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La ciudad y los ancestros

Tres poetas de gulumapu (territorio mapuche al oeste de la cordillera) llegaron hasta el Alto Valle con su propuesta que mezcla lo urbano con lo ancestral: la xampurria (mestizaje) como herramienta y arma estética y política.



Mientras espera para darle una nota a la televisión pública de la provincia de Neuquén, el poeta mapuche David Aniñir mira por una ventana que da a un patio interno de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Comahue. Su remera de Ozzy Osbourne se refleja en el vidrio de la ventana mientras él mira un punto perdido. Quien pase por el pasillo se dará vuelta alertado por su imponente presencia allí, en medio de las aulas multimediales de la Facultad de Humanidades y -por qué no- mirará el puño en alto que el levanta el Indio Solari en el parche enorme que tiene su campera de jean en la espalda.


Abstraído Aniñir observa y piensa, y en su momento de introspección puede que respire tranquilo la idea de que el xiwe (árbol de laurel) que hay en el patio le está acompañando con su newen (fuerza, poder, energía) en esta visita a la cátedra de Literatura Hispanoamericana que está haciendo junto a los poetas Javier Milanca y Dante Loncon. O puede que no, que nada que ver; que esto no sea ni remotamente así; y que esté pensando en asuntos urbanos transversales, de los más comunes, de esos asuntos que suelen ocupar la cabeza de cualquier warriache (mapuche de ciudad) y -¡bah!- de toda persona que viva en una gran ciudad. Toda esta batería de cosas ordinarias que tienen que ver con la organización de los horarios del cotidiano, o con la supervisación mental de los lugares a los que se va a ir o volver en la mera planificación diaria de la vida. El día, la noche, la semana, el mes. La prisa. Vivir en la warria.


La tele pública llega, David se pone frente a la cámara. La entrevista comienza mientras estudiantes y público en general van pasando a sus espaldas para ubicarse en el aula en la que él, Milanca y Loncon van a dar una clase abierta sobre sus obras y sobre la literatura mapuche actual en general. Será una charla que durante algo más de dos horas tendrá subsumido en la más plena atención a un público variopinto, que atenderá con especial interés la palabra de tres mapuche que no solo develarán aspectos de su propia poética, esa que desplegaron en la obra que estuvieron estudiando en la cátedra, sino que acercarán aspectos generales del azkintun (punto de vista, forma de las cosas) y el kimvn (conocimiento) mapuche que las personas de este pueblo nación viven en las fvta waria (grandes ciudades).


La conversación comienza minutos más tarde y el nuxam (ida y vuelta de la palabra) se abre sobre un concepto que Milanca acuña con entusiasmo -tanto así que una de sus obras lleva como título esa palabra- pero que los tres comparten como postulado social y político: la xampurria (se pronuncia “champurria”) término que se ha hecho bastante popular en pu we che ke che (las juventudes) mapuche del oeste de la cordillera. Autopercibirse y definirse como xampurria implica admitir que se es mapuche en la actualidad y que se está atravesado por un mestizaje de sangre y por ende cultural en el que el resultado final es reconocer que se es mapuche por sobre la hibridación que el transcurrir de los siglos ha efectuado sobre los territorios y las personas. Puede sonar complicado para quien se asoma por primera vez al concepto, pero artistas como el ayekafe (músico) Luanko lo explican muy bien con frases bien cortitas y precisas. En su canción “Xampurria” dice, por ejemplo: “soy xampurria de molfvñ (sangre), pero mapuche porque mantengo el feyentun (creencia espiritual y filosófica) y el kimvn (conocimiento), e inclusive apuesta a la apariencia física, esa que suele generar racismo en la gente reaccionaria de las ciudades, y dice con orgullo: “mi pelo chuzo no lo borra la modernidad” y la síntesis se asoma en el estribillo con fuerza clara y arrolladora: “(soy) xampurria de molfvñ, pero mi ser habla mapuzugun”



Dice el peñi (hermano) Javier Milanca: “ha pasado el miedo a que al término xampurria se lo considere como un insulto. Incluso hoy en día hay we che (gente joven) que se presenta a sí misma diciendo 'iñche ta (yo soy) mapuche xampurria´como parte de la historia de este acontecer mapuche”. La aclaración es necesaria, pues el término champurria parece tener una etimología galeica que se remonta a la Europa medieval y se utilizaba para denominar despectivamente a las personas mestizas, por lo general sujeta a ser despojada de derechos, que terminaban mezclando idiomas y culturas “puras” para hacer nacer su identidad a partir de esta mezcla.


