una mirada que se completa con otras cuestiones del universo humano como lo es la política. De ahí es que compartimos su opinión a propósito de partido de Argentina y Egipto:
"Mire, vecina, aquí es donde el karma político se vio más claro que nunca. Mientras nuestra dirigencia fue a rendir pleitesía a EEUU, metiéndonos en el bando (a todos) de los que miran para otro lado ante el dolor y la destrucción, Egipto salió a la cancha con el fuego sagrado de estar defendiendo a Gaza y al pueblo palestino. El técnico egipcio, Hossam Hassan, lo había decretado antes de jugar: el fútbol no es más importante que la vida, y ellos jugaban por los millones que sufren en Medio Oriente. Esa fuerza moral y espiritual los convirtió en un león; por eso nos pegaron ese baile geopolítico y nos tuvieron contra las cuerdas con un 2 a 0 que parecía el castigo cósmico por aliarnos con los poderosos de la muerte.
Pero fíjese qué sabio es el universo, vecina: la clasificación no se ganó con el marketing de las fotos de la Casa Blanca, sino volviendo a las raíces de nuestra propia tierra. El milagro lo empezó el Cuti Romero, un pibe del interior profundo, salido del barro de Belgrano de Córdoba, que bajó la energía de la resistencia popular para meter ese frentazo que nos devolvió la vida. Zafamos de la asfixia kármica porque en los últimos diez minutos los jugadores se olvidaron de las marcas y del negocio del norte para jugar con el orgullo herido de nuestro pueblo humilde. Nos salvamos raspando del veredicto, pero la lección quedó grabada con sangre: el poder material te da billetes, pero la dignidad de los pueblos que defienden la vida te da el favor de los dioses".
















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