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Desde el Arroyón patagónico....

Relato desde la patagonia: Embarazo


La verja de la casa del cabezón Miguel, no es alta, es lo suficiente como para tener colgados los pies y bambolearlos sentados en el hierro que une columna y columna como un adorno. Enfrente la canchita muestra toda su intimidad. Días atrás una máquina llevó todos los escombros y los yuyos que servían de guarida para fumar, jugar a los dados, a las cartas, y hablar de sexo, mostrando alguna foto o dibujo de algo parecido a una mujer con sus partes al aire.


Mingo Racedo - Autor
Mingo Racedo - Autor

Sanichelli mira sin mirar y dice- ¡parece otra la canchita!

-Pero está más linda -dice Cara e Cabrito sentado en el suelo.

Alguna cagada están tramando los de la construcción -dice Nonato y todo queda en silencio.


La tarde con un solazo infernal, calentaba el canto de las chicharras, y los tres bajo el árbol eran como una resolana. Entonces pasó Rebeca corriendo al almacén con su pollerita corta y sus patas flacas, sin importarle que se le viera la bombacha en su andar de prisa.


¡Ta linda! Dijo Cara e Cabrito.

Sanicheli dijo -Ayer…..ayer le di un beso a la Clarita en la boca, casi me muero.

-¡Nooo!- Dijeron todos y un revuelo de ojos y de suspiros quedó en el aire.

-Boludo!! ¡La Clarita es hermosa, la besaste!

-¿Quedó de encargue culiau?, preguntó Nonato.

-Mirá si la va a preñar con un beso, dale contá cómo fue- dijo Cara e Cabrito y se bajaron de la verja y rodearon el árbol.

-Veníamos del almacén y en la canchita la besé, rápido, así nomás, no sé rápido, piquito.

Sanichelli estaba perturbado, algo le molestaba, lo ponía incómodo.

-No sé, me siento raro –dijo- Busco encontrarla, hago guardia en la esquina de la casa por si sale, lloro.


Sanichelli tenía once años, era el más grande porque el cabezón Miguel le llevaba dos meses de diferencia, cumplía años Sanichelli y dos meses después cabeza.


Cara e Cabrito tenía la cara de un perro mojado, no entendía mucho lo que le pasaba a

Sanichelli y preguntó:

-¿Es suave la jeta e la Clara?- Sanichelli no contestó.

Hacía un sol despiadado cuando el Ernesto se plantó en el medio de la canchita, pisó la pelota de goma y gritó:

- ¡¡Dos y dos a la cabecita!! -Nadie respondió al llamado, se arrimó al árbol, se apoyó y los miró sentados.

- ¿Qué pasó culiau? ¿Se murió alguien?

-No, Sanichelli besó a la Clarita- largó de una Cara e Cabrito.

-La preñiaste boludo!!- respondió el Ernesto, sentado, preocupado.

-No seais gil!!- Dijo Sanichelli y comenzó a llorar.


No había forma de encontrarlo al chueco Sanichelli, nadie sabía de sexo mucho más que el cosquilleo de la masturbación temprana y menos del amor, del estado de embriaguez, del abandono, del despojo que sufre uno cuando le arrebatan el corazón y no hay salvoconducto.


Alguien abrazó al chueco Sanichelli a ese dolor raro incomprendido, a ese estado de luto y alegría que despierta ese no sé qué, pegado en el cuerpo, que no sabemos qué conjuro puede liberarnos.


Cuando fueron las seis de la tarde la barra se amontonaba en las sombras y un silencio sepulcral acompañaba el desvalido.

-Mi vieja le dijo a mi hermana que un beso trae la cigüeña- dijo el negro José.

-Y ahora qué vas a hacer. Vas a ser padre.

-Che y si cagamos a pedrada a la cigüeña- dijo ollita e barro y se sentó en el suelo.

No seas ignorante -dijo el Ernesto- la mina queda de encargue cuando le tocan una teta y la Clarita no tiene tetas, o sí pero son chiquitas. Te va a cagar a trompadas el viejo que es más malo que la vieja Coca.

-Pero si está enamorado de ella que se case. Todos lo miraron al Frenada de bici.

-Claro!- Considero él Pato- como es tan fácil criar un chico, llora, se caga, tené que comprá leche, porque la Clarita mucha teta no tiene.

-¿Pero vos Sani la querés? -Preguntó Cara de indio.

-Siii -dijo Sanichelli, y comprendió la gravedad del hecho-


Todos callaron.

Ernesto hizo rebotar la pelota en la tierra.

Sanichelli la miró elevarse subir en lenta marcha hasta ser una con el cielo, la miró bajar como si fuese un corazón inmaculado, sintió los brazos de sus amigos, bajarle hasta el ánimo desecho y levantarlo como se levantaba la pelota de goma, como se levantaban esas ganas de pegarle de comba y que entre al arco y gritar goool, con la jeta bien abierta y que pasara Clarita y que él sea el héroe, el Willington, el bocha Bochini, y la ovación del estadio le tocara la cara.


Se puso de pie y agarró la pelota de goma en el aire, con los ojos llenos de lágrimas, la besó con fuerza y gritó ¡¡concha e su madre!!

Y se armó el picado, en la canchita.


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