Siglos y siglos más tarde el vocablo se ha radicado con fuerza en wallmapu (territorio mapuche) y pareciera que desde aquí, en el tercer decenio del siglo veintiuno, se yergue como orgullo xampurria. Así como la comunidad afroamericana de EEUU tiene una pulseada actual para apropiarse de manera positiva del término “nigga” o los referentes sociales y artísticos de los conurbanos sudamericanos del término “negros”, el pueblo mapuche urbano viene pidiendo pista para ser xampurria con orgullo.


Por todo esto en la poesía de los tres visitantes hay una propuesta política que queda atravesada por ese mestizaje que tiene como resultante ser mapuche. Y toda esta mezcla, que parece naturalmente desordenada, acomoda la obra. Al menos Milanca confiesa claramente: “el lenguaje cotidiano es la herramienta que más utilizo, me sirve para ordenarme, para planificar algunas cosas, aunque la poesía no sea planificar”, dice.


Y de esta innovación lingüística que irrumpe en estas obras de poesía, música y prosa mapuche contemporánea, que mezcla la coa (el lunfardo chileno) al oeste de la cordillera y el lunfardo argentino del lado este, nace una pequeña revolución que Dante Loncon lee así: “cuando se piensa en revolucionar desde el idioma hay que tener en cuenta esto de no volverse crípticos” dice, y asegura que hay que valerse y tener en cuenta las notas al pie que se le puedan ir dejando a las personas que leen, sobre todo cuando se habla de cosas importantes, como el feyentun, o la territorialidad.


Parece que para quienes expresan desde el mapuche azkintun (punto de vista o forma mapuche) es importante reflexionar a quiénes se les escribe. Hay una forma de visualizar a quién va dirigido lo que se está escribiendo “porque está pensado desde lo mapuche, pero va dirigido a todo el mundo” dice Milanca en el aula de la UNCo. Y el poeta reconoce que, inclusive, siempre está presente una tensión que no es complaciente, ni amable, ni mucho menos. Menciona entonces la “imprecación”, esa herramienta retórica que parece insulto o palabra agresiva porque sí, pero es apelación a la reflexión. Dice Milanca que en sus obras “hay una gran imprecación, porque los poetas chilenos -a diferencia de los argentinos- son grandes imprecadores, porque la poesía argentina es bonita, a mi me encanta eso, pero al poeta argentino lo detiene mucho el momento. Pero la poesía chilena es una gran imprecadora” y parece que los mapuche guluche vienen -montados en el espíritu de mezcla de la xampurria- bien montados en esa línea. Y esto, claro está, no es una decisión estética, es una decisión política.


Entonces la rispidez y la ironía que trae este ejercicio del imprecar dentro del lenguaje poético xampurria se convierte en una de las herramientas más necesarias para que la letra entre: “manejamos el registro de la ironía, con la ironía tambien podemos hacer nuestro weichan (lucha) -asegura Milanca- recreamos el lenguaje de las calles y lo llevamos al terreno de la ironía, mezclándolo con un 'lunfardozugun' que es una forma de revelarse contra un orden institucional que muchas veces nos oprime”


Pero en este ejercicio del kexolelan (no quedarse mudos) las y los poetas mapuche también levantan la voz de la ternura, y en medio de la weichan (batalla) que suele ser un texto poético mapuche, la ternura -ese condimento tan utilizado por el común de las y los poetas universales- se resignifica. Dice Loncon: “Los poetas tienen una esencia desde donde captan a partir de la sensibilidad algo que para el resto pasa desapercibido. Y probablemente el poeta rescata, reserva o salva estos detalles y a partir de esa materia contruye sus versos. Y mucho de eso tiene que ver con la ternura -para bien o para mal- que te expone al dolor, o que hace que tu seas capaz de amortiguar tu propio dolor, o para cobijar a otros. No se si todos los poetas trabajaran de la misma manera, no creo, porque algunos apuestan más por el odio que por el amor, es algo posible y legítimo, pero lo principal es que el poeta capta y pone en palabras lo que otros no captan, algo que después captan todos cuando ya está escrito”. Clarísimo ¿verdad? Miren si no es una buena piedra para construir bases la ternura, que hasta un documental apelando a su newen (fuerza) han estrenado hace muy poco:



