Robándole a Spinetta

Este día empieza a crecer
Voy a ver si puedo correr
Con la mañana silbándome en la espalda
O mirarme en las burbujas
Tengo que aprender a volar
Entre tanta gente de pie
Cuidan de mis alas unos gnomos de lata
Que de noche nunca ríen
Si la lluvia llega hasta aquí
Voy a limitarme a vivir
Mojaré mis alas como el árbol o el ángel
O quizás muera de pena
Tengo mucho tiempo por hoy
Los relojes harán que cante
Y la espuma gira en torno a mi piel
Me han puesto manos para hablarle
A las cosas de mí y al fin mi duende nació
Tiene orejas blancas
Como un soplo de pan y arroz
Y un hongo como nariz cuatro pelos locos
Y un violín que nunca calla
Solo se desprende y es igual a las guirnaldas
Y es que nunca calla, solo se desprende
Y es igual a las guirnaldas
Este dia es algo de sal
Me dejó vibrando al nacer
Pesa y es liviano como un hilo sin nombre
Suena un poco a mi guitarra
Tengo que aprender a ser luz
Entre tanta gente detrás
Me pondré las ramas de este sol que me espera
Para usarme como al aire
Y es que al fin mi duende se abrió
Tiene un corazón de mantel y batón
Y un guiño al ver que todo es verdad
Ya los gnomos cuiden
A un violín que siempre canta
Nunca se adormece y es igual a las guirnaldas
Y es que nunca calla, solo se desprende
Y es igual a las guirnaldas
LUIS ALBERTO SPINETTA
Tan difícil encontrar unos gnomos, con mucha barba blanca o sin nada de barba y mucho pelo, absurdo y despintado. Dónde buscarlos ahora que ya no existen los enanitos de jardín siquiera, o nadie que les preste atención. Encontrarlos con un gorro de pompón o una pipa que nunca huele, tan blancanieves, de orejas puntiagudas y sacos cortos, con flores que se han puesto en la mano o un farol para alumbrar o fingir alumbramiento.
Sentados entre los hongos como ancianos buenos, entrando a la cabaña del bosque o apuntando el cielo para dispararle con el pico del sombrero.
Parecen tan sabios, tan piadosos. No cazan ni ciervos ni persiguen zorros, ni se cosen el dobladillo ni suben a caballos no domados, o no lo sé, no los vi. Cuánto han hecho sin tener testigos que nadie pueda acusarlos de sucios entramados ni traiciones.
Por eso, por el flaco que los nombra en los días de la vida pensé en buscarlos, en la cafetera, entre las velas, en las cortinas, en la canción, en el alféizar, en el umbral, bajo el alero, o más lejos … pero ya se me hace tarde. Sigo mañana. Un gnomo, un duende, que me descanse, como un mantel, un batón o un violín
















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