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Discépolo cuenta cómo escribió Yira, Yira...

La canción popular ha sido y es siempre reflejo de la realidad, de los momentos que vivimos., de ahi la representación política de una época. Hubo poesía musicalizada, con muchos compositores poniéndole notas sonoras y llevando las mismas a través de la voz de tantos buenos intérpretes de distintos puntos del planeta. De esa manera permanecen vigentes muchos de los temas que poco o nada se escuchan en los medios pero permanecen en la memoria de la gente, como documento vivo.


Una cosa es la poesía musicalizada y otra cosa es escribir letras para ser musicalizadas o, al revés, ponerle letra a una música. Sin entrar en la valorización de las mismas, es bueno recurrir a las historias que los mismos autores cuentan sobre lo que escriben. Enrique Santos Discépolo es uno de ellos, quizás uno de los más destacados por su pluma osada, clara, directa, "Cambalache" es un ejemplo. La Yapa comparte lo que nos acerca el gran autor argentino sobre "Yira, Yira"


 

Enrique Santos Discépolo 1901/ 1951 - Autor
Enrique Santos Discépolo 1901/ 1951 - Autor

"Yo no escribí ´Yira... yira...´ con la mano. La padecí con el cuerpo. Quizás hoy no la hubiera escrito porque los golpes y los años serenan. Pero tenía veinte años menos y mil esperanzas más. Tenía un contrato importante con una casa filmadora que se empeñaba en hacerme hacer cosas que me desagradaban como artista... Como hombre digno. Y me jugué. Rompí el contrato y me quedé en la calle. En la más honda de las pobrezas y en la más honrada soledad...


“Yira... yira...” surgió, tal vez, como el más espontáneo, como el más mío de los tangos, aunque durante tres años me estuvo “dando vueltas” inspirado en un momento de mi vida.

Yo, sin un centavo, me fui a vivir con mi hermano Armando a la calle Laguna. Ahí surgió “Yira... yira...”, en medio de las dificultades diarias, del trabajo amargo, de la injusticia, del esfuerzo que no rinde, de la sensación de que se nublan todos los horizontes, de que están cerrados todos los caminos. Pero en aquel momento, el tango no salió. No se produce en medio de un gran dolor, sino con el recuerdo de ese dolor.


“Yira... yira...” nació en la calle. Me la inspiraron las calles, el hombre y la rabia de Buenos Aires... La soledad internacional del hombre frente a sus problemas...

La letra de esa canción yo la padecí más de una vez. Pero nunca tanto como en la época en que la escribí. Hay un hambre que es tan grande como el hambre del pan. Y es el hambre de la justicia, de la comprensión. Y la producen siempre las grandes ciudades donde uno lucha, solo, entre millones de hombres indiferentes al dolor que uno grita y ellos no oyen. Londres gris, Nueva York gris, Buenos Aires..., todas deben ser iguales... Y no por crueldad preconcebida sino porque los hombres de las grandes ciudades no pueden detenerse para atender las lágrimas de un desengaño.


Las ciudades grandes no tienen tiempo para mirar el cielo... El hombre de las ciudades se hace cruel. Caza mariposas de chico. De grande, no. Las pisa... No las ve... No lo conmueven...

“Yira... yira...” fue una canción de la calle. Grité el dolor de muchos, porque de esa manera estoy más cerca de ellos. Usé un lenguaje poco académico porque los pueblos son siempre anteriores a las academias. Los pueblos claman, gritan, ríen y lloran sin moldes. Y una canción popular debe ser siempre el problema de uno padecido por muchos..."


Fuente: Escritos inéditos de Enrique Santos Discépolo. Buenos Aires, Ediciones del Pensamiento Nacional, 1986, págs. 28-30.


La Yapa

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