David Aniñir, quizás el más directo e imprecador de los tres poetas, da a entender que no todo es ternura u odio, hay varios gen (espíritus, fuerzas guías) que podrían colarse en la escritura mapuche actual: “Traemos con nosotros el poyewun, por ejemplo” asegura y habla de la manera de amar como la entiende el pueblo mapuche, que es transversal: “está presente en todos los seres humanos, porque los únicos que no son gente de la tierra -y esto es como una distinción- son los marcianos”, dice Aniñir. Desde allí entiende el poeta que en cualquier parte del mundo- porque en todo el planeta hay árboles, plantas, diversidad- se puede rescatar el poyewun como herramienta, pero es imposible dejar afuera al odio “porque lo hemos padecido, desde la conquista, pasando por la pacificación de la araucania o la campaña del desierto”, asegura.


Es solo cuestión de entrar al Museo de La Plata y pasearse por los depósitos llenos de cráneos, orejas y cabelleras mapuche, por ejemplo, para observar que el odio también es una herramienta.


El amor, la ternura, la fuerza indiscutible del odio, la necesidad de la reacción, la impronta de la reflexión, el motivo inapelable por la persistencia en la memoria ancestral, la ciudad de hoy, el kimvn de siempre. Todo convive.



Dice Dante Loncon que quien expresa su ser mapuche en la actualidad y lo hace -como él, que es profesor- desde la historia, desde la cronología, puede sentirse fuerte porque “como pueblo tenemos una visión de la historia bien propia, que va desde los tiempos del territorio sin wigka (hombres blancos europeos), el abya yalla de los indígenas, como le dicen algunos al continente sin colonizar -reflexiona en el aula Loncon- y esa primera conquista para nosotros los mapuche no fue triste, porque nosotros le ganamos al invasor, y no pudieron conquistar nuestros territorios. Nosotros ganamos esa batalla contra los invasores, y podemos sentirnos orgullosos de esto, sentir orgullo por nuestros ancestros”


Todo esto posiciona a las personas mapuche y a las sociedades en general que quieran reflexionar para tratar de entender la actualidad viva de un pueblo. Hay elementos nítidos para el análisis entendiendo aquello, como lo plantea la línea de pensamiento que propone Loncon, que esa primera invasión colonial pasó feroz por los territorios de este continente y el triunfo del pueblo mapuche se levantó por sobre la invasión, y vivió en sus territorios en libertad y autonomía, porque derrotaron a españoles (y al oeste de la cordillera y al sur del Bio Bio a holandeses y alemanes también). Todo esto pone en perspectiva el siguiente acontecimiento histórico, que llegó dos siglos más tarde que el primero: “el peor momento para nosotros”, dice el profesor y poeta Dante Loncon: la segunda mitad del siglo XIX, “la invasión del estado argentino y el estado chileno a nuestros territorios”, allí donde los ancestros mapuche apostaron a que el wigka (hombre blanco occidental) vuelva a ser derrotado, “pero ahora ya estaban las armas a repetición de por medio”, analiza Loncón, y también denota en su charla aquellos procesos por los que el peublo mapuche fue “humillado y estafado”, eso son los términos que el profesor elige para dar cuenta: “Todos lo procesos políticos horribles que vivimos como pueblo -afirma, seguro- todas esas desgracias con las que nos castigan hasta el día de hoy”. Por todo esto vuelve sobre la clase de la cátedra de literatura hispanoamericana de la UNCo y destaca que es importante que “cuando escribimos aportemos el dato histórico desde nuestro kimvn (conocimiento)” porque eso, asegur Loncon es lo que da eln cable a tierra para decir: ¡estos son los argumentos! y que “no sea solo una poesía que ande por el aire, una poesía que sea meramente linda y feliz”


El paso de los poetas por el territorio de Xawvn Ko ka Fiske Menvko (hoy llamado Alto Valle de Río Negro y Neuquén) dejó presencia de los tres, acompañados del ayekafe (músico) Pedro de Piedra, que musicalizó cada encuentro que se dio en esta gira, incluyó clases abiertas en la UNCo y presentaciones de los cuatro en diferentes centros culturales independientes y bares de la región con una propuesta de puesta en escena de la poesía y nuxam (circulación de la palabra en conversación con el público) que dieron en llamar “Los delirios de Xeng Xeng y Kai Kai”, que son las dos serpientes que -en el más conocido mito fundacional mapuche- dieron origen al balance de la existencia tras una pelea épica que se narra en un epew (cuento, contada) que no desaparece -ni mucho menos- a través de los siglos.


Dicen los cuatro que escriben y se expresan porque hay que comprometerse. Lo pone en palabras precisas en el aula de la facu de humanidades el otro profe y poeta, Javier Milanca, quien suelta a la audiencia: “El compromiso social y la obra están en un mismo lugar, porque escribir es estar en la trinchera. Por lo menos en la poesía mapuche -y en el arte mapuche en general- la cosa es así, nuestro arte es un wexuwe (boleadora) con la que nos defendemos. Se pintam se canta y se escribe desde una trinchera, desde un lugar. La escritura mapuche es uno de los tantos piquetes que hay en contra del sistema que oprime”


Allí pareciera que se posiciona con fuerza el xampurria que se siente orgulloso. Todo esto muestra varias cosas, pero por sobre todo dos: que esa fuerza cultural es la de un pueblo vivo y en crecimiento hacia el crecimiento de sus propias raíces. La segunda cosa es que la escritura tiene que ser política, sino no tiene ningún sentido: “¿conocen a algún poeta mapuche de derechas?” pregunta imprecador Loncon al auditorio, y sonríe como un niño maldito.

Javier Milanca Olivares: Nació en Valdivia, en 1970. Escritor mapuche williche que vive en la ciudad de Los Lagos, Provincia de Valdivia, Región de Los Ríos. Es profesor de Historia y Ciencias Sociales, además de Educador Intercultural para la Educación Básica. Escritor, poeta, músico, cantor y artesano. En el 2009 se adjudica una Beca de Creación Literaria otorgado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. El año 2016 obtiene el Premio Nacional Mejor Obra Publicada en la categoría cuento con su libro XAMPURRIA somos el Lof de los que no tienen Lof. Escribe en castellano y mapudungun, y realiza charlas sobre poesía y cultura mapuche en diversos centros de estudio, universidades y colegios de centroamérica y la región Andina.


Dante Loncon: Dante Pavez Loncon, profesor de estado en historia y geografía, y gestor literario. Es nacido y criado en Wallmapu, Padre Las Casas. Escribe poemas y relatos desde su juventud. Ha participado constantemente en actividades culturales y literarias en la ciudad de Padre las Casas y Temuco. Su quehacer artístico y cultural autodidacta se consolidó en la Ufro, durante los años 90 y principios de los 2000. Ha diseñado e impartido talleres y diversos cursos de escritura y lectura. Ha participado en concursos y eventos literarios, también publicado en revistas locales y digitales, de forma individual y colectiva. Fue seleccionado y obtuvo menciones honrosas en concursos y publicaciones universitarias entre el 1998 y 2002, también fue publicado en la 1° edición del cuarto puente literario en 2015, participo en publicaciones digitales en Perú y México, (2019-2021). Últimamente (2021-2023) ha sido publicado en 3 versiones del concurso "Araucanía en 100 palabras", organizado por la "Fundación Plagio" que posee cobertura nacional.


David Aniñir Guilitraro: Nació en Cerro Navia, Santiago de Chile, en 1971. Gestor cultural y poeta. Ha participado en diversas acciones de promoción identitaria. Sus iniciativas han desplazado el formato poético a otras plataformas de expresión performática-audiovisual-musical: “Mapurbe: debajo del asfalto” (2009); “Kalül Trawün” (2012), “Los hijos de los hijos” (2016); Katrilewfu y AD Mapul (2018) junto a Pedro de Piedra y otros artistas. Ha realizado grabaciones con bandas musicales e intervenciones públicas. Parte de su obra poética se ha publicado en textos escolares y es estudiada en ámbitos académicos. Mapurbe, concepción estética y poética de identidad mapuche contemporánea, se acuña a los nuevos registros culturales del pueblo mapuche.